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miércoles, 12 de marzo de 2008

En nuestras ciudades, cada vez con más frecuencia, se levantan nuevos y autodenominados centros culturales o espacios abiertos para la cultura. Al tiempo que cada vez es más difícil encontrar un lugar público donde compartir inquietudes culturales con quien te apetezca. En el caso Madrid la última inauguración de este tipo de construcciones, anunciado o bombo y platillo, ha sido el edificio de “Caixa Forum Madrid”. Ahora bien, si nos atenemos a lo que sucede en estos recintos, así como a las actividades que se desarrollan en su interior, cabe preguntarse: ¿éstos son espacios que enseñan o lugares donde aprender?


En mi opinión, los espacios que se autodenominan como culturales (sirva como ejemplo, la Casa Encendida de Caja Madrid, el recién estrenado recinto “Caixa Forum Madrid”,  el Círculo de Bellas Artes, los Centros Culturales del Ayuntamiento de Madrid o de la Comunidades de Madrid…) tienen poco de culturales y mucho de educativos. Me explico: en estos espacios lejos de ofrecerse un acceso amplio a la cultura, lo que se hace es seleccionar aspectos determinados de la cultura para los posibles interesados. Y eso es educar. Y el objetivo de la educación en enseñar algo a alguien.

Entonces, educar, según yo lo entiendo, es un intento de proporcionar, mostrar, enseñar, a las personas un carácter y unas costumbres particulares a partir de una selección de una parte de una cultura y en función de un interés. La educación se dedica a hacer una selección de la cultura, mientras que la cultura es libre.

Lo que sucede es que hoy, ante la crisis de los espacios que tradicionalmente se han encargado de esta labor (especialmente las escuelas), se han constituido otros espacios que con objetivos aparentemente distantes, han desarrollado una labor educativa mucho más eficaz. Con frecuencia se nos habla del efecto que tienen la televisión, Internet o lo videojuegos para la educación de los jóvenes. Ellos parecen ser los causantes de todos los males de la juventud. Y poco se dice de esos espacios que con un objetivo aparentemente cultural, y con unas intenciones a veces no muy claras, también educan, enseñan algo, aunque esta vez el objetivo son los adultos (quizá por eso no son tan criticados).

Baste un primer ejemplo, para un ciudadano de clase media que quiera ver una determinada película de los años setenta en una sala de cine, la oportunidad que le queda es esperar a que en uno de estos espacios se abra un ciclo de cine que contenga esa misma película y que los horarios de la proyección sean compatibles con el tiempo de ocio del interesado (ya puede esperar entonces…). Uno no puede ir al Círculo de Bellas Artes, por citar uno de estos centros, y decir que quiere ver esa película en cuestión. Porque en estos recintos la cultura ya está seleccionada, porque en ellos se enseña algo al público interesado. Se ofrece un producto a quien esté interesado en consumirlo.

Segundo ejemplo. Quiero disponer de un espacio donde comentar un libro con un grupo de personas interesadas en ese mismo tema. Hoy en los bares o cafeterías cada vez es más difícil hablar con la música tan alta y los ambientes tan cargados, y quiero reunirme en un lugar tranquilo y a la vez público, que me ofrezca unas mesas y unas sillas. Voy a un Centro Cultural y la empresa que lo gestiona me dice que ahí no se dan los espacios así como así, que si quiero proponer una actividad que lo ofrezca como un taller y que rellene los documentos necesarios. Porque en los Centros Culturales del Ayuntamiento o de la Comunidad de Madrid, tal y como funcionan hoy, sólo se puede ir a escuchar la voz de quienes son seleccionados para presentar sus libros o dar sus conferencias. Porque no están pensados para una comunicación horizontal. O te ciñes a lo que hay o no hay nada. Porque la cultura, aquí también, está seleccionada. Lo que se ofrece y por tanto lo que se enseña es ya educación.

 ¿Pero qué es entonces un espacio cultural? En mi opinión, es un lugar donde las herramientas (en su sentido más amplio, es decir, las técnicas desarrolladas por el hombre para la interacción con el medio y su interpretación) están dispuestas para el uso libre del público. Donde los espacios son ocupados por la gente y no por los programas educativos. Un lugar donde si me apetece reunirme con cierta tranquilidad puedo hacerlo en el momento que me apetezca y con quien me apetezca. Un lugar donde la herramienta cinematográfica esté a mi disposición y no yo a la disposición de la programación de la herramienta. Porque cuando las herramientas están a nuestro servicio se abre el terreno propio del aprendizaje libre en contacto directo con la cultura, que curiosamente, muy a menudo, muy poco tiene que ver con el de la enseñanza.

15:43 | gestionado por Jon Igelmo Zaldívar | Enviar comentario (5)