Enviado el jueves, 21 de febrero de 2008 4:05
Las ciencias sociales también participan de la confusión de aislar la unidad que participa del movimiento. Quizá el ejemplo más contundente sea "la escuela" como uno de los objeto de estudio de las ciencias de la educación.

En este sentido, y retomando la reflexión de Tolstoi en relación a la imposibilidad de Aquiles de alcanzar a la tortuga -anécdota que se atribuye a a Zenón de Elea y que ayer se presentó en el Blog-, se constata que si si bien la inteligencia humana es incapaz de comprender la continuidad abosluta del movimiento, la mayoría de los errores de nuestras conclusiones se derivan del hecho de aislar las unidades inseparables del movimiento continuo. Todo un dilema que las ciencias "exactas" han pretendido solucionar con
el uso de los infinitesimales, pero que han dejado paralizados los
proyectos más ambiciosos de las ciencias humanas.
Si detenemos nuestra mirada en la escuela como objeto de estudio de las
ciencias de la educación (entendida como ciencia humana), podemos
obtener un caso patente del error de aislar una unidad que participa
del movimiento. Así, hoy las investigaciones referentes al espacio
escolar redudan en aislamiento histórico y pierden el sentido del
movimiento continuo. Como dice Raimundo Cuesta en su libro Felices y escolarizados
(2005, p. 11) al final resulta que “la escuela, tal y como la conocemos
hoy, y la asistencia obligatoria a la misma, pertenecen al género de
obviedades que nos es preciso explicar a nadie: son porque están.”
Quizá entonces debamos regresar a Tolstoi, ya que en el fondo su libro Guerra y Paz no deja de ser un intento por aplicar la teoría de los infinitesimales para explicar el desastre humano que conllevó la entrada del ejército francés en Rusia en 1812. ¿Será la literatura lo más próximo a los infinitesimales de las ciencias sociales?. Quien sabe, aunque el mismo Tosltoi nos advierte (Guerra y Paz, 1967. p.1007, Círculo de Lectores) "cuando uno escribe una historia se da cuenta de cuán prudente es la prohibición de tocar el árbol de la ciencia, pues sólo la actividad inconsciente es la que produce frutos"