Dentro de unos día en México se cumplirán 40
años de la matanza de la Plaza de Tlatelolco acontecida el 2 de
octubre de 1968 en la Ciudad de México. En un primer vistazo a
los acontecimientos acaecidos entonces, bien pudiera pensarse que ese tipo de
acciones son apenas vestigios de un pasado lejano y que una acción de esas
características, con la impunidad que la acompañó en su día, sería hoy
impensable. No obstante, basta con enredar en algunas de las más recientes
maniobras represoras contra los movimientos sociales mexicanos, para constatar
que, a veces, el pasado y sus estrategias represivas tienen demasiado que ver con
un presente que demanda poner fin a la impunidad de quienes taxativamente
abusan del poder. Y en eso México no es una excepción.

(Monumento a las víctimas del 2 de Octubre de 1968 en Tlatelolco)
Estoy seguro que el próximo día 2 de octubre la
plaza de Tlatelolco estará rebosante de representantes de las más altas
instituciones mexicanas. Todos intentarán rendir un homenaje a las víctimas de
la represión organizada desde la presidencia de Gustavo Díaz Ordaz. Intentarán
escenificar que hoy una acción de tal calibre es impensable en el contexto que
vive el país. Pero nada más lejos de la realidad, ya que muchos de los que buscarán
salir en la foto del 40 aniversario de la matanza todavía no han abierto la
boca, por ejemplo, para condenar la abusiva sentencia que hace apenas unas semanas fue
impuesta al líder campesino de Atenco Ignacio del Valle. Quien, según las
diferentes comisiones internacionales de Derechos Humanos, fue condenado en un
juicio plagado de irregularidades por el Juez Penal de Texcoco, Alberto
Cervantes Juárez, a 45 años de
prisión (que se suman a los 67 años de otro proceso que ya enfrentó igual de
irregular); al tiempo que los activistas políticos: Juan Carlos Estrada
Romero, Óscar Hernández Pacheco, Narciso Arellano Hernández, Alejandro Pilón
Zacate, Jorge Alberto y Román Adán Ordóñez Romero, Pedro Reyes Flores, Inés
Rodolfo Cuéllar Rivera, Édgar Eduardo Morales Reyes y Julio César Espinoza Ramos
fueron condenados a 31 años, 10 meses y 15 días de cárcel.
Y es que esta es la realidad de la política
mexicana (e insisto que en esto México no es una excepción, ni muco menos). Quien
condena la represión del pasado lo hace con la intención de buscar con descaro
salir en la foto, mientras que quien condena la represión del presente, por lo
general, se ve de nuevo reprimido.
En un interesante artículo publicado en la
edición especial de la revista Proceso con motivo del 40 aniversario de la
matanza de Tlatelolco de 1968, la periodista y escritora Denise Dresser cuestiona
seriamente el pasado y el presente de México. Inicia el texto en cuestión con
una serie de preguntas demoledoras: “¿qué pasaría si hoy se repitieran los
eventos del 2 de octubre de 1968? ¿Qué ocurriría si al hijo de cualquier lector
lo acribillaran mañana en la calle? ¿Cómo respondería el sistema jurídico en
estos tiempos? ¿Qué tipo de investigación emprendería el ministerio público?
¿Cuál sería el comportamiento de la Suprema Corte de Justicia de la
Nación de la PGR? ¿Qué posición asumiría la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y su
titular, José Luis Soberanes? ¿Qué tipo de cobertura la darían las televisoras
al caso? ¿Acaso el andamiaje institucional actual reaccionaría ante la
impunidad de manera distinta a como lo hizo entonces?”
Y continua su artículo poniendo nombres y
apellidos a más de uno: “Allí están los
rostros desfigurados, sus narices rotas, sus ojos amoratados, sus familiares
desesperados. Aunque Miguel Nazar Haro lo niegue, aunque Luis de la Barreda lo
haya logrado eludir, aunque Luis Echeverría no quiera reconocerlo, aunque
Ulises Ruiz haya logrado escabullirse, aunque la fiscalía especial para
Movimientos Políticos y Sociales del pasado haya fracasado, aunque los
responsables de Atenco no hayan pagado un precio por lo que provocaron.”(…)”Personajes
impunes, progenitores de la desconfianza, patrones de la trampa, emblemas de la
nación, faros de la mentira e iconos de la República. Protagonistas del país
que reproduce lo más criticable del pasado, una y otra vez”

La impunidad campa a sus anchas y ni siquiera
aquellos países que hoy mantienen fuerte lazos culturales, históricos y
económicos con México, es el caso del Estado español, muestran el mínimo interés
en manifestar su repudio. También en los sucesos de Atenco, en mayo de 2006,
hubo ciudadanos españoles que fueron víctimas de violaciones por parte de cuerpos
de la PGR. Y desde la embajada, así como por parte de la prensa española, no se
puso ningún interés por dar un mínimo de atención a las víctimas. No tengo duda
de que para el gobierno español lo importante es salvaguardar los convenios
comerciales o geoestratégico con México. El problema es que con demasiada
frecuencia nos hacen pensar que desde España sólo se quiere el desarrollo y el
progreso altruista con la “simpática” región Latinoamericana mediante acuerdos
de cooperación internacional.
Quizá sea el momento de conocer bien que a costa de silenciar la brutalidad organizada
desde el poder, nuestras queridas autoridades mantienen relaciones con
gobiernos que practican la represión sobre amplios sectores de la población. Habrá
que estar muy atentos a todos los que intenten salir en la foto del aniversario
de la matanza de la Plaza de Tlatelolco (al igual de los que salieron en la
foto del 68 parisino, madrileño…), porque entonces será el momento de recordar
junto con Dresser que “la impunidad
persiste a 40 años del 68 porque nunca ha sido verdaderamente combatida.”