miércoles, 07 de noviembre de 2007
. No sé si estáis enterados de una iniciativa curiosa para hacer frente al cambio climático. Se trata de echar hierro al asunto, y no lo digo en
broma, sino literalmente: arrojar partículas de hierro al océano, para
que fomenten el crecimiento de ciertos tipos de algas del plancton que
absorben el CO2. Por supuesto, es una actividad que tiene sus riesgos,
pues no se comprenden aún muy bien los ciclos químicos y biológicos
involucrados a tan gran escala, lo cual es necesario para calcular bien
los costes, los riesgos, y los beneficios esperables, pero me parece
que al menos se trata de algo digno de investigar, dada la gravedad de
la situación.
.
Uno de los problemas del actual debate sobre el cambio climático es el
exceso de carga ideológica que llevan casi todos los participantes, y
que además parece directamente proporcional a su nivel de presencia en
los debates públicos. Como podéis suponer, uno de las cosas que no
podemos consentir a bordo del Otto Neurath es el exceso de equipaje, por el peligro de hundimiento que conlleva. Así que vamos a intentar achicarlo un poquito.
. No sé si estáis enterados de una iniciativa curiosa para hacer frente al cambio climático. Se trata de echar hierro al asunto, y no lo digo en
broma, sino literalmente: arrojar partículas de hierro al océano, para
que fomenten el crecimiento de ciertos tipos de algas del plancton que
absorben el CO2. Por supuesto, es una actividad que tiene sus riesgos,
pues no se comprenden aún muy bien los ciclos químicos y biológicos
involucrados a tan gran escala, lo cual es necesario para calcular bien
los costes, los riesgos, y los beneficios esperables, pero me parece
que al menos se trata de algo digno de investigar, dada la gravedad de
la situación.
. Lo malo es que el problema ha surgido no
precisamente porque los riesgos y las ventajas no estén claros.
Cualquiera que conozca la dinámica de la ciencia
sabe que hay una larga travesía desde los inicios de una investigación
y de una hipótesis hasta un eventual consenso entre los especialistas;
así que, como en todo lo demás, en este caso tendrán que investigarse
mucho y discutir todo lo discutible.
. Existe una iniciativa curiosa para hacer frente al cambio climático. Se trata de echar hierro al asunto, y no lo digo en
broma, sino literalmente: arrojar partículas de hierro al océano, para
que fomenten el crecimiento de ciertos tipos de algas del plancton que
absorben el CO2. Por supuesto, es una actividad que tiene sus riesgos,
pues no se comprenden aún muy bien los ciclos químicos y biológicos
involucrados a tan gran escala, lo cual es necesario para calcular bien
los costes, los riesgos, y los beneficios esperables, pero me parece
que al menos se trata de algo digno de investigar, dada la gravedad de
la situación.. No: lo malo es que la iniciativa la están encabezando empresas privadas, en particular, una compañía denominada Planktos, que pretende vender sus servicios de "compensación de carbono" (carbon-offset)
a cambio del precio correspondiente en bonos de reducción de gases de
efecto invernadero. (Recuérdese que, por el protocolo de Kyoto, los
países que emiten más de la cuota que tienen establecida pueden comprar
estos bonos a los países que han emitido menos).
. "¡Dios santo! ¡Hacer negocio con la ecología! ¡Hasta dónde vamos a llegar! ¡Que el capitalismo aparte sus sucias manos de la atmósfera herida!". Esta ha sido más o menos la reacción de los grupos ecologistas (véase, p. ej., el blog de Carmelo Ruiz),
quienes sostienen todos sus argumentos desde el prejuicio de que todo
aquello que se haga por intereses económicos es moralmente reprobable y
socialmente dañino.
. Pero la posición de los ecologistas, ¿no recuerda a la del alcalde aquel del cuento
del Flautista de Hamelín, que se negó a pagar lo acordado a quien les
había librado de las ratas? El incentivo del beneficio muchas veces ha
espoleado la imaginación que hace falta en la investigación científica
más que los sueños planificadores. Pretender renunciar a una solución
simplemente porque se les ha ocurrido a "los malos de la película" es
claramente irracional.
. También es ilógico el argumento de que
fomentar las medidas "lucrativas" contra el cambio reduce el grado de
compromiso y de concienciación de la gente. No veo cómo se sigue una
cosa de otra, la verdad. Es como si decimos que la contratación de
guardaespaldas privados hace reducir la preocupación del público por el
terrorismo.
. Por supuesto, la medida habrá que estudiarla con
suficiente rigor, e intentando calcular todos los riesgos. (P. ej., la
empresa renunció hace poco a realizar un experiencia piloto cerca de las Galápagos, aunque ahora inicia otra polémica siembra de hierro frente a Vancouver).
Pero descartarla sólo porque está "manchada" con el deseo de riqueza es
tan absurdo como lo era el impedir el acceso de la mujer a la enseñanza
"porque ello perturbaría la concentración de los estudiantes y
profesores". Al fin y al cabo, si la lujuria era el pecado capital más
horrible para los curas y sus guardias de corps, ahora lo es la
avaricia para los eco-oscuros.