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lunes, 08 de septiembre de 2008

Se cumplen 40 años del movimiento estudiantil mexicano. Pues sucede que también en México 1968 se revela como un punto de inflexión en la Historia de la segunda mitad del siglo XX. Para la ocasión, distintas instituciones del Distrito Federal han organizado un programa de actividades con el objetivo de “rendir un verdadero homenaje al espíritu libertario que definió un gran movilización que propicio diversos cambios en el conocimiento que la sociedad tenía de sí misma.” (sacado del programa general de actividades). Y este viernes fue el turno de para el carismático escritor mexicano Carlos Monsiváis.

                    
                       (Carlos Monsiváis 1938)


La conferencia, impartida por quien puede ser considerado el más destacado cronista del México moderno, se centró en rastrear el modo en que aquel espíritu contestatario que impregnó la vida social, político y cultural de México en 1968, fue retomada y sirvió como inspiración para quienes protagonizaron otros momentos claves de la más reciente historia mexicana. En este sentido Monsiváis presentó el movimiento social del 68 como un intento pionero de las clases populares por abrir un diálogo de tú a tú con las autoridades gubernamentales. La erosión acumulada por el régimen del PRI a finales de los años sesenta, hizo posible la articulación de distintas luchas en un mismo frente que terminó por alcanzar una sólida organización en las principales casas de estudio de la Ciudad de México.

Las protestas entonces se centraron en dos aspectos: la reivindicación del respecto a los Derechos Humanos y la apertura de un régimen político que hasta el momento se había mostrado incapaz de dar una respuesta a los graves problemas del país. Si bien, este movimiento lejos de abrir el tan necesario diálogo entre las autoridades gubernamentales y las clases populares fue frenado en seco por una clase política que apostó  por la represión y la sangre como vía única para la resolución del conflicto. La matanza del 2 de octubre en la plaza de Tlatelolco se convierte desde entonces en un estigma para posteriores movimientos políticos, sociales y culturales que continuarían en su empeño por transformar la realidad de México.


No es de extrañar, en palabras de Carlos Monsiváis, que después de 1968 un sector importante de los movimientos sociales optara por la vía violenta como única fórmula capaz de enfrentar el sistema represivo construido desde gobernación. La mayoría de quienes integraron estos grupos de resistencia armada fueron precisamente estudiantes de la UNAM y otras grandes universidades capitalinas que ubicaron su lucha en distintas provincias del país.

No será, en suma, hasta 1985 cuando de nuevo la Ciudad de México vea resurgir parte del espíritu del 68 como consecuencia del terremoto que sufrió la metrópoli en ese mismo año. La sociedad civil mexicana aparecerá en este fecha como la única fuerza capaz de organizar las labores de rescate y atención de heridos y afectados por la catástrofe. Ante la parálisis gubernamental y la incapacidad de las autoridades para dar una respuesta rápida y eficaz, fue la sociedad civil organizada la que en última instancia  atendió con prontitud y destreza a los más necesitados y consiguió suplir la patética respuesta del Gobierno. En pocas semanas llegó a participar casi un millón de personas en las redes sociales. A todos ellos les animaba el hecho de sentirse parte de esa sociedad civil. La gran notoriedad de este movimiento en comparación con el protagonizado  por los estudiantes en 1968 es que ya no se trató tanto de buscar un diálogo con el gobierno para dar salida a un problema, sino que se apostó por romper con el monólogo del poder establecido.

Otro momento del que participaron con fuerza muchos de quienes estuvieron en las movilizaciones del 68 fue la campaña para la presidencia del país liberada por Cuauthemoc Cárdenas. 1988 supuso la participación de cientos de miles de personas con el objetivo compartido de sacar al PRI del poder. El posterior fraude electoral, con caída del sistema incluido, supuso un nuevo golpe para muchos de los movimientos sociales que vieron como el nuevo PRI con Carlos Salinas de Gortari a la cabeza, ponía en funcionamiento toda la maquinaria del partido con la única intención de dar continuidad al aparato político, económico y social que permanecía en el poder desde décadas atrás. No obstante, como se ha preocupado en señalar Monsiváis, resultó que ciertos sectores que participaron activamente del 68 mexicano vieron en Salinas de Gortari la oportunidad de un cambio desde dentro, lo que les llevó a participar de algunos de los más sonados programas políticos gubernamentales de los años noventa, tal fue el caso del PRONASOL.

Si bien, ya en la década de los noventa, el llamada espíritu del 68, encuentra su reflejo en el nuevo frente abierto para la lucha social por las ONG´s, las cuales, por lo menos en sus inicios, supusieron un espacio donde volcar muchas de las frustraciones acumuladas por activistas y trabajadores sociales.

En definitiva, esta conferencia impartida en el Centro Cultural Universitario de Tlatelolco, desvela un rastreo inteligente por el reguero de lucha que con el paso de las décadas ha dejado el pionero movimiento social encabezado por los estudiantes de la Ciudad de Méxicio en 1968. Aunque, bien es cierto, que en este repaso presentado por Carlos Monsiváis se echó de menos la mención de esas otras luchas que desde entonces han conseguido también rememorar el espíritu de las movilizaciones de finales de los sesenta; me refiero especialmente al caso de los neo-zapatistas de Chiapas. Y tengo la sensación de que el olvido de Monsiváis tiene algo de intencionado, ya que tras las primeras simpatías que le causara la propuesta del EZLN pareciera hoy algo irritado por el hecho de que los zapatistas se enfrentaran a la candidatura de López Obrador para la presidencia en 2006. De hecho, en algún momento de la conferencia el propio escritor mexicano ha insinuado que también en la resistencia pacífica de quienes siguen apoyando a López Obrador en su proyecto político hay mucho de eses espíritu estudiantil del 68, y ahí creo que es donde Monsiváis se equivoca.

22:36 | gestionado por Jon Igelmo Zaldívar | Enviar comentario (2)