Enviado el lunes, 21 de enero de 2008 8:10
UNA MODESTA PROPOSICIÓN
PARA PROMOVER EL ENTENDIMIENTO
ENTRE LAS CIVILIZACIONES
Ahora que
por fin se ha celebrado el primer foro de la "Alianza de Civilizaciones", tan deseado por ZP y que ha pasado tan sin pena ni gloria por los informativos (¿no se lo creían ni los organizadores?, ¿o los medios pensaban que al público le mola más la sangre y la carnaza?; en todo caso
, Prisa no ha dejado de meter su pullita),
quiero aportar mi granito de arena, con una proposición que, no me cabe
duda, contribuiría como ninguna al hermanamiento de los pueblos ahora
enfrentados por un odio visceral.. Todos sabemos del gran éxito que ha tenido en la Unión Europea el programa "Erasmus" (también llamado "Orgasmus" por la intensa
dedicación al encuentro de culturas de la que dan gala tantos de sus jóvenes beneficiarios). Se trata de permitir a los alumnos universitarios
que hagan un curso de su carrera en una universidad de otro país de la
Unión mediante una generosa beca (que en un 95 % financian los padres).
Las nuevas generaciones de europeos que surjan de esta experiencia
erásmica (no me refiero a los que surjan de la experiencia orgásmica,
pues, siendo los becarios gente preparada, saben hacer buen uso de los
medios anticonceptivos) verán los distintos países de Europa más como
regiones diversas de una sola nación que como "el extranjero".
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Pues bien, mi propuesta, para los r
esponsables
de la Alianza de Civilizaciones, consiste en que algo parecido se haga
con los estudiantes que se preparan para la venturosa, aunque
sacrificada vida de mediación entre los hombres y el Altísimo.
Me refiero a los heroicos alumnos de seminarios diocesanos, madrasas,
escuelas rabínicas y demás (en una segunda fase podía extenderse a los
lamasterios y otras instituciones orientales; de momento, los pobres
budistas no meten mucho ruido -o, como decía Sabina, "del Tibet a aquí, no llega"-).
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Para futuros curas, pastores (de ganado humano), rabinos, imanes, mulás, y
demás (puede incluirse a los alumnos de universidades del Opus y
similares), ¿no se abriría ante ellos una experiencia poderosísima de
cercanía a los hijos de Dios si
se hiciera obligatorio que, para poder "ejercer" su oficio, tuvieran
que pasar al menos tres o cuatro años estudiando en las escuelas de
otras religiones y prestando servicios en los templos de éstas? Y si
hacen un recorrido un poco más largo, pasando por tres o cuatro
subdivisiones de cada religión, mejor que mejor.
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Lo largo del
proceso (frente al año escaso de que gozan los becarios Erasmus) se
debe, naturalmente, a que la "inculturación" en una mentalidad
religiosa distinta de la propia es psicológicamente más difícil, en
parte por la dificultad inherente al oficio, que en general suele poner
bastantes trabas a la derivación orgásmica del programa para alumnos
universitarios (sin contar la estimulación manual, que, salvo ayuda por
terceros, suele dar poco juego en lo de la asimilación de culturas
ajenas, al contrario que la estimulación bigenital), y en parte porque
así tendríamos unos añitos más a los futuros sacerdotes sin ejercer, lo
que siempre es muy beneficioso para el rebaño.
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Tanto la idea del programa, como su nombre (Erasmus Dei,
¿cuál si no?) los cedo gratuitamente a los organizadores de la Alianza
de Civilizaciones, para que puedan aplicarlos como mejor les inspire el
Espíritu Santo (que sea).
.
Amén.
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