Pues bien, después de haber
desglosado la propuesta educativa del programa del PSOE, es el momento de meter
el bisturí en el programa electoral del Partido Popular. Eso sí, no esperen
grandes sorpresas, ya que en cierta forma, la crítica que ayer lancé contra las
propuestas socialistas bien pudieran servir para abarcar las intenciones de los
populares. En fin, no sabemos si ya estamos en pleno fin de las ideologías,
pero podemos estar seguros de que las sempiternas “batallas por el centro”, han
terminado por descafeinar las campañas políticas hasta límites insospechados.
Por lo visto, casi es mejor dedicar el tiempo y el dinero a cuidar la imagen para los debates electorales (que si
corbata que combine con el color de los ojos, que si pelo teñido, que si bronceado primaveral…)
que a redactar un programa que se atengan a la dignidad del posible votante.
Pero vayamos al asunto, ya que el
PP si bien no se diferencia en lo esencial de la propuesta educativa
socialista, si deja algunas pinceladas que merece la pena poner sobre la mesa.
Así, su propuesta para la educación se presenta en el programa electoral dentro
del punto titulado “Proteger nuestro
modelo social”. Lo cual, en realidad, encaja a la perfección dentro del
discurso que se le supone a un partido conservador que busca el voto de quienes
observan con desconfianza cualquier propuesta de cambio o transformación
social, a pesar incluso de que el cambio ya esté en marcha.
Con todo, el PP no esconde sus
cartas y de forma decidida expone su objetivo principal para la educación de su
futuro gobierno, esto es: “conseguir uno de los mejores sistemas educativos”. Y
para alcanzar este objetivo parte de tres principios a partir de los cuales
organiza toda su propuesta: primero, la educación y la formación son la
principal política económica; segundo el sistema educativo contribuye a la
vertebración de España en la medida que mantiene unos contenidos básicos
comunes; y tercero, para una sociedad de vanguardia se requiere de una oferta
plural de instituciones educativas.
Y así quedan establecidos los
tres ejes de la propuesta del PP en educación: formación de capital humano,
homogenización de contenidos y libre competición entre instituciones
educativas. Todo lo cual da como resultado una propuesta que se sostiene y a su
vez camina sobre dos raíles paralelos: el liberalismo de inspiración financiera
en las formas y en conservadurismo rancio en el fondo.
En relación a las propuestas que se derivan de las formas
liberales del PP, resulta de interés mencionar la lectura que se hace de la
situación que viven los sistemas educativos hoy: “nuestro sistema educativo no
promueve la capacidad de aprendizaje permanente ni el manejo de los idiomas y la tecnología, básicos en una sociedad abierta y dinámica. Este problema
se ve agravado por el bajo nivel de
exigencia que lo preside” Y digo que es interesante porque, al plantear
problemas tan profundos de forma tan trascendente, pareciera que alguien como
Rajoy nunca fue nunca fue Ministro de Educación y Cultura con Aznar de
presidente.
Pero sigamos, ya que en el campo más propositivo del
programa también hay una fuerte inspiración liberal, donde destacan los
siguientes objetivos: estimular el reconocimiento social del profesorado, impulsar
la autonomía pedagógica y organizativa de las instituciones educativas,
fomentar la profesionalización de la
dirección y la gestión de los centros o dotar de la máxima flexibilidad
al sistema. Muy al estilo liberal inglés.
Pero como no podía ser de otra forma, la propuesta educativa
de los populares, tiende a mezclar su particular lectura de la realidad política
del país con las medidas que deben ayudar a mejorar la educación de la población
española en los próximos años. Aquí es cuando sale a relucir el fondo
conservador de su programa. Resultando que aboga por un tronco de contenidos
común en todo el país en los libros de texto, el establecimiento de pruebas
externas para una evaluación nacional homogénea, o la alusión a la asunción
plena de los valores y principios de la constitución, es decir, educación para
la ciudadanía, sólo en el punto dedicado a las medidas para la educación de la
segunda generación de inmigrantes.
Y respecto a la educación universitaria, sucede lo mismo
que le programa socialista. Las alusiones y propuestas son insignificantes si
se tiene en cuenta el momento histórico que vivirán estas instituciones en los
próximos años. Eso sí, el PP es más contundente a la hora de presentar sus
propuestas en materia de educación superior: las universidades deben ser
abiertas, pero sobre todo competitivas.
Se apuesta por dos grandes novedades dentro del panorama
universitario. Primero, se anuncia que se presentará un informe anual del nivel
alcanzado por cada universidad en determinados indicadores de calidad (no se
explica cuales) para que los estudiantes puedan elegir con criterio donde realizar
sus estudios. ¿Es posible mayor desprecio a las pequeñas universidades públicas
que ya hoy tienen grandes dificultades para solicitar proyectos de investigación,
presupuestos para nuevo material o inversión en infraestructuras? ¿El objetivo
es que los estudiantes puedan elegir o que las empresas sepan bien donde
invertir? Quizá la respuesta la encontremos en el mismo programa: “Estableceremos mayores incentivos fiscales para las contribuciones de empresas, fundaciones,
personas físicas o jurídicas, para ayudar a las universidades tanto para la realización de sus
tareas investigadoras como para programas
formativos en beneficio de su alumnado”.