Si hubiera que destacar una aportación
evidente de Freire para quienes piensan hoy la educación,
ésta es la metodología elaborada y llevada a la práctica para la alfabetización
de adultos en la región latinoamericana. En este sentido, Paulo Freire inició
en 1961 una labor de gran calado como consecuencia de sus trabajos dentro del
Movimiento de Cultura Popular de Recife. Gracias a la consolidación de un equipo
humano multidisciplinar ligado al Servicio de Extensión Cultural de la
Universidad de Recife y con el apoyo y cobertura ofrecida por el Gobierno de
Goulart, inició un ambicioso proyecto para la alfabetización de campesinos del
Nordeste de Brasil.

Un contexto político cambiante, así como una
realidad social en transición, hicieron posible concebir una práctica de la
alfabetización que rompiera con las estructuras pedagógicas formales
establecidas. No se trató tanto de priorizar los contenidos sobre el educando,
o el educando sobre los contenidos, más bien se trató de trabajar con el pueblo
como principio pedagógico que Freire (La
educación como práctica de la libertad, 1977, p. 97, Siglo XXI) llevó a su
máxima expresión: “Confiamos siempre en el pueblo. Negaremos siempre las
fórmulas dadas. Afirmamos siempre que tenemos que cambiar junto a él, y no sólo
ofrecerle datos.”
Entonces, situado el pueblo en el punto de
mira de la propuesta pedagógica freiriana, se inició toda una tarea de
construcción metodológica que partió del rechazo frontal de cualquier propuesta
mecánica de alfabetización. Se pensó en “una alfabetización que fuera en sí un
acto de creación capaz de desencadenar otros actos creadores, en una
alfabetización en que el hombre, no siendo su objeto, desarrolle la
impaciencia, la vivacidad, característica de los estados de estudio, la
invención, la reinvención” (La educación
como práctica de la libertad, 1977, p. 100, Siglo XXI).
El objetivo para la alfabetización popular
quedó establecido: intentar una educación que fuera capaz de colaborar con el
pueblo en la indispensable organización reflexiva de su pensamiento. Para tal
fin se trabajó en una propuesta metodológica que aunó tres puntos básicos.
Primero, un método activo, diagonal y crítico. Segundo, una modificación del
programa educacional; y en tercer lugar, el uso de técnicas como la reducción y
la codificación. Estos tres pilares claves para la metodología de la
alfabetización liberadora, fueron abarcados, según Freire, en la medida en que
se apostó por la superación de la comprensión ingenua o mecánica de la realidad
en favor de un desarrollo de la comprensión crítica. Bajo esta concepción
antropológica de la cultura, se trabajaron como elementos trasversales de la
alfabetización la distinción entre dos mundos, el de la naturaleza y el de la
cultura. La práctica educativa se centró en un proceso de descodificación
crítica de la realidad.

Para quienes se iniciaron en la
alfabetización, el punto de partida no estuvo en la memorización mecánica de
símbolos y gráficos consecuencia de la acción educativa “bancaria”; el inicio
se situó en la descodificación de situaciones “codificadas” seleccionadas por
los “coordinadores de los debates”. Como explicó Freire, estas situaciones
posteriormente eran discutidas dentro de los “círculos de lectura” y los
“centro de cultura” que, al tiempo, se convirtieron en el armazón institucional
sobre el que se sostenía el “Proyecto de Educación de Adultos”. La
concientización para Raimundo G. Barros (La
educación ¿utilitaria o liberadora?, 1971, p. 77, Editorial Marsiega) fue
introducida en el seno de los círculos de lectura y se presentó como el “modo
de ayudar al hombre a realizar su voluntad ontológica, a insertarse en la
construcción de la sociedad y la dirección del cambio social”.
Un acercamiento a la metodología para la alfabetización de Paulo Freire (Cap. I) .Un acercamiento a la metodología para la alfabetización de Paulo Freire (Cap. III) .Un acercamiento a la metodología para la alfabetización de Paulo Freire (Cap. IV) .