Guaquitepec es una comunidad tseltal
ubicada en el municipio de Chilón, en el
estado de Chiapas. En Guaquitepec viven más de dos mil indígenas a medio camino entre
las altas montañas del sureste mexicano y las cañadas que abren la Selva
Lacandona. Allí, hace 12 años, dio sus primeros pasos un novedoso proyecto
educativo, cuyo resultado es hoy el Bachillerato Intercultural Bilingüe de
Guaquitepec. Toda una referencia para las comunidades indígenas vecinas y
también para quienes piensan y experimentan con nuevas formas de entender la
educación escolarizada.

Instalaciones del Bachillerato Intercultural Bilingüe de
Guaquitepec
Para acceder a Guaquitepec es
necesario llegar hasta la ciudad de Ocosingo, ya a las puertas de la Selva
Lacandona, y de ahí dirigirse rumbo a Chilón. Es posible que esta ciudad,
Ocosingo, resulte más conocida al recordar que fue allí donde, en los primeros
días de 1994, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, tras su
levantamiento en armas, tuvo los enfrentamientos más encarnizados con el
Ejército Federal mexicano. Ocosingo fue entonces el foco de las miradas de
medio mundo, si bien todavía hoy es considerada una de las ciudades con más
presencia zapatista del Estado de Chiapas.
En este contexto de fuerte
significado político y social, la comunidad de Guaquitepec, con el apoyo de
Patronato Pro Educación Mexicana y con la asesoría de pedagogos de la sociedad
civil mexicana, ha conseguido levantar y mantener un bachillerato indígena a
partir de una concepción innovadora del quehacer educativo.
Así, la primera característica
que sorprende a quien visita el bachillerato es que se trata de un internado de
carácter semipresencial. Si bien la escuela está equipada con dormitorios y
comedores organizados a modo de un internado al uso, pues la mayoría de los
estudiantes llegan de comunidades vecinas, l@s alumn@s sólo permanecen en las
instalaciones una semana al mes. Durante esta semana su dedicación es exclusiva
a las tareas del centro, y una vez finalizada, regresan a sus hogares para
apoyar a sus familias en las tareas del hogar.
Gracias a esto, la dinámica
escolar no rompe la vida en las comunidades, y no obliga a prescindir a las
familias del trabajo de uno de sus miembros más allá de una semana al mes.
Además l@s alumn@s se llevan numerosas tareas a sus casas, lo que les permite
responsabilizarse de su propio aprendizaje.
Asimismo, el bachillerato
funciona gracias a un trabajo de autogestión por parte de l@s alumn@s. Así, en
el espacio central del Bachillerato, son los propios estudiantes los que
trabajan pequeñas parcelas de tierra. También, cada estudiante, sabe que cuando
llega a la escuela para su estancia mensual debe llevar consigo un lote de
alimentos para compartir en la escuela. El mantenimiento y la limpieza de las
instalaciones también es responsabilidad de l@s alumn@s, si bien es cierto que
en muchas ocasiones cuentan con la ayuda de algunas señoras de la comunidad que
ofrecen su trabajo voluntario.
Al poco de observar lo que ocurre
en sus clases, se puede decir que el Bachillerato de Guaquitepec es un centro
donde el conocimiento parte de la lógica de la tierra. En un mismo día de
trabajo una alumna puede aprender a trabajar el cultivo del café, tomate o
setas, y a la vez navegar en Internet o iniciarse como locutora de la recién
creada radio del Bachillerato. La variedad de actividades que se realizan en el
centro es sorprendente. Baste mencionar que también se está formando a grupos
de trabajo en análisis clínicos, con un laboratorio en funcionamiento donde
trabajan algunos jóvenes de la comunidad.

Comunidad de Guaquitepec
Otro aspecto a destacar es que uno
de los principios del proyecto educativo consiste en alcanzar los conocimientos
universales desde una lógica inductiva. En este sentido la vida en comunidad
resulta el punto de partida del conocimiento. Por esta razón, una las
prioridades para los equipos de educador@s está en subrayar el sentido de
pertenencia a la comunidad de los estudiantes y de los contenidos a trabajar;
con la intención de que los proyectos que se inicien en el Bachillerato tengan
un impacto significativo para los habitantes del entorno.
Como resultado, el centro
educativo ha conseguido no ser un elemento extraño a la comunidad, convirtiéndose
en un espacio que, más bien, alberga una pluralidad política ejemplar en un
contexto tan dividido como es el chiapaneco. Y aquí el carácter bilingüe del
centro se ha rebelado en una característica central del proyecto. El
aprendizaje del castellano en combinación con el tseltal es una constante en
las actividades del centro y en ningún caso es observado como un obstáculo para
las dinámicas pedagógicas.
Entre los elementos más
criticables, cabe destacar el desequilibrio notable en cuestiones de género.
Las alumnas, por lo general, tienen menos participación que los alumnos. También
su participación es menor en las clases y en los trabajos y decisiones
comunitarias. Además, todavía hoy existe cierta dependencia exterior, sobre
todo de la sociedad civil, para el inicio de los proyectos que se trabajan en
la escuela. De hecho. el centro desde su inicio ha estado dirigido por personas
ajenas a la comunidad.
Con todo, el mejor ejemplo de que
la escuela funciona es que l@s propi@s alumn@s egresad@s se hacen cargo de los
distintos proyectos que han ido consolidándose a raíz de los trabajos
realizados en el Bachillerato. También son ell@s mism@s los que van adquiriendo
más responsabilidad en la vida del centro, lo que fortalece la autogestión del
espacio. Incluso algun@s estudiantes ya han conseguido iniciar sus estudios
universitarios y han tenido la oportunidad de viajar a distintas ciudades
mexicanas.