Los ricos siempre han cambiado
más de casa que los pobres. La búsqueda constante de un hogar mejor, más
moderno, ha sido una constante de quienes más dinero atesoran en las distintas
sociedades. Y esa misma fórmula es aplicable en el estudio de las construcciones
monacales. Así, aquellas abadías que aunaban el control de grandes extensiones
de territorios con fuertes vínculos con las esferas de poder, difícilmente
mantenían sus construcciones primeras. Un caso paradigmático es el Monasterio
de Oña. El aspecto que hoy presenta su Iglesia, su sala capitular o su claustro
sólo es entendible a la sombra de este razonamiento.
Este martes se cerró el tercer día del
Curso de Verano “Los comienzos de Oña” y fue un día de visitas. Gracias al
profesor de la Universidad Rey Juan Carlos, Félix Palomero Aragón, nos
adentramos al estudio de las más antiguas construcciones del Monasterio de San
Salvador, para después conocer la Iglesia románica de Escóbados de Abajo.
Observando el trazo de las piedras de estas obras, leyendo sus verdades y sus
engaños, es posible reconstruir parte de la historia de estas edificaciones y
también abrir muchos interrogantes cuyas respuestas quedarán siempre
enterradas.
En el caso del Monasterio de San
salvador de Oña, al recorrer los cien metros que mide la iglesia uno tiene la
sensación de caminar por más de diez siglos de arquitectura castellana. En la
entrada los dos muros del siglo XI que franquean la puerta principal nos
despiertan la imaginación y nos hablan de lo que algún día pudo ser el centro
monástico románico. Dos pequeñas ventanas son testigos del estilo
arquitectónico que terminaría teniendo una fuerte influencia en buena parte del
románico castellano. También el muro norte (el que da al actual cementerio)
esconde parte de la historia más remota del Monasterio. En la cicatrices del
muro se intuye la imponente torre que se derrumbara ya en el siglo XIX y que en
sus tiempo fuera utilizada como sacristía.
Sobre este esqueleto románico del
que apenas quedan unas ventanas y unos trazos en el muro, con el tiempo, se
fueron acoplando estructuras góticas, renacentistas y barrocas hasta conformar
el actual aspecto que presenta la Iglesia. Y lo mismo ocurre con el claustro y
la sala capitular. Ambas construcciones en su origen románicas hoy apenas dan
algunas pistas de su aspecto anterior. Si bien, el claustro, en la actualidad,
tiene la presencia de una elegante obra gótica, mientras
que en la sala capitular sirve de espacio para lo poco que queda de una de las
obras más impresionantes de románico burgalés, me refiero a la imagen románica
de la “Última cena” de una belleza impresionante.

(aspecto actual del claustro del Monasterio)
Pero la jornada también tuvo el
viaje que antes señalaba a la iglesia de Escóbados de Abajo. Un edificio
románico de proporciones de gran belleza, especialmente en su muro Norte. Una
construcción que, sin duda, nos da claves de gran ayuda para entender la
influencia que Oña tuvo en su entorno, y también la gran pureza del románico
que se expandió por Castilla y que tenía como referencia el Monasterio de San
Salvador. Además, esta pequeña excursión ha supuesto una buena oportunidad para
atravesar el valle de Caderechas, un hermoso rincón del norte de Burgos.
Por cierto que este tercer día
del Curso de Verano también ha contado con algunas conferencias que merecen ser
destacadas. Es el caso de la participación de Magdalena Ilardia Galligo que ha
presentado la charla titulada: “Las formas y el mundo románico del entorno de
San Salvador de Oña” y de Ignacio Ruiza Vélez con su ponencia: “La arqueología
en los alrededores de Oña”.
Mención especial merece la
participación de Julio Escalona Monge, que con la conferencia “Castilla ante el
umbral del año 1000; territorialidad y relaciones de poder” ha presentado todo
un ejercicio de deconstrucción de las fuentes históricas tradicionales y
también una invitación a la desmitificación de un periodo intencionalmente
mitificado en los siglos posteriores. Con su participación considero que se ha
revindicado la necesidad de iniciar investigación que parta de una visión
crítica de los acontecimientos históricos y que se aleje de ese tufillo
místico-legendario-patriótico que generalmente contamina la realidad propia de
un momento histórico tan trascendente. Para tal fin, como ha señalado el propio
Julio Ecalona, quizá sea una buena idea empezar a buscar restos arqueológicos
no tanto en los grandes templos religiosos, sino más bien en las pequeñas
aldeas medievales que esconden una parte de la Historia que por ahora permanece
sin ser estudiada en profundidad.
Curso de Verano: “Los comienzos de Oña” (primer día)Curso de Verano: “Los comienzos de Oña” (segundo día)Curso de Verano: “Los comienzos de Oña” (cuarto y último día)