Enviado el martes, 23 de octubre de 2007 10:18
Acabáis de subir al barco más famoso de la Filosofía de la Ciencia: el barco de Otto Neurath. (Ver también el blog externo "A bordo del Otto Neurath")
Neurath,
economista de profesión, fue uno de los fundadores del llamado "Círculo
de Viena"... Sí, has oído bien, aquellos personajes maliiiignos que
infectaron el mundo con su "positivismo lógico", decretaron la falta de
sentido de la metafísica, y separaron a rajatabla los hechos y los
valores. Eso sí, como muestra de que el positivismo es un movimiento
esencialmente progresista, además de que a otro de sus fundadores
(Moritz Schlick) lo mató un alumno nazi de un tiro en las escaleras de
la Universidad de Viena, hay que mencionar el hecho de que Otto Neurath
había sido unos años antes un alto cargo en el gobierno socialista de
Baviera (la República Espartaquista, 1919), donde fue el encargado de
"socializar la economía".
Tal vez por esta experiencia de la
vida y la sociedad como algo radicalmente inestable, Neurath ha pasado
a la posteridad como el creador de una de las más bellas imágenes de la
Historia de la Filosofía, en el mismo nivel que la caverna de Platón,
el genio maligno de Descartes, o la paloma de Kant. Nuestro autor
propone que el conocimiento científico (o más bien el conocimiento en
general) no tiene fundamentos firmes, no se basa en certezas absolutas,
como habían pretendido la mayoría de los filósofos, y aún deseaban sus
compañeros positivistas. Ni la evidencia racional, ni los datos de los
sentidos, son algo que podamos considerar como "fuera de toda duda". Al
contrario, Neurath sugiere que todos los elementos del conocimiento
científico pueden, en principio, entrar en contradicción con otros, y,
cuando esta contradicción se da, somos nosotros quienes tenemos que tomar la decisión de qué elementos conservar en la nave de la ciencia, y cuáles eliminar.
En
la ciencia nos hallamos, por tanto, como los marineros de un navío que
tuvieran que reconstruirlo continuamente, cambiando sus piezas una por
una (¡no todas a la vez, por supuesto!), pero siempre a flote, nunca en
un puerto seco. En la ciencia siempre permanecemos en altamar, no
estamos anclados ni sujetos al fondo, y no pisamos nunca tierra firme.
La roca madre de las certidumbres, la que permite excavar cimientos
propiamente dichos, no es para los científicos, sino sólo para los
creyentes. Quien desee estar seguro de algo, no tiene más que apuntarse
a una iglesia, oratorio, mezquita o sinagoga (si le dejan), o comprarse
las obras completas de Juan José Benítez, y dejarse petrificar la mente
por las melodiosas pláticas que en esos respetables foros escuchará.

Ahora
bien, en una construcción con cimientos bien clavados en la tierra, uno
tan sólo puede guarecerse, esconderse. Para llegar muy lejos, en
cambio, sólo podemos navegar, echar nuestro barco al infinito océano de las
preguntas, dejarnos mecer (y a veces zozobrar) por el oleaje de la
incertidumbre, y aprovechar el viento favorable de las respuestas
siempre provisionales.
(Eso sí, llevamos salvavidas: el del humor).
Por todo esto, me ha parecido justo bautizar el navío del que da cuenta esta bitácora con el nombre de Otto Neurath. Os invito a que me acompañéis a ver cómo se cambian las cuadernas del fondo de la quilla... ¡cuidado, que nos vamos a mojar!
Para saber más sobre Otto Neurath en la red:
http://es.wikipedia.org/wiki/C%C3%ADrculo_de_Viena
(¡cómo es que no está en la wiskipedia castellana la bio de Otto?)
http://www.terremoto.net/x/archivos/000014.html
http://www.cibernous.com/glosario/alaz/neopositivismo.html
en inglés:
http://wapedia.mobi/en/Otto_Neurath
http://en.wikipedia.org/wiki/Otto_Neurath http://www.cscs.umich.edu/~crshalizi/notebooks/neurath.html