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miércoles, 19 de marzo de 2008

El último grito en metodologías didácticas para los procesos de enseñanza-aprendizaje viene de Nueva York: “Cobrar por sacar buenas notas”. Según aparece en la edición digital del periódico El País del lunes: “Ésta es una de las polémicas medidas que desde septiembre pasado ha puesto en marcha el Ayuntamiento de Nueva York para estimular en sus estudios a los estudiantes de educación primaria y secundaria”.


La verdad que la noticia no tiene desperdicio. Al parecer se trata de un ambicioso proyecto ideado por un economista de la Universidad de Harvard, un tal Robert M. Fryer. A la propuesta ya “se han acogido 58 colegios públicos y cuenta con dos millones de dólares (1,27 millones de euros) para los próximos dos años”. Además, según explica al periodico Debra Walker, portavoz del Departamento de Educación de la ciudad de Nueva York, "El programa se centra en los niños de ocho y 11 años.(…) La idea es premiarles con cinco (3,19 euros) o 10 dólares (según la edad) por acudir a los exámenes de inglés y matemáticas y darles hasta 20 (12,78 euros) o 40 dólares (25,42 euros), según los resultados que consigan",

Vamos, que al final va a resultar que ya no será necesario discutir si las escuelas preparan a sus alumnos para el consumo, o no. La discusión queda finalizada con la entrada del capitalismo en las aulas. Ahora hasta las notas se podrán vender y comprar. Ya me estoy imaginando un aula de una escuela con sus propias clases sociales. Con unas relaciones de poder en función del capital que cada niño consigue cuando llegan las notas. Con sus tráfico de influencias, su corrupción, sus mafias, con la extorsión al maestro, …

¿Se imaginan realmente un aula de niños de diez años motivados por el beneficio económico que pueden sacar de su rendimiento escolar? Y si resulta que esto funciona… ¿no será el remedio contra los resultados de los afamados informes de la OCDE? En este sentido el razonamiento de quienes aplican el programa en Nueva York no va desencaminado: "Yo no abogo por los incentivos sino por la innovación. Hasta ahora lo hemos probado todo para que los niños estudien y no ha funcionado. Este programa es un experimento pero es esencial estar abiertos a nuevas ideas y observar los resultados"

Lo que está claro es que esto del aprendizaje escolar cada día es más complicado. Hace siglos que los jesuitas se propusieron cuantificar los conocimientos y poner un número en función de los contenidos asimilados por cada alumno. ¡Los números eran tan útiles para la selección de los mejores! Y después de mucho tiempo resulta que no, que lo mejor es soltar la tela y pagar unos dólares a quien mejor aparente saber la lección.

En definitiva parece ser que también se quiere llevar a las aulas, al más puro estilo de Bill Clinton, el grito de: ¡Es la economía, idiota! Todo un invento para la pedagogía del siglo XXI. ¿A dónde llegaremos con estas prácticas? Pues posiblemente no muy lejos de donde ya estamos, y eso es triste.

Por cierto, se me olvidaba, de momento el proyecto se financia con dinero de la fundación Rockeffeler para evitar protestas…

 

4:50 | gestionado por Jon Igelmo Zaldívar | Enviar comentario (0)