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lunes, 09 de junio de 2008

Sin duda, ésta es una de las preguntas más importantes que subyace en el debate en torno al Plan Bolonia para las Universidades. De hecho, hoy, en un interesante artículo de opinión publicado en El País titulado "Sí a Bolonia, pero no así", el rector de la Universidad Complutense amaga con poner esta cuestión sobre la mesa.

 


Ante las últimas decisiones de la ANECA (Agencia Nacional de Evaluación, Calidad y Acreditación), y quizá en respuesta a los recientes roces de ésta con la CRUE (Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas), Carlos Berzosa señala hoy en El País que: “Hemos vuelto a caer en el vicio de este país, que es crear burocracia, solicitar datos absurdos, algunos de ellos incluso en contra de la autonomía universitaria, y no ir a la verdadera esencia de lo que debe ser un plan de estudios”.

 

Según el Rector,  ha sucedido que en este proceso han primado las cuestiones administrativo-burocráticas respecto de las académicas, o lo que es lo mismo, el sistema y sus tentáculos burocráticos han terminado por hacer de la universidad un aparato a su servicio.  Y eso es cierto, aunque en parte, ya que es preciso hacer algunas matizaciones. Pues sucede, creo yo, que eso no siempre ha sido así en estos casi diez años transcurridos desde que el proceso de Bolonia diera sus primeros pasos. Y mucho tiene que ver en todo esto la dejadez de los cargos de poder de las universidades y especialmente de los Rectores.

 

Así, al inicio del proceso parecía que el debate en torno a las cuestiones académicas que podían derivarse de la reforma académica iba ganando terreno sobre el resto de cuestiones. Es más, muchos docentes y estudiantes veían en el plan una oportunidad para dar un cambio definitivo a muchas de las dinámicas y vicios que seguían campando por las universidades españolas.

 

Si bien, en los últimos años, o más bien en los últimos meses, un vicio todavía más español se ha colado en el proceso: la improvisación. Y por parte de quienes controlan al capital (no excluyo a los partidos políticos) se ha visto la oportunidad de meter mano entre tanta confusión, lo que ha derivado en un intento de cambio que no cambie nada, pues son estas instancias de poder las primeras interesadas en que el proceso de Bolonia no pase de ser un ejercicio de maquillaje y simulación y no vaya más allá.

 

Y ante esta incapacidad de la comunidad universitaria, muy bien representada, en este sentido sí, por la CRUE, de defender un cambio necesario en el funcionamiento académico de las instituciones universitarias, el cambio ha derivado en lo que precisamente vienen denunciando las asambleas de agrupaciones y colectivos de estudiantes y que Carlos Berzosa recoge en su artículo: “Los detractores de este proceso lo acusan de querer privatizar la universidad pública, de mercantilizarla, de degradar los títulos universitarios y de querer supeditar la universidad a los intereses del mercado”.

 

Y más adelante añade: “Los peligros que señalan (los detractores) son reales, pero también creo que no deben ser imputables a Bolonia, sino que son el resultado de las actuales tendencias sociales y de la creciente globalización dominada por el mercado, que afectan negativamente a la universidad”. Para terminar concluyendo que se inclina “por no aceptar estoicamente designios divinos irrefutables”. Aunque, eso sí, lo dice ahora que prácticamente ya no queda tiempo para debatir (en septiembre todo debe quedar armado) la nueva configuración de las facultades y de los títulos de grado y postgrados que éstas impartan. Como si en los años anteriores no hubieran tenido tiempo para organizar un debate profundo donde las universidades elaboraran con detenimiento sus planes de estudio, así como el debate de los distintos métodos docentes que tuvieran cabida en esta nueva estructura.

 

De tal forma, parece que en este tiempo, y en cierta medida, como consecuencia de la dejadez de quienes fueron elegidos para dirigir las universidades, el sistema ha conseguido hacer de la universidad una institución a su servicio. Y con el rodillo burocrático ya girando a una velocidad considerable parece que será difícil que la voz de rectores como el de la Universidad Complutense puedan ser escuchadas precisamente ahora que ya nadie tiene tiempo para escuchar.

 

En suma, lo que también queda claro es que esa tradición tan española (casi deporte nacional) de los estudiantes de no pegar ni brote durante los primeros meses del semestre y meterse un atracón de apuntes (tomados por otro, por supuesto) en los días anteriores al examen, de alguien ha sido aprendida. El problema es que en el caso de los rectores y de las autoridades universitarias, todo apunta a que este atraco de debates y reflexiones de última hora va a suponer un suspenso histórico que ya veremos si tiene vuelta atrás (aunque algunos igual y piden un nuevo examen para la recuperación de septiembre, tiempo al tiempo).

10:35 | gestionado por Jon Igelmo Zaldívar | Enviar comentario (0)