En la edición impresa de hoy del
periódico El País se hace alusión al informe del Pew Center publicado
ayer por el diario The New York Times. Se señala que en los EE.UU
"el año pasado, el número de personas entre rejas creció en 25.000, hasta
rozar los 1,6 millones de reclusos. Otros 723.000 individuos están en cárceles
locales. En Estados Unidos hay 230 millones de adultos."
Uno de cada cien adultos está en la prisión en los EE.UU. Uno de cada cien
adultos del país más poderoso del mundo carece de libertad. ¿Es éste el precio
de la libertad? ¿Es la consecuencia latente de un país paralizado por la
paranoia de la seguridad? ¿Es éste el modelo a seguir? ¿Qué esta fallando para
que una sociedad encierre a más de dos millones de personas?
La noticia deja helado a
cualquiera. Está en un rincón del periódico, a una columna, como si apenas
mereciera ser tenida en cuenta. A veces pasa esto en los periódicos; las
noticias hay que buscarlas en las esquinas, en los rincones alejados de los
grandes titulares.
Pero la noticia en su segundo y
último párrafo nos da algún dato más: “el informe también muestra que los
índices de encarcelación son mayores entre algunos grupos. Uno de cada 36
hispanos adultos está en la cárcel, según los datos del Departamento de
Justicia estadounidense. Además uno de cada 15 negros está en prisión (uno de
cada nueve entre los que tienen entre 20 y 34 años). Entre las mujeres,
mientras sólo una entre 255 blancas entre 35 y 39 años está entre rejas, en el
caso de las mujeres negras es un de cada 100.”
Quizá lo más alarmante es que
la política de seguridad estadounidense es considerada como un ejemplo a seguir
para la mayoría de países del bloque occidental. Y el caso español no es una
excepción. A los políticos, en plena campaña electoral, se les llena la boca con
promesas de aumento del número de policías e inversión en medidas y tecnología
para la seguridad.
No obstante, el caso español aún
no alcanza las cifras de los EE.UU. Hoy en España hay 67.000 presos/as. Si bien
es cierto que la cifra crece año a año. Baste observar como en 1990 la cifra
era la mitad: 33.000 presos/as (y no es que la población se haya duplicado; no precisamente...). De hecho, es el país con más presos de toda
Europa occidental.
Los datos inquietan y el modelo
está servido. Cabe preguntarse por las razones que explican estos datos. Algunos
dirán que realmente se cometen más delitos que antes, otros que hay más medidas
para cazar al infractor de la ley, y quizá algunos otros opinen que simplemente
ocurre que cada vez hay más leyes a nuestro alrededor. Ahora bien, no podemos
dejar de preguntarnos sobre el modelo de convivencia que estamos construyendo:
¿es una sociedad democrática aquella donde uno de cada 100 individuos adultos
no pueden vivir en sociedad?
Por cierto que en la misma sección
de Internacional del periódico El País, se recoge la siguiente noticia: “Bush rechaza
el diálogo con el «tirano» Raúl Castro”.
En fin…