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jueves, 12 de junio de 2008

"Si a tu ventana llega un diplodocus, trátalo con cariño, que quedan pocus", decía aquella habanera tan famosa (¿o recuerdo mal?).



"En realidad, no me preocupa mucho. Bueno, no me preocupa nada en absoluto" (ríe). "Pasé tres mil millones de años viendo sólo bacterias, con el envenenamiento masivo por oxígeno de la población de la Era Arcaica como único espectáculo digno de ver. ¡Aquello sí que fue un descojone!
Muchas veces he estado tentada de repetir algo parecido, pero en el último instante soy consciente de que en aquella movida se me fue un poco la mano, y casi me quedo sin juguetes. Pero, sobre todo a partir del final del Ediacarense, me di cuenta de que la verdadera juerga, las explosiones de diversidad, sólo surgen gracias a la destrucción masiva de la diversidad anterior".
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"Así que estoy disfrutando como loca con mi último invento destructor, esa plaga humana que poco a poco van dejando el terreno abierto para la próxima gran explosión de vida. Los resultados se verán dentro de unos cuantos millones de años, no menos de veinte, pero no tengo prisa".
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"Sólo me preocupan algunos santurrones que intentan frenar la sangría inevitable y rejuvenecedora... Espero que no me haya pasado otra vez, ahora con la dosis de inteligencia que les he dado a la plaga humana, y me vayan a dejar a medias. ¡No soportaría otros cincuenta millones de años de biodiversidad congelada! Aunque, hablando de congelación: tengo preparada otra temporadita de 'bola de nieve' en la recámara (pero de las de verdad, no como esas mariconadas de los últimos dos millones de años), por si estos imbéciles me fastidian el invento. En cuanto dejen de emitir CO2, el megainvierno llegará, y dejará helados a estos pseudogaianos de pacotilla" (Ríe a carcajadas).


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Para que no quepa ninguna duda (y ahora hablo yo, no Gaia), os aseguro estoy convencido de que DEBEMOS conservar la biodiversidad y frenar el deterioro del medio ambiente; lo único que discuto son las RAZONES por las que algunos afirman que debemos hacerlo, aunque el examen de estas razones puede afectar (lo admito) a los LÍMITES hasta los cuales puede ser razonable llevar el conservacionismo.
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En general, me parece que las consecuencias de un colapso ecológico serían tan nefastas para la humanidad (aun aceptando que puede haber "colapsos" de diferente intensidad y extensión), que ya sólo por eso es necesario que seamos más respetuosos con el medio ambiente. Por supuesto, como a mucha gente es difícil hacerle asumir los costes inmediatos que las medidas conservacionistas tendrían (reducción del consumo, menores ingresos, precios más altos...), es bueno inventarse otros argumentos y motivos que puedan hacerles tragar mejor esa píldora. Pero no hay que confundir la eficacia propagandística de muchas llamadas a la conservación de la naturaleza, con su racionalidad filosófica.
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Todos debemos tener claro que, ante una oferta fáustica en la que el Diablo nos ofreciera viajar por teletransportación a un planeta lejano en el que las condiciones fueran tales que el nivel de bienestar de la población humana fuese muchísimo mayor que en la Tierra (digamos, sin guerras, ni enfermedades, ni violencia, y con todas las demás cosas deseables, incluída una naturaleza exhuberante), pero el coste de llevar al género humano hasta el otro planeta consistiera en la destrucción total del sistema solar, ante esta oferta, decía, la inmensa mayoría de la gente aceptaría con pocas dudas el irnos a vivir a la Nueva Tierra. A los elefantes, ballenas, chimpancés, hormigas, bacterias, araucarias, etc., etc., que quedasen atrás hasta que el globo terráqueo explotara hecho pedazos, nos limitaríamos a recordarles con añoranza, con un "encantados de haberos conocido", y compensaríamos esa tristeza con la satisfacción de disfrutar del nuevo medio ambiente.
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Reconozco que la oferta es imposible, pero es sólo un experimento mental para poner a prueba nuestros valores: valoramos muchísimo más nuestro bienestar que la conservación de la naturaleza. Lo que ocurre es que, en el mundo en que vivimos, necesitamos dicha conservación para que nuestro bienestar permanezca, así que no hay necesidad de elegir: si la Tierra se destruyera, nosotros caeríamos con ella. Pero, como se sabe, a menudo el bienestar (el general, o el de algunos) se puede conseguir destruyendo una parte de la naturaleza, y en ese caso se comprueba qué valoramos más.
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Otro argumento falaz es el que se refiere a los supuestos "derechos" de las especies a existir. Ya mencioné en la entrada anterior sobre el tema el hecho de que, hagamos lo que hagamos, necesariamente cambiamos la distribución de especies existentes a largo plazo: si conservamos las de ahora, impedimos que aparezcan otras muchas que habrían aparecido si no hubiéramos conservado aquellas (aunque esas especies nuevas aparezcan muchos millones de años después, y sea imposible predecir cómo serán; pero a Gaia le dan lo mismo tres años que trescientos millones). Así que la protección de la biodiversidad actual es un atentado a las especies futuras que estamos impidiendo desarrollarse, exactamente en la misma medida en que es un atentado contra las especies actuales el propiciar su destrucción. Esta consecuencia es inevitable si adoptamos la premisa de que la biodiversidad es valiosa en sí misma.
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En cambio, lo que es totalmente cierto es que la biodiversidad actual es mucho más valiosa para nosotros que la biodiversidad futura. Así que no hay ninguna necesidad en argumentar que la biodiversidad actual es valiosa en sí misma por ser biodiversidad, en vez de limitarse a aceptar que es valiosa porque es la actual.
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Desde el punto de vista de Gaia, además, nosotros somos una especie como otra cualquiera. Cuando Ella diseñó las cianobacterias que lo dejaron todo perdido de oxígeno y acabaron con su "primera creación" como un diluvio universal sin arca, la diosa pudo pensar algo así como "se me ha ido la mano", pero no creo que estuviera arrepentida. Nosotros no somos tan dañinos: seguramente todos los phyla sobrevivirían (aunque mermados) a una eventual catástrofe antropogénica, incluso a un apocalipsis nuclear. Y somos tan creación (y responsabilidad) de Gaia como los mejillones. Si adoptamos su punto de vista (el de Gaia, no el de los simpáticos y exquisitos moluscos), seguramente ella estará ENCANTADA con lo listos y destructivos que le hemos salido. ¿Qué argumentos tenemos para pensar que la eficacia con la que destruimos el medio ambiente no es un proceso tan NATURAL como la fotosíntesis (aquel gran envenenamiento masivo)? De nuevo la conclusión es que adoptar el "punto de vista de la naturaleza" no nos lleva a ninguna parte: nosotros somos naturaleza, y por naturaleza somos exterminadores. Si queremos justificar la tesis de que "hay que ser conservacionista", necesitamos un punto de vista diferente, y ¿cuál mejor que el de nuestros propios intereses a largo plazo?
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Y acabo ya retomando al viejo diplodocus. Si hubiera que extinguir la especie de los chimpancés (no hace falta matarlos o hacerles sufrir: basta con lograr que no tengan crías durante unas décadas, y mientras tanto, que gocen de la vida a tope) para lograr que reaparecieran los diplodocus, ¿estaríamos dispuestos a pagar ese precio? (Los paleontólogos seguro que sí).
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¿Y si el precio fuera acabar con el lagarto del Hierro? (¿Tal vez eso los primatólogos lo empiecen a considerer razonable?).

12:12 | gestionado por Jesús Zamora Bonilla | Enviar comentario (1)