Paulo Freire estableció cinco fases para la
elaboración práctica del método de alfabetización. Método donde el peso de la
propuesta residía en su preparación y no tanto en la aplicación. De tal forma,
el trabajo de investigación liderado por los coordinadores de debate y los
propios equipos de investigación tenía una importancia significativa en el proceso.
El trabajo de campo debía ser minucioso y ciertamente preciso, siendo para tal
fin necesaria una inversión de tiempo fuerte.

(Portada del libro de Paulo Freire
Educación como práctica de la libertad, 1967, donde expone buena parte del proceso metodológico de la alfabetización concientizadora)
Así, en primer lugar se trabajaba la
obtención de universo vocabular donde era clave el trabajo de los equipos de
investigadores o coordinadores de debate. Para Javier Echeverría (Escuela y concientización, 1974, p. 81
Editorial Zero) este primer paso se configuró de tal forma que “[…] a partir de
de la verbalización «salvaje» (el coordinador
del debate) debe destacar las palabras y los temas más cargados de
contenido existencial, que tendrán, por tanto, una resonancia cultural profunda
y que revelarán además los deseos, las frustraciones, las esperanzas de quienes
las pronuncian. Es decir, se trata de detectar y recoger el «material»
lingüístico con mayores posibilidades concientizadoras.”
Aunque como puntualizó Freire, en esta
primera etapa no sólo se recogían los vocablos con un sentido existencial y
emocional, sino también aquellos típicos de pueblo que estaban fuertemente
ligados a la experiencia de los grupos. Utilizando la entrevista como
herramienta principal los investigadores iniciaban sus visitas al
campo de trabajo con actitudes comprensivas frente a los sujetos que
observaban. En este sentido, “la única dimensión que se supone deban tener los
investigadores en este marco en el cual se mueven y el cual se espera que se
haga común con aquel de los hombres cuya temática buscan investigar, es la de
la percepción crítica de su realidad, que implica un método correcto de
aproximación de lo concreto para desvelarlo” (Freire, Pedagogía del oprimido, 2002, p. 138, Siglo XXI).
Según Freire (Pedagogía del oprimido, 2002, p. 139) a esta primera etapa
correspondía un trabajo extenso:
Esta descodificación de lo vivido implica,
necesariamente, que los investigadores, a su vez, sorprendan el área en
momentos distintos. Es necesario que los visiten en horas de trabajos en el
campo; que asistan a reuniones de alguna asociación popular, observando el
comportamiento de sus participantes, el lenguaje usado, las relaciones entre
directorio y socios, el papel que juegan las mujeres, los jóvenes. Es
indispensables que la visiten en horas de descanso, que presencien a sus
habitantes en actividades deportivas; que conversen con las personas en sus
casa, registrando manifestaciones en torno a las relaciones marido-mujer,
padres-hijos; en fin, que ninguna actividad, en esta etapa, se pierda en esta
primera comprensión del área.
La segunda etapa, por su parte, correspondió
a la selección del universo vocabular. Resultando fundamental para iniciar este
segundo paso que los investigadores llegaran a la aprehensión del conjunto de
contradicciones a partir de los datos recogidos en el trabajo de campo. Estas
contradicciones, entonces, se presentaban como el sustento básico para la
selección posterior de las palabras generadoras. Para este fin se establecieron
tres criterios: la riqueza fonética, las dificultades fonéticas y el valor
pragmático en relación al nivel de implicación de la palabra con la realidad
social, cultural y política.
Un tercer paso se situó en la creación de
situaciones existenciales típicas del grupo con que se va trabajar. Se
presentaban situaciones–problemas a los grupos con la intención de que,
mediante el debate, se descodificara el concepto antropológico cultural que
arrastraba cada situación existencial. A partir de situaciones locales, además,
se abrían nuevas perspectivas que permitía analizar problemas nacionales y
regionales. Para cada situación se colocaban vocablos generadores, según sus
dificultades fonéticas, que podían incluir la totalidad de una situación.
Raimundo G. Barros (La educación
¿utilitaria o liberadora? 1971, p. 79 Editorial Marsiega) explicó la forma
en que operaban Freire y su equipo para el trabajo de las situaciones
existenciales:
Cada una de estas situaciones se representa en una
pintura o dibujo. Así la primera situación, que pretende excitar la curiosidad
del analfabeto y trata de hacerle distinguir el mundo de la naturaleza y el de
la cultura representa un hombre sencillo. En torno suyo seres de la naturaleza
(árboles, sol, suelo, pájaros…) y objetos de la cultura (casa, pozo, vestidos,
instrumentos de trabajo…), una mujer y un niño. Con la ayuda de un animador se
entabla un prolongado debate. Por medio de preguntas sencillas, tales como:
¿Quién ha hecho el pozo?, ¿para qué lo ha hecho?, ¿cómo lo hizo?, ¿cuándo?,
preguntas que se repiten en relación con los diferentes elementos de la
situación, surgen dos conceptos básicos: el de «necesidad» y el de «trabajo» y
la cultura se explica en el primer nivel, el de la sustancia.
En cuarto lugar se trabajó la construcción de
fichas que ayudaran a los coordinadores en su trabajo. Eran simples apoyos para
los coordinadores y se utilizaban bajo la condición de no convertirse en una
prescripción rígida que se debiera utilizar fielmente. Por su parte, la fase
quinta consistía en la preparación de nuevas fichas con la descomposición de
las familias fonéticas que correspondían a los vocablos generadores. Finalizado
este quinto paso comenzaba el trabajo de alfabetización propiamente dicho:
Cuando el grupo haya agotado, con la colaboración del
coordinador, el análisis (descodificación) de la situación dada, el educador
pasa a la visualización de la palabra generadora; para la visualización y no
para su memorización. Luego de visualizarla, establecido el vínculo semántico
entre ella y el objeto a que se refiere y que se presenta en la situación, se
ofrece al educando el otro slide,
cartel o foto en el caso del stripp-film,
la palabra, sin el objeto nombrado. Después se presenta la misma palabra separada
en sílabas, que generalmente el analfabeto identifica como “trozos”.
Reconocidos los “trozos” en la etapa del análisis, se pasa a la visualización
de las familias fonémicas que componen la palabra en estudio.
El punto crucial del proceso trabajado por
Freire se ubicó en el hecho en sí de que los participantes de los debates en
los “círculos de cultura” se descubrieran como creadores de cultura mediante la
transformación de la naturaleza. Al tiempo que manifestaban su poder de
creación, de decisión, de intervención, se veían limitados por el hecho de ser
analfabetos. No se decía al analfabeto que lo era, resultando que el analfabeto
se convertía en un sujeto activo del proceso educativo al tomar conciencia de
su propia situación.
Un acercamiento a la metodología para la alfabetización de Paulo Freire (Cap. I) .Un acercamiento a la metodología para la alfabetización de Paulo Freire (Cap. II) .Un acercamiento a la metodología para la alfabetización de Paulo Freire (Cap. IV) .