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lunes, 10 de marzo de 2008

Guaquitepec es una comunidad tseltal ubicada en el  municipio de Chilón, en el estado de Chiapas. En Guaquitepec viven más de dos mil indígenas a medio camino entre las altas montañas del sureste mexicano y las cañadas que abren la Selva Lacandona. Allí, hace 12 años, dio sus primeros pasos un novedoso proyecto educativo, cuyo resultado es hoy el Bachillerato Intercultural Bilingüe de Guaquitepec. Toda una referencia para las comunidades indígenas vecinas y también para quienes piensan y experimentan con nuevas formas de entender la educación escolarizada.


                                 
                    Instalaciones del Bachillerato Intercultural Bilingüe de Guaquitepec


Para acceder a Guaquitepec es necesario llegar hasta la ciudad de Ocosingo, ya a las puertas de la Selva Lacandona, y de ahí dirigirse rumbo a Chilón. Es posible que esta ciudad, Ocosingo, resulte más conocida al recordar que fue allí donde, en los primeros días de 1994, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, tras su levantamiento en armas, tuvo los enfrentamientos más encarnizados con el Ejército Federal mexicano. Ocosingo fue entonces el foco de las miradas de medio mundo, si bien todavía hoy es considerada una de las ciudades con más presencia zapatista del Estado de Chiapas.

En este contexto de fuerte significado político y social, la comunidad de Guaquitepec, con el apoyo de Patronato Pro Educación Mexicana y con la asesoría de pedagogos de la sociedad civil mexicana, ha conseguido levantar y mantener un bachillerato indígena a partir de una concepción innovadora del quehacer educativo.

Así, la primera característica que sorprende a quien visita el bachillerato es que se trata de un internado de carácter semipresencial. Si bien la escuela está equipada con dormitorios y comedores organizados a modo de un internado al uso, pues la mayoría de los estudiantes llegan de comunidades vecinas, l@s alumn@s sólo permanecen en las instalaciones una semana al mes. Durante esta semana su dedicación es exclusiva a las tareas del centro, y una vez finalizada, regresan a sus hogares para apoyar a sus familias en las tareas del hogar.

Gracias a esto, la dinámica escolar no rompe la vida en las comunidades, y no obliga a prescindir a las familias del trabajo de uno de sus miembros más allá de una semana al mes. Además l@s alumn@s se llevan numerosas tareas a sus casas, lo que les permite responsabilizarse de su propio aprendizaje.

 Asimismo, el bachillerato funciona gracias a un trabajo de autogestión por parte de l@s alumn@s. Así, en el espacio central del Bachillerato, son los propios estudiantes los que trabajan pequeñas parcelas de tierra. También, cada estudiante, sabe que cuando llega a la escuela para su estancia mensual debe llevar consigo un lote de alimentos para compartir en la escuela. El mantenimiento y la limpieza de las instalaciones también es responsabilidad de l@s alumn@s, si bien es cierto que en muchas ocasiones cuentan con la ayuda de algunas señoras de la comunidad que ofrecen su trabajo voluntario.

 Al poco de observar lo que ocurre en sus clases, se puede decir que el Bachillerato de Guaquitepec es un centro donde el conocimiento parte de la lógica de la tierra. En un mismo día de trabajo una alumna puede aprender a trabajar el cultivo del café, tomate o setas, y a la vez navegar en Internet o iniciarse como locutora de la recién creada radio del Bachillerato. La variedad de actividades que se realizan en el centro es sorprendente. Baste mencionar que también se está formando a grupos de trabajo en análisis clínicos, con un laboratorio en funcionamiento donde trabajan algunos jóvenes de la comunidad.

            Comunidad de Guaquitepec

 Otro aspecto a destacar es que uno de los principios del proyecto educativo consiste en alcanzar los conocimientos universales desde una lógica inductiva. En este sentido la vida en comunidad resulta el punto de partida del conocimiento. Por esta razón, una las prioridades para los equipos de educador@s está en subrayar el sentido de pertenencia a la comunidad de los estudiantes y de los contenidos a trabajar; con la intención de que los proyectos que se inicien en el Bachillerato tengan un impacto significativo para los habitantes del entorno.

Como resultado, el centro educativo ha conseguido no ser un elemento extraño a la comunidad, convirtiéndose en un espacio que, más bien, alberga una pluralidad política ejemplar en un contexto tan dividido como es el chiapaneco. Y aquí el carácter bilingüe del centro se ha rebelado en una característica central del proyecto. El aprendizaje del castellano en combinación con el tseltal es una constante en las actividades del centro y en ningún caso es observado como un obstáculo para las dinámicas pedagógicas.

Entre los elementos más criticables, cabe destacar el desequilibrio notable en cuestiones de género. Las alumnas, por lo general, tienen menos participación que los alumnos. También su participación es menor en las clases y en los trabajos y decisiones comunitarias. Además, todavía hoy existe cierta dependencia exterior, sobre todo de la sociedad civil, para el inicio de los proyectos que se trabajan en la escuela. De hecho. el centro desde su inicio ha estado dirigido por personas ajenas a la comunidad.

 Con todo, el mejor ejemplo de que la escuela funciona es que l@s propi@s alumn@s egresad@s se hacen cargo de los distintos proyectos que han ido consolidándose a raíz de los trabajos realizados en el Bachillerato. También son ell@s mism@s los que van adquiriendo más responsabilidad en la vida del centro, lo que fortalece la autogestión del espacio. Incluso algun@s estudiantes ya han conseguido iniciar sus estudios universitarios y han tenido la oportunidad de viajar a distintas ciudades mexicanas.

 

15:58 | gestionado por Jon Igelmo Zaldívar | Enviar comentario (19)