Doy inicio a un conjunto de post
que van encaminados a precisar (y ampliar) algunas de las reflexiones presentadas
en la comunicación para el III Encuentro Edublogs: “Universidad, conocimiento
pedagógico y los Blogs”. La intención es no sólo continuar el debate en torno
al peso que las nuevas tecnologías (especialmente las derivadas de la web 2.0)
tienen dentro del campo académico universitario de la pedagogía, sino también
poner sobre la mesa la tesis central presentada en mi participación en el
encuentro, esto es: hoy quienes están liderando la innovación pedagógica que se
deriva de la aplicación de las herramientas tecnológicas en los procesos de
enseñanza aprendizaje son los maestros de infantil, primaria y secundaria, al
tiempo que los docentes (me refiero especialmente a los del campo científico de
la pedagogía y psicopedagogía) de nuestras queridas universidades han quedado
rezagados en la aplicación de las herramientas tecnológicas en el desarrollo de
su actividad docente e investigadora.
Tomando esta tesis como punto de referencia da inicio un conjunto de reflexiones que en este primer post intentarán realizar un acercamiento genealógico desde la pedagogía a la relación histórica entre la Universidad y el conocimiento. Así, cabe mencionar que quizá hoy las instituciones universitarias y su rol social, pueden ser consideradas como uno de los legados más relevantes que la cultura occidental comparte con gran número de las sociedades y culturas conocidas. Su capacidad como institución para encontrar un lugar de cierta trascendencia, ha permitido a la Universidad ser interpretada y resignificada dentro de las más diversas composiciones y estructuras sociales. Las Universidades no sólo son consideradas como los espacios fundamentales para la construcción del conocimiento, sino que además son percibidas como instituciones donde depositar la esperanza en nuevos conocimientos y nuevas formas de acceder y participar de los mismos.
La aparición de los primeros centros universitarios fue consecuencia del volumen de conocimientos acumulados en un espacio y tiempo concretos. Los antiguos monasterios, dedicados exclusivamente a la conservación del conocimiento, fueron rebasados por una nueva institución que ampliaba esta relación con el conocimiento para iniciarse en un proceso de transmisión del mismo.
Con el tiempo, aquel modelo universitario consiguió adaptarse paulatinamente a las diferentes culturas que vieron en estas instituciones un modelo de organización provechoso para la conservación, transmisión y generación de nuevo conocimiento. Nacía entonces la Universidad Moderna que se distinguía de los centros medievales en su faceta investigadora. La transformarción y la generación de nuevo conocimiento pasaba a ser una tarea propia de la Universidad, y para tal fin, se iniciaba toda una nueva estructuración de los centros de educación superior. Aparecían entonces las facultades, los departamentos, la división de los campos de conocimiento…El conocimiento fue, a su vez, creciendo en estructuración.
En la actualidad, y como consecuencia posiblemente del desastroso siglo XX, a la Universidad del siglo XXI, se le exige, además de las funciones propias de la Universidad Moderna, un compromiso social con la realidad. Y el problema es que los centros de educación superior, en este momento histórico, han encontrado por primera vez dos elementos que vienen a significar una competencia para las que otrora fuera tareas propias de la Universidad. Así, las TICs (especialmente las herramientas tecnológicas que se derivan de la web 2.0) y las empresas poseen la infraestructura necesaria para la conservación, la transmisión y la generación de nuevo conocimiento. Eso sí, con la característica propia de que a ninguna de las dos, TICs y empresas, se les exige por parte de la opinión pública, en principio, un compromiso con la realidad social (sobre este tema no profundizaré ya que nos llevaría a todo un análisis no sólo de los intentos fallidos por controlar Internet, sino también del sistema capitalista poco preocupado en que las empresas tengan un compromiso social con la realidad social).

En resumen, son dos las diferencias básicas entre aquellos centros universitarios que se configuraron en las ciudades medievales y los centros de educación superior de la actualidad. En primer lugar la relación que quienes participaban en estas instituciones tenían con el conjunto de la sociedad, ya que hace siglos los únicos beneficiados por el estudio era la propia comunidad académica. Y segundo, la competencia que para el quehacer universitario supone hoy el mundo de las TICs (y la empresa). Y digo competencia, sí, puesto que considero que si bien es cierto que en algunas ocasiones las TICs son utilizadas como una herramienta más al servicio de la comunidad universitaria, por ahora las TICs en la mayoría de los casos sólo están siendo utilizadas para hacer lo que ya se hacía cuando estas no existían (lo que antes se mandaba a repografía ahora se cuelga en una plataforma virtual y punto). Pero tiempo tendremos estos días veraniegos de ampliar esta cuestión…baste por el momento lo presentado.
Parte II; La web 2.0 como posibilidad para la renovación del
quehacer del docente universitario