jueves, 29 de noviembre de 2007
"¡Hombre, claro que un darwinista puede ser cristiano! Por poder, hasta puede ser del Atleti,
y mira que eso es irracional. Lo que pasa es que la compatibilidad del
darwinismo y el cristianismo exige comprometerse con versiones de ambos
que, aunque defendibles, no son precisamente las más cercanas al
consenso común respecto a cada uno de ellos, y en todo caso se trata de
compromisos teóricos muy especulativos y bastante improbables. Vamos,
que si eres darwinista puedes ser cristiano, pero bajo tu estricta
responsabilidad".

Michael Ruse, conocido filósofo de la biología, defensor de la
sociobiología y azote de creacionistas, ha sorprendido a no pocos
(incluído un servidor) con su libro ¿Puede un darwinista ser cristiano? (publicado
en inglés en 2001, y traducido este año al castellano). Con ese título,
era de esperar que la respuesta fuese a ser que sí, y así es, aunque en
honor de Ruse, filósofo
claro y profundo, al que no arredra la complejidad de los argumentos,
hay que decir que la respuesta está realmente muy matizada, y que viene
a ser un algo así como:
"¡Hombre, claro que un darwinista puede ser cristiano! Por poder, hasta puede ser del Atleti,
y mira que eso es irracional. Lo que pasa es que la compatibilidad del
darwinismo y el cristianismo exige comprometerse con versiones de ambos
que, aunque defendibles, no son precisamente las más cercanas al
consenso común respecto a cada uno de ellos, y en todo caso se trata de
compromisos teóricos muy especulativos y bastante improbables. Vamos,
que si eres darwinista puedes ser cristiano, pero bajo tu estricta
responsabilidad".
Dicho de otra manera: ni el cristianismo se sigue de la teoría de la
evolución, ni al revés, y no sólo eso, sino que si uno de los dos es
correcto, es bastante improbable que el otro sea falso, pero tampoco
son estrictamente incompatibles siempre que se los matice mucho. No hay
que negar que Michael Ruse le ha echado valor en el libro, pues con sus
argumentos es fácil ganarse enemigos desde los dos campos. Como muestra
de este arrojo, basta con leer el principio mismo de la obra:
"Permítanme
ser franco. Creo que la evolución es un hecho y que el darwinismo ha
triunfado [aquí empiezan a enfadarse los fundamentalistas]. La
selección natural es la única causa significativa del cambio
orgánico permanente [aquí tuercen el hocico los que se esperan que
algún mecanismo del tipo de "morfogénesis holística" -u lo que sea-
ande involucrado en el fondo de la evolución]. Soy un ardiente
naturalista y un reduccionista entusiasta, y quienes no están de
acuerdo conmigo son unos burros [aquí abandonan muchos, sean del campo
que sean]. Creo que todo se aplica a los humanos, al pensamiento y a la
acción, y que la sociobiología es lo mejor que le ha sucedido a las
ciencias sociales en el último siglo [aquí se ven tentados a dejar el
libro los darwinianos de izquierda -a lo Gould, Lewontin y demás-]. Lo
más amable que
se puede decir de quienes no están de acuerdo -marxistas, feministas,
constructivistas y compañeros de viaje- es que hablan desde la
ignorancia. Quizás sus genes les obligan [¡hoooolaaaa!, ¿queda alguien
ahíííí? Y sigue...]. Una vez dicho todo esto, que me maten si entiendo
por qué tanta gente -darwinistas y cristianos por igual- piensan que
una postura como la mía conlleva una respuesta inmediata y directamente
negativa a la pregunta de si puede un darwinista ser cristiano".
Bueno, yo no abandoné el libro, sino que realmente lo he disfrutado
hasta el final, aunque la conclusión (nada "inmediata, ni "directa",
sino bien meditada) que extraigo de sus argumentos es bastante distinta
de la que saca el autor. Uno de los movimientos mediante los que Ruse
intenta presentar como compatibles cristianismo y darwinismo
se refiere a la interpretación de la selección natural. Tras su
aceptación del darwinismo, los intelectuales cristianos defienden hoy
en día algo así como que podemos interpretar la selección natural como
el "instrumento" mediante el
que Dios nos ha creado. Ruse intenta justificar esta posibilidad con
varios argumentos. Por ejemplo, afirma que es legítimo (aunque, por
supuesto, no obligatorio) asumir la hipótesis de que Dios ha hecho el
mundo como lo ha hecho para que haya selección natural, la cual
conlleva a que las especies progresen en cierta dirección
(eventualmente, la selección natural producirá seres inteligentes)
Lo malo es que la concepción estándar en el evolucionismo contemporáneo es más bien la de que la sección consiste en un proceso básicamente aleatorio
(aunque, por supuesto, constreñido por la necesidad de adaptación), al
menos en el sentido defendido por Gould: si retrocedemos en la historia
de la Tierra varios millones de años, y dejamos empezar otra vez el
proceso, difícilmente surgirán las mismas especies. El ser humano
sería, así, un "accidente"
(que se lo digan al ecosistema). Rouse responde por una parte, que lo
importante más bien es que habrán de surgir especies inteligentes, más
que humanos. Por otra parte, puesto que Dios es más
bien intemporal, no hay que pensar, al decir que "la selección natural
es un instrumento de Dios para crearnos", que se trata de una mera
relación de medios a fines. Además, puesto que Dios también es
omnisciente, sabría que el ser humano iba a aparecer, con lo cual éste
es un accidente sólo en apariencia. Por lo tanto, la interpretación de
la selección natural como un "instrumento" de Dios sigue siendo posible
(aunque, insiste, no obligatoria).
Creo sinceramente que este argumento
es válido, tal como está: pensar que el universo ha sido creado por
Dios con ciertas leyes físicas que permitan la aparición de seres
inteligentes por selección natural no es incompatible con el
reconocimiento de que los seres vivos han surgido a través de la
selección natural. Pero lo que pienso también es que esta tesis es extraordinariamente implausible.
Primero, porque la idea de un "propósito" sólo la tenemos a partir de
los seres vivos: tener propósitos o fines es una cualidad tan biológica
como la de realizar la fotosíntesis,
y por lo tanto, decir que Dios (es decir, un agente inmaterial) "tiene
deseos" o "voluntad" es el mismo tipo de confusión conceptual que decir
que Dios metaboliza la glucosa o realiza la fotosíntesis. (No quiero
decir que cuando algún bicho metaboliza la glucosa, es Dios quien lo
hace, sino que Dios, en el reino de los cielos, metaboliza glucosa
celestial). De hecho, afirmar que Dios es un "agente" (una "persona")
es tan incomprensible como afirmar que es un paramecio o un hongo: las personas, como los hongos, son simplemente cierto tipo de bichos.
De
la conclusiones que se siguen del darwinismo, la más demoledora para la
religión es, precisamente, la de que la mente humana es tan sólo un
proceso biológico (todo lo complicado y "emergente" que se quiera, pero
no categorialmente distinto de la digestión), y pensar en que algo que
no es un bicho material puede "tener una mente" es como decir que un
cuerpo gaseoso puede desarrollar una tectónica de placas.
En segundo lugar, decir que la selección dirige a los organismos en cierta dirección (p.ej., hacia mayor inteligencia) es posible, pero cuestionable.
Los humanos no habríamos evolucionado si el asteroide que mató a los
dinosaurios hubiera pasado unos kilómetros más allá, y si en varios
cientos de millones de años los dinosaurios no produjeron un ser
inteligente, es razonable esperar que algo en su constitución les
impedía progresar en esa dirección, y que tampoco lo habrían conseguido
de haber seguido sobre la tierra. (Claro, que podemos pensar que el asteroide fue una especie de meneo que Dios dio al juego de la evolución porque se había quedado atascado,
como cuando le das un golpe a la máquina de bolas -o "pinball", como
dicen ahora- porque la bolita se enganchó por ahí). Además, también el
nacimiento de cada uno de nosotros es una lotería (pensemos en los millones de espermatozoides corriendo como locos en pos del óvulo). Todo
esto es azar, o sea, lo que en este mundo entendemos por "azar", y si
se dice que "lo que en este mundo es azar, desde la perspectiva de Dios
no es azar", en realidad nadie entiende lo que se está diciendo. "El azar no es azar": pues bueno.
En resumen, se puede afirmar que la selección natural es una "herramienta" de un Dios que "hace cosas con un fin", pero dado que en el fondo no se tiene ni repajolera idea de lo que se quiere decir con eso,
lo más probable (con una probabilidad tan elevada que no hay forma de
distinguirla de la certeza práctica) es que, en caso de que quiera
decir algo, ese algo será falso. (Para
hacernos una idea de las probabilidades involucradas: es como si formo
frases cogiendo una palabra al azar de cada entrada de una
enciclopedia, siendo la primera "Napoleón"; lo más probable es que la
frase resultante no signifique nada, pero en caso de que signifique
algo, lo más probable es que sea falso).

Por supuesto, el libro de Rouse contiene muchos otros argumentos interesantes (sobre el dolor, los extraterrestres, la sociobiología, etc., etc.), que tendré que dejar para otro día.