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REPRESENTATIVIDAD, LEGITIMIDAD Y NEGOCIACIÓN

Enviado el martes, 01 de abril de 2008 14:33

Sobre la mejor forma de repartir los escaños, y de nuevo sobre las ventajas de la democracia pluricameral para mejorar la legitimidad del parlamento. De nuevo a partir de un comentario mío en el blog "La mirada del mendigo".



Con respecto a la cuestión de la representatividad:
Tomemos los porcentajes de votos obtenidos por cada partido, y asígnales el número ENTERO de diputados más próximo a ese porcentaje "por debajo" (p.ej., si hay 100 diputados, y un partido tiene un 24,68 % de votos, le damos 24 diputados). Por definición, el ERROR TOTAL que habremos cometido hasta aquí será la diferencia entre el TOTAL DE ESCAÑOS que haya en la cámara (en este caso, 100), y la suma de los escaños que hayamos asignado hasta ahora. Dicho de otra forma: el error total será necesariamente igual a la suma de los restos (decimales) que hemos dejado sin asignar. ¿De acuerdo?

Bien. Lo que yo proponía (no es nada que me haya inventado, aunque ahora no recuerdo de dónde lo saqué) era que los escaños que faltan por asignar se asignen por orden a los partidos que tenían un resto mayor. Es decir, si un partido tiene un 23,67 % de votos, y otro un 37,43 %, se le da un escaño al primero antes que al segundo (pues su resto es mayor).

Y aquí está la gracia: puede demostrarse matemáticamente que este procedimiento hace que la SUMA de las diferencias entre el porcentaje de escaños de cada partido y su porcentaje de votos (o sea, tu noción de "justicia"), sea MÍNIMA. Pues, imagina que no lo fuera; eso querría decir que en algún caso como el anterior, habría que haberle dado el escaño al partido que tenía un resto de 0,43, en vez de al que tenía 0,67. Pero, ¿cuál es el "grado de injusticia total" cometido en cada caso? Si damos el escaño al que tiene un 23,67 % de votos (luego tendrá 24 escaños, y el otro 37) la "injusticia" que provoquemos será de 0,34 + 0,43 = 0,77. En cambio, si hubiéramos dado el escaño al segundo partido, el primero tendría 23 escaños y el segundo 38, y la "injusticia total" será de 0,67 + 0,57 = 1,24.
COROLARIO: el procedimiento de asignación de escaños sobrantes según el principio del resto mayor, es el que minimiza la suma de las diferencias entre los porcentajes de votos y de escaños obtenidos por cada partido.
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SEGUNDO: con respecto a la cuestión de la representatividad de las votaciones, estás partiendo de la hipótesis de que todas las leyes son una mera cuestión de "sí" o "no" (o votas a favor, o votas en contra). Esto es una perspectiva simplista. ANTES de votar las leyes (en el parlamento, en referendum, o donde sea), está algo no menos importante: decidir QUÉ ley es la que se va a votar. Y en cada caso (o sea, para cada problema político que intenta ser resuelto mediante una ley) no hay sólo DOS opciones posibles, sino MUCHÍSIMAS.
Por ejemplo, hay, literalmente, infinitas leyes del IRPF posibles. Supongamos que a cada persona se le pregunta cuál de todas las posibles es la prefiere. ¿De todas las POSIBLES? Desde luego, yo no podría responder a esta pregunta. Necesito que me den MENOS opciones entre las que elegir (no infinitas). Pero aquí nos encontramos un problema: ¿QUIÉN decide cuáles son las opciones entre las que elegiremos? Esto ya es un problema para la democracia directa... pero no lo abordaré aquí.
El problema que sí estoy tratando es que, digamos que se hacen 20 propuestas razonables sobre el IRPF. ¿Cómo hacemos la votación? ¿Una por una? (Para cada una, la gente vota "sí" o "no"). Mecachis: entonces lo más probable es que TODAS salgan que NO (porque, para cada opción, hay más gente en contra que a favor). Es lo malo que tienen los problemas con más de dos soluciones, que no hay ninguna garantía matemática de que una de las opciones vaya a obtener más síes que noes.
Entonces, ¿votamos todas de una vez? (cada cual vota la que prefiere). En este caso, es harto problable que la opción victoriosa lo sea con menos de la mitad de los votos a favor (mayoría simple). Pero claro, si los que están en contra de la ley que ha salido elegida no son unos pardillos, pueden pensar "esto nos ha pasado por defender cada uno de nosotros NUESTRAS OPCIONES PREFERIDAS; ¿por qué no nos ponemos de acuerdo en votar todos UNA MISMA opción, que, aunque no coincida con la que cada uno de nosotros prefiere, sí que tenga la propiedad de que todos nosotros la preferimos a la que ha sido elegida?".
Es decir, los votantes descubren la NEGOCIACIÓN: aceptar una ley que no es la que mejor representa tus deseos, pero que tiene más posibilidades de ser aprobada, porque muchos otros votantes han renunciado a SU ley favorita para apoyar la misma ley que tú.
Y así volvemos a la cuestión que planteaba en el comentario anterior: "representar" la voluntad de los ciudadanos no consiste sólo en aplicar el principio de "los que pierden la votación, se joden", sino sobre todo en conseguir que entre todos se lleguen a proponer leyes que puedan ser aprobadas por una mayoría lo más amplia posible (o sea, el principio, "jodamos al menor número posible").

Moraleja: la REPRESENTATIVIDAD de un sistema legislativo depende de cuánto apoyo tienen POR TÉRMINO MEDIO las leyes aprobadas. Un sistema político que garantiza que, por término medio, las leyes se aprueban con un 80 % de votos a favor (por supuesto, hablamos de votos libremente emitidos y basados en opiniones libremente formadas, no hablamos de dictaduras), garantiza una representatividad mayor que un sistema en el que las leyes son aprobadas por término medio con un 51 % de los votos.

Pregunta: ¿qué propones tú para que las leyes cuenten con el mayor apoyo ciudadano posible?

Salud

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