La nueva estructura ministerial presentada por Zapatero determina que en los próximos cuatro años las Universidades irán por un lado y el sistema escolar por otro. El nuevo ministerio de Ciencia e Innovación se queda con las Universidades. Se dice que la mano de Miguel Sebastián, recien nombrado ministro de industria y persona del entorno cercano del presidente, está detrás de esta nueva ubicación de las instituciones universitarias. Aunque de momento el giro orquestado desde el gobierno deja muchas dudas sobre las verdaderas intenciones de esta maniobra.
Las lecturas que se puede hacer de esta nueva ubicación de las Universidades son diversas. En mi opinión, sin duda, mucho tiene que ver todo esto con el hecho de que en los próximo cuatro años los centros españoles tengan que lidiar con una de las reformas más sustanciales –tan sustanciales (insustanciales para otros), como incomprendidas- de los últimos años. Ahí está la fecha del 2010 mucho más cerca de lo que muchos pensaban y las universidades españolas tienen el compromiso de iniciar para entonces su integración al Espacio Europeo de Educación Superior (EEES).
En este sentido, bien podría decirse que muchas de las críticas que en estos últimos años se han realizado al EEES se ven confirmadas. La fusión de la investigación, tanto la empresarial como universitaria, quizá sólo sea el presagio de un futuro donde la línea que separe ambos campos sea casi inapreciable. La investigación, en este futuro no muy lejano, sólo será viable en la medida que ésta sea rentable en términos económicos.
Ahora bien: ¿En la universidad sólo se investiga? Creo no desvelar ninguna novedad si digo que obviamente no. O casi mejor dicho: ni mucho menos. Ya que para empezar las universidades, hoy por hoy, son instituciones conformadas principalmente por alumnos y profesores, y quienes investigan casi exclusivamente son o bien los docentes o bien los escasos alumnos que apuestas por iniciar una carrera investigadora. Para el resto de la comunidad universitaria la investigación poco influye en su paso por la Universidad y siendo sinceros, poco importa.
Entonces una nueva pregunta es precisa: ¿Donde queda ahora el rol educativo y social que corresponde, o correspondía, a las Universidades? Pues la verdad que no queda muy claro. Con la nueva ubicación de las universidades parece que el gobierno lo que está buscando es una rentabilidad práctica de los centros universitarios. La formación de ciudadanos parece quedar cubierta con las asignaturas que se impartirán en la educación secundaria y en el bachillerato, pues pareciera que en la Universidad de lo que se tratara es de formar ciudadanos rentables. Los buenos ciudadanos para la educación obligatoria y los rentables para la superior.
Si bien, todo esto sólo desvela una realidad: cada día es más complicado maniobrar en el campo de la educación. Como casi todo ya está probado, cualquier giro o golpe de timón orquestado desde la política sólo desvela las intenciones que se esconden detrás de los grandes proyectos que pretenden seguir reformando los sistemas educativos. Además la improvisación que reina en la configuración de los nuevos proyectos para la formación pública de los ciudadanos es total. Un partido como el PSOE que en su programa electoral apenas menciona nada en relación a las universidades y los cambios que deberán afrontar en los próximos cuatro años, rompe con la ubicación ministerial de las universidades en un momento tan señalado como el actual.
Quizá lo peor de todo sea que mientras desde el gobierno se apuesta por esta separación entre la educación secundaria y la superior, la realidad demuestra que cada vez más los primeros años de las carreras universitaria se parecen más a un bachillerato que a una facultad. Me han contado el caso de padres que acompañan a sus retoños cuando tienen que hacer su matrícula en la universidad y también se han dado situaciones esperpénticas de padres que van con sus queridos vástagos a reclamar la nota de un examen al despacho de un profesor. No tardará la universidad, al paso que vamos, en hacer reuniones de padres de los alumnos del primer ciclo.
No sé si me equivoco al vislumbrar que en los próximos años el ya famoso “grado” de la reforma europea va a terminar incluso por configurarse a modo de un “bachillerato II”. Quien sabe. De momento desde el gobierno más bien se opina lo contrario; la universidad está más cerca de las empresas que de la educación obligatoria. Observar la distancia que en el futuro separará la formación ofrecida por los “grados” y por los “postgrados” en el EEES nos ayudará a entender todo esto.