Lo primero que llama la atención de la propuesta
educativa del PSOE es su ubicación dentro de las páginas del programa electoral
socialista. Las líneas maestras del proyecto educativo se desglosan dentro del
punto titulado: “Los motores de la modernidad. Capitalización de la economía,
más competencia y mercados más eficaces”. Lo que deriva en toda una declaración
de intenciones evidente: la educación de la sociedad es útil en la medida que
incrementa la competencia y la eficiencia del mercado, entendido éste, como el
motor de la modernización de un estado.
En segundo lugar es preciso destacar una clara
distinción en relación a los objetivos que inspiran las propuestas para la
educación universitaria y para lo no universitaria. Así, para la educación universitaria
las referencias son escasas y superficiales si se tiene en cuenta el momento de
cambio histórico que vivirán nuestras universidades en los próximos cuatro
años. Mientras que para la educación no universitaria la tendencia se centra
más bien en reforzar lo ya existente, sin realizar ninguna propuesta innovadora
que empiece a dar muestras de un entendimiento, por parte de la clase política,
de los nuevos horizontes que abren las Tecnologías de la Información y la
Comunicación en ese mismo campo de la educación que hoy monopoliza el sistema
escolar.
Pero conviene ir por partes y analizar con un
poco más al detalle la propuesta socialista en materia educativa. Así el punto
de partida es cercano a los postulados de la UNESCO y sus poéticos informes al
estilo Delors y su tesoro educativo. Se dice en el programa: “la educación ya
no puede quedar reducida a una etapa de nuestra vida. En la sociedad actual, se
hace necesario entender la educación como una actividad más de nuestra vida
cotidiana, un aprendizaje a lo largo de la vida.”
Y al tiempo se destaca sobre el resto un frente
estratégico-mediático donde volcar los esfuerzos: “que ningún alumno menor de
edad abandone el sistema educativo sin la formación necesaria para su
desarrollo personal y profesional” (y aquí la pregunta debe ser: ¿podemos
seguir creyendo este discurso? ¿No es, en cambio, la gran tarea de la escuela
seleccionar a los no aptos para que los aptos puedan seguir escalando
socialmente? En un sistema piramidal como lo es el escolar; ¿cómo se puede
seguir hablando de acabar con el abandono escolar?)
Entonces resulta que son dos los focos donde el PSOE pretende volcar
su empeño: primero, lograr un acuerdo con el profesorado que garantice “un
sistema de incentivos salariales y profesionales, que propicie la dignidad que
exige su trabajo, incremente su reconocimiento social y suponga un compromiso
eficaz con la calidad de la enseñanza.” (Obvio que el colectivo de docentes es
tan amplio que merece ser reconocido sólo por el volúmen de votos que supone).
Y en segundo lugar: “una mayor implicación del alumnado y sus familias.”
A partir de estos dos ejes, la política educativa
del PSOE se encamina hacia cuestiones un tanto convencionales y más bien
continuistas dentro de la tradición de la política educativa española:
garantizar la formación básica a toda
la población, promover la excelencia en educación, fomentar la formación y el
aprendizaje a lo largo de la vida, educar a todos entre todos, impulsar más
becas y ayudas al estudio, dar mayor autonomía a los centros, atender a la
escuela rural o reforzar el aprendizaje de los idiomas extranjeros.
Todo dentro de
una tendencia tradicional, como si el modelo educativo pudiera transformarse sólo
con apretar más las tuercas del aparato escolar. Es curioso que apenas nada se
menciona en relación a facilitar nuevos espacios de enseñanza aprendizaje o de
promover actividades donde la libre y gratuita opción de aprender sea viable. Y
apenas se menciona nada referente a las nuevas opciones pedagógicas que sitúan
los procesos de aprendizaje fuera de las escuelas, ya que toda política
educativa para los próximos 4 años, para el PSOE, pasa única y exclusivamente
por el recinto escolar.

Por otra parte,
en el caso de las propuestas dentro del campo universitario, apenas se introduce
una novedad llamativa, ésta es: el impulso de las enseñanzas artísticas en
su integración como estudios superiores integrados al Espacio Europeo de
Educación Superior. Se hace especial mención a enseñanzas superiores de música
y danza, de arte dramático, de artes plásticas y diseño y de restauración y
conservación de bienes culturales.
En lo demás, la política universitaria pretende
continuar con las reformas ya iniciadas, esto es “con el consenso de las CCAA,
las propias universidades y los agentes económicos y sociales, definiremos y
desarrollaremos una Estrategia Nacional de Excelencia de las Universidades 2015
para alcanzar esos objetivos. Dicha Estrategia contendrá un nuevo sistema de
financiación orientado a la calidad, con dotación financiera creciente hasta alcanzar
parámetros equiparables a los de los países a cuyo nivel nos pretendemos
igualar.”
Y de vez en cuando se cuela algún sueño, que para
más de uno, y también dependiendo desde donde observemos nuestras queridas
universidad se puede desvelar en pesadilla,: “El objetivo es colocar a nuestro
sistema universitario entre los diez mejores del mundo (…)La ciudadanía valora,
y mucho, el papel de las Universidades y esperan de ellas que vayan más allá de
lo estrictamente académico, que estén presentes y dejen oír su voz comprometida
en otros temas de particular interés social, como lo son muchos de los desafíos
que hoy se plantean a la humanidad: la erradicación del hambre, el cambio
climático, los límites de la biotecnología, etc”
Por cierto, cade destacar que algunas de
las propuestas para la universidad han saltado a otro punto del programa
electoral que curiosamente se titula: “Innovación y fomento empresarial”. Aquí
sí se menciona con claridad que se reforzará “la conexión de la empresa con el
sistema educativo, en colaboración con las CCAA y el Consejo de Universidades,
prestando atención especial a la formación profesional y universitaria.” O
dicho de otra forma, y también sacado del programa: “se reconocerá la
experiencia empresarial en los currículos de las diferentes titulaciones
universitarias.” En fin, casi nada…