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jueves, 15 de noviembre de 2007

Fue Karl Popper el primero que señaló (que yo sepa) la importancia filosófica de comprender las reglas del método científico, no como si fueran "reglas lógicas", sino más bien como las reglas de un juego (como el ajedrez, el fútbol, o el parchís), pero lo cierto es que han sido muy pocos los autores que se hayan preocupado de sacar las consecuencias que esta hipótesis puede tener, o al menos las interesantes preguntas que pueden formularse a partir de ella.


La comunicación que presentaré el próximo sábado en el congreso de la EPSA es un resumen de los aspectos centrales de mi enfoque sobre la investigación científica como un juego. Fue Karl Popper el primero que señaló (que yo sepa) la importancia filosófica de comprender las reglas del método científico, no como si fueran "reglas lógicas", sino más bien como las reglas de un juego (como el ajedrez, el fútbol, o el parchís), pero lo cierto es que han sido muy pocos los autores que se hayan preocupado de sacar las consecuencias que esta hipótesis puede tener, o al menos las interesantes preguntas que pueden formularse a partir de ella.
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Una primera cuestión es: "¿de qué va el juego?". El fútbol "va de" meter más goles que el otro equipo sin tocar el balón con las manos; el ajedrez, "va de" comerse el rey del contrincante moviendo las fichas según ciertas reglas, etc. Pues bien, a la vista de lo que hacen los científicos, propongo que interpretemos su actividad como un juego que "va de" conseguir que tus colegas reconozcan públicamente que lo que dices es correcto e importante. Como bien sabéis, los científicos se mueren por publicar sus trabajos en revistas "top" (y por ser invitados a seminarios y conferencias), pero, aun reconociendo la importancia de la "mera" publicación, lo que de verdad "les pone" a los investigadores es que sus trabajos sean citados (a ser posible, de modo aprobatorio) en los artículos de otros científicos, y tanto más cuanto más prestigio tengan estos últimos. La "lógica del descubrimiento" (la popperiana "logic of scientific discovery") consiste básicamente en la "lógica" de aquello que hay que hacer para que tus colegas consideren expresamente que lo que has hecho merece ser tomado como un descubrimiento.
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Así que los científicos desean descubrir la verdad (claro que sí), pero lo que les motiva sobremanera es el reconocimiento. No cualquier tipo de reconocimiento, sino el de ser considerados públicamente autores de una contribución que satisface unos ciertos estándares de calidad científica.
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El problema principal para quien se dedica a este juego (al contrario que el de los jugadores de ajedrez, fútbol o parchís - aunque en el fondo no es tan distinto) consiste en que el "premio" principal no depende en último término de lo que puedas hacer (tu investigación, digamos, lo que escribes en tus artículos), sino que depende de una decisión que toman tus colegas, a saber, la decisión de reconocer públicamente que tenías razón (es decir, de lo que escriben ellos en sus artículos). Es como si en el fútbol sólo contaran los goles en propia meta.
La tesis principal del texto que presento en la EPSA afirma que un juego como éste sólo puede jugarse, es decir, a un científico sólo le interesará dedicarse a jugar a ese juego, si se cumplen (al menos) tres condiciones:
1) los demás científicos siguen ciertos patrones predecibles ("reglas") en sus decisiones acerca de qué resultados de los colegas considerar como "descubrimientos" (si no, ¿para qué vas a discutir con ellos?);
2) estos patrones favorecen que lo que llamamos "descubrimientos" tengan ciertas propiedades epistémicamente deseables; y
3) aceptas seguir esos patrones como parte de un "contrato social" con el resto de tus colegas.
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La cuestión relevante es: ¿cómo puede organizarse un juego así?, y ¿qué tiene de tan bueno? Lo veremos en próximas entregas.

10:56 | gestionado por Jesús Zamora Bonilla | Enviar comentario (2)