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viernes, 01 de agosto de 2008

Los ricos siempre han cambiado más de casa que los pobres. La búsqueda constante de un hogar mejor, más moderno, ha sido una constante de quienes más dinero atesoran en las distintas sociedades. Y esa misma fórmula es aplicable en el estudio de las construcciones monacales. Así, aquellas abadías que aunaban el control de grandes extensiones de territorios con fuertes vínculos con las esferas de poder, difícilmente mantenían sus construcciones primeras. Un caso paradigmático es el Monasterio de Oña. El aspecto que hoy presenta su Iglesia, su sala capitular o su claustro sólo es entendible a la sombra de este razonamiento.


Este martes se cerró el tercer día del Curso de Verano “Los comienzos de Oña” y fue un día de visitas. Gracias al profesor de la Universidad Rey Juan Carlos, Félix Palomero Aragón, nos adentramos al estudio de las más antiguas construcciones del Monasterio de San Salvador, para después conocer la Iglesia románica de Escóbados de Abajo. Observando el trazo de las piedras de estas obras, leyendo sus verdades y sus engaños, es posible reconstruir parte de la historia de estas edificaciones y también abrir muchos interrogantes cuyas respuestas quedarán siempre enterradas.

En el caso del Monasterio de San salvador de Oña, al recorrer los cien metros que mide la iglesia uno tiene la sensación de caminar por más de diez siglos de arquitectura castellana. En la entrada los dos muros del siglo XI que franquean la puerta principal nos despiertan la imaginación y nos hablan de lo que algún día pudo ser el centro monástico románico. Dos pequeñas ventanas son testigos del estilo arquitectónico que terminaría teniendo una fuerte influencia en buena parte del románico castellano. También el muro norte (el que da al actual cementerio) esconde parte de la historia más remota del Monasterio. En la cicatrices del muro se intuye la imponente torre que se derrumbara ya en el siglo XIX y que en sus tiempo fuera utilizada como sacristía.

Sobre este esqueleto románico del que apenas quedan unas ventanas y unos trazos en el muro, con el tiempo, se fueron acoplando estructuras góticas, renacentistas y barrocas hasta conformar el actual aspecto que presenta la Iglesia. Y lo mismo ocurre con el claustro y la sala capitular. Ambas construcciones en su origen románicas hoy apenas dan algunas pistas de su aspecto anterior. Si bien, el claustro, en la actualidad, tiene la presencia de una elegante obra gótica, mientras que en la sala capitular sirve de espacio para lo poco que queda de una de las obras más impresionantes de románico burgalés, me refiero a la imagen románica de la “Última cena” de una belleza impresionante.


     (aspecto actual del claustro del Monasterio)

Pero la jornada también tuvo el viaje que antes señalaba a la iglesia de Escóbados de Abajo. Un edificio románico de proporciones de gran belleza, especialmente en su muro Norte. Una construcción que, sin duda, nos da claves de gran ayuda para entender la influencia que Oña tuvo en su entorno, y también la gran pureza del románico que se expandió por Castilla y que tenía como referencia el Monasterio de San Salvador. Además, esta pequeña excursión ha supuesto una buena oportunidad para atravesar el valle de Caderechas, un hermoso rincón del norte de Burgos.

Por cierto que este tercer día del Curso de Verano también ha contado con algunas conferencias que merecen ser destacadas. Es el caso de la participación de Magdalena Ilardia Galligo que ha presentado la charla titulada: “Las formas y el mundo románico del entorno de San Salvador de Oña” y de Ignacio Ruiza Vélez con su ponencia: “La arqueología en los alrededores de Oña”.

Mención especial merece la participación de Julio Escalona Monge, que con la conferencia “Castilla ante el umbral del año 1000; territorialidad y relaciones de poder” ha presentado todo un ejercicio de deconstrucción de las fuentes históricas tradicionales y también una invitación a la desmitificación de un periodo intencionalmente mitificado en los siglos posteriores. Con su participación considero que se ha revindicado la necesidad de iniciar investigación que parta de una visión crítica de los acontecimientos históricos y que se aleje de ese tufillo místico-legendario-patriótico que generalmente contamina la realidad propia de un momento histórico tan trascendente. Para tal fin, como ha señalado el propio Julio Ecalona, quizá sea una buena idea empezar a buscar restos arqueológicos no tanto en los grandes templos religiosos, sino más bien en las pequeñas aldeas medievales que esconden una parte de la Historia que por ahora permanece sin ser estudiada en profundidad.

Curso de Verano: “Los comienzos de Oña” (primer día)

Curso de Verano: “Los comienzos de Oña” (segundo día)

Curso de Verano: “Los comienzos de Oña” (cuarto y último día)


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