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lunes, 17 de marzo de 2008

Continuamos con el repaso del pensamiento de este intelectual peruano y presentamos a continuación el segundo capítulo dedicado al repaso de su obra. Su cercanía a la metodología concientizadora de Paulo Freire, así como el diálogo abierto con teóricos de la desescolarización como Ivan Illich centrarán el trabajo.

      


La lectura de la realidad de Bondy coincidió, a grandes rasgos, con la de Paulo Freire. El autor peruano planteó que para explicar el fenómeno propio de la filosofía hispanoamericana (ver Cap. 1) resultaba indispensable retomar conceptos como los de subdesarrollo, dependencia o dominación. La filosofía latinoamericana, según Bondy, fue impuesta en primer lugar por el conquistador español de acuerdo con los intereses de la corona y la Iglesia. Más adelante fue un pensamiento subsidiado por la clase dirigente de las élites oligárquicas refinadas de influencia económico-político extranjeras.

En suma, la superación de la filosofía impuesta fruto de la dominación estaba relacionada con la posibilidad de un cambio histórico trascendental que permitiera construir una filosofía auténtica. El problema estaba en esperar pasivamente que este cambio histórico llegara a la región, en lugar de actuar a favor de un movimiento de asunción y superación de la negatividad histórica. La filosofía que había que construir no podía ser una variante más de las concepciones del mundo que correspondían a los centros de poder, que, a su vez, permanecían ligados a los intereses y metas de estas potencias. Más bien (¿Existe una filosofía de nuestra América Latina?1968 p. 126):

Una buena parte de la tarea que tiene por delante nuestra filosofía es destructiva. Porque debe ser una conciencia canceladora de perjuicios, mitos, ídolos, una conciencia apta para desarrollar nuestra sujeción como pueblos y nuestra depresión como seres humanos; en consecuencia, una conciencia liberadora de las trabas que impiden la expansión antropológica del hispanoamericano que es también la expansión antropológica de la especie.

Así, este empeño por derribar perjuicios, mitos e ídolos que habitaban en el pensamiento de América Latina, llevó a Bondy a un acercamiento a los movimientos más trasgresores de la segunda mitad del siglo XX. No es de extrañar que en los años sesenta y setenta entrara en contacto con la comunidad de pensadores asentados en el Centro Intercultural de Documentación de Cuernavaca. Como consecuencia de este encuentro posicionó su concepción de la pedagogía en relación con la corriente teórica de la desescolarización.

En el caso de Bondy, su postura al respecto quedó presentada tras su paso por México en su trabajo La educación del hombre nuevo: la reforma educativa peruana (1975). Coincidió con los teóricos de la desescolarización en su reclamo del uso público de todos los instrumentos educativos como elemento importante para liberar los medios de comunicación colectivos. Además, entendió que la desescolarización combatía de forma acertada el monopolio institucional de la enseñanza que poseía la escuela. En la medida que desescolarizar significaba extender el derecho a enseñar y a aprender a todas las instituciones, grupos, asociaciones y esfuerzos individuales y colectivos, Bondy concluyó que las desescolarización realizaba aportaciones significativas a los procesos de liberación y concientización en América Latina. 

No obstante, este autor detectó tres obstáculos no resueltos por los teóricos de la desescolarización. En primer lugar veía dificultades en la desescolarización cuando ésta se aplicaba con educandos que pertenecían a grupos de edad cercanos a la primera infancia. Asimismo, planteó un claro interrogante sobre las consecuencias que dentro de los procesos de transformación social podría conllevar una abolición total de las escuelas. Lo cual enlazó directamente con el tercer punto de su crítica, esto es, que la desaparición de las instituciones escolares podría devenir en un importante obstáculo para el inicio de una lucha de transformación de la comunidad.

En definitiva, la propuesta educativa de Augusto Salazar Bondy era más cercana a una pedagogía transformadora. La educación era un medio básico para la construcción de un pensamiento filosófico propio de la región iberoamericana que contribuyera definitivamente a la transformación social. La concientización del pueblo era el objetivo prioritario para la desmitificación de la realidad. Las estructuras escolares no sólo eran viables, sino que su reforma era necesaria dentro de una sociedad en proceso de cambio.

 

18:41 | gestionado por Jon Igelmo Zaldívar | Enviar comentario (0)