Por si el tema de la Educación para la Ciudadanía no hubiera sido lo suficientemente manoseado en los últimos meses, ahora resulta que una de las propuestas –que más bien parece una pirueta política– es la de impartir la asignatura en inglés. Según se puede leer en la edición impresa del periódico El País de este sábado: “Francisco Camps, presidente de la Comunidad Valenciana, (…) fue ayer más lejos que nadie al añadir a la objeción la iniciativa de ordenar que la asignatura se imparta en inglés”.

Sin duda, lo ocurrido con esta
asignatura en los últimos tiempos no deja de ser más que un claro ejemplo de la
forma en que la política puede llegar a entrar, como un elefante en una
cacharrería, en el campo de la educación. Y un reflejo, también, del cuidado que
debe tener la educación en el momento que pretende trabajar contenidos
políticos.
Con todo, merece la pena detener
la mirara en la forma en que esta nueva materia obligatoria ha sido debatida y
enfrentada desde los distintos posicionamientos políticos. Especialmente me
centraré en analizar la oposición que desde el Partido Popular se ha realizado
al respecto, ya que según entiendo, dos han sido los puntos sobre los que se ha
sustentado su negativa a la polémica asignatura.
En primer lugar se ha planteado
una negativa fundamentada en cuestiones morales. Se ha argumentado que el
Estado no puede invadir un terreno, como es la educación moral, que corresponde
a otras instituciones sociales como la familia o la Iglesia. Los contenidos
tendenciosos que el PP observa en el currículum de la asignatura han resultado
ser el argumento principal de esta campaña de descrédito de la materia en
cuestión. Aquí han jugado un peso importante los sectores más conservadores del
partido.
En este sentido, el problema no
es tanto el peso que pueda tener este argumento, que desde mi punto de vista
lo tiene, sino que todo esto lo diga el segundo partido político más importante de España.
¿Quién puede salir mejor parado de una educación obligatoria para la ciudadanía
que los grandes partidos políticos? ¿Qué mejor espacio para justificar la
“necesaria” labor de los partidos y la clase política que una asignatura
obligatoria en el currículum?
Lejos de aprovechar el filón que
puede sacarse de una asignatura como ésta, resulta que el PP la boicotea por
doquier. Según la noticia de El País “la
Comunidad de Madrid, ha decidido admitir la objeción de conciencia a esa
asignatura a la vez que ofrece a los alumnos que no quieran cursarla
actividades alternativas. Murcia dice que no ampara esa objeción, pero que
habilitaría aulas para objetores. Ayer, la Comunidad de Valenciana fue bastante
más lejos; amparará la objeción, ofrecerá actividades alternativas y, además,
impartirá la materia en inglés.”
Y aquí es donde entra en juego el
segundo de los puntos que sustenta la negativa del PP a la asignatura. Se ha
argumentado que la Educación para la Ciudadanía es contraria a la libertad de
elección de la formación que quieren recibir los estudiantes, o en su caso, los padres de los alumnos. Que el Estado
decida impartir un conjunto de contenidos sin que el educando tenga la
posibilidad de elegir si quiere asistir o no a esa clase, es, según el PP, un
atentado contra la libertad individual de cada quien. En este punto, son los sectores liberales, al más puro estilo de Milton Friedman,
los que han aportado este argumento. Dos organizaciones destacan en este
sentido: “hazte oir” y “cheque-escolar”
Llegado a este punto, ya no es que el
PP aproveche o no un filón, sino que más bien se mete en un terreno peligroso. Objetar
del curriculum de la enseñanza obligatoria es uno de los grandes vacíos que no contempla
la legislación española. Baste recordar que en la Constitución (artí. 27.4) sólo
se menciona que la enseñanza básica es obligatoria y gratuita. ¿Qué es una
educación básica? ¿Sigue siendo básica sin Educación para la Ciudadanía? ¿Y sin Matemáticas o Filosofía? Es más: ¿Puede darse una educación básica sin que un niño
pise una escuela?
Creo que el PP se está tirando
piedras contra su propio tejado en el tema de la Educación para la Ciudadanía en eso que busca el equilibrio entre su liberalismo tácito y su conservadurismo implícito. Si
bien, no seré yo, ni mucho menos, el que defienda esta asignatura, ese trabajo
ya lo han hecho hasta la saciedad los Peces Barca y Savater de turno. Sólo diré
que nadie puede estar más interesado que los propios partidos políticos en una
asignatura como ésta. Pues de lo contrario, al final, acaba sucediendo que al
introducirse algunos presidentes de ciertas Comunidades Autónomas en estas
arenas movedizas de la escuela y su obligatoriedad, más de uno termina haciendo
piruetas circenses para finalizar impartiendo en las escuelas valencianas los
principios de la Constitución española o de los Derechos Humanos en inglés.