Es curioso observar la forma en que algunas de las propuesta educativas que
lanzara Friedman no sólo tuvieron muy buena acogida entre lo sectores más
conservadores que veían en la liberalización de la educación un negocio
atractivo, sino que también tuvieron una influencia destacada entre quienes, en
la década de los años sesenta y setenta, pensaban la educación desde los
posicionamiento más radicales. El propio Ivan Illich en su libro La sociedad desescolarizada de 1971 (2006,
p. 195, Fondo de Cultura Económica), convenía en que “un sistema lógico de
recortar el presupuesto (en educación) y, sería de esperar, de aumentar sus
beneficios, consistiría en unos sistemas de becas escolares como el propuesto
por Milton Friedman y otros.”

Si bien la crítica
que con más fundamento que se le puede hacer a Friedman gira en torno al poco
desarrollo que su estudio ofrecía de las consecuencias que se podrían derivar
de su propuesta educativa. Al situar su punto
de partida en una economía de mercado en la que la competencia entre las
distintas opciones educativas habría de mejorar su calidad, no tuvo en cuenta que éste posiblemente sería
el paso definitivo hacia la privatización no sólo de la acción educativa que él
planteaba, sino también del derecho a la educación.
Situación que
puede ser analizada desde lo ocurrido en el caso de las países que se han
subido al carro del desarrollo y del liberalismo de mercado, y que ha visto
como muchos de los servicios públicos han terminado siendo gestionados por empresas
privadas que han demostrado, sobre todo en los últimos años, una indiferencia
escalofriante ante las problemáticas y las prioridades sociales de cada región.
Y todo sin que la calidad de los servicios, ni los precios de los mismos, haya
mejorado notablemente, más bien todo lo contrario.

(Milton Friedman junto con su esposa Rosa y George W. Bush)
No obstante, resulta
curioso observar como Friedman se labró un prestigio y un reconocimiento por
sus trabajaos en el campo de la educación, cuando, en realidad, sus reflexiones
educativas no van más allá de un artículo y unas cuantas entrevistas en medios
de comunicación. Y tampoco es que su propuesta fuera ciertamente profunda, más
bien todo lo contrario, ya que no pasaba de tener un fin económico y poco más. No
en vano Friedman no era un pedagogo, ni quería serlo, lo más probable es que
sólo viera en la educación un área más de la economía que podía ser
liberalizada.
En este
sentido no debe sorprende que en el contexto del Estado Español, entre los
sectores más conservadores y reaccionarios de la derecha partidista, aparezca
la figura de Friedman como la de un garante de las libertades individuales y de
un carácter casi contestatario frente a las medidas proteccionistas de los
aparatos del Estados. Así, como reacción a la nueva materia de Educación para
la Ciudadanía desde los sectores más conservadores se ha comenzado a
promover un movimiento de objeción de conciencia fundamentado en el “cheque
escolar” propuesto por Friedman.
Milton Friedman y el “cheque escolar” (Cap. I)