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jueves, 25 de septiembre de 2008

Entre los meses de abril y septiembre del año dos mil siete, el Museo Arqueológico de Alicante ofreció una exposición poco habitual en España, y cuyo solo título descubría el qué y el cómo de la misma: “Arte e Imperio. Tesoros Asirios del British Museum”.
Comisariada por los Dres. John E. Curtis y Julian E. Reade1, quienes no tuvieran la fortuna entonces de verla, pero sí visitado en Londres el Museo Británico, entenderán que la citada muestra2 haya ejercido sobre las personas que pudieron disfrutarla en Alicante, el impactante efecto de un inesperado deslumbramiento: el verdadero rostro de Asiria y su realidad cultural.


Acaso y para la mayoría de nosotros, el nombre de Asiria evoca dibujos de guerreros sanguinarios, la silueta de una bella y malvada reina Semíramis, o las murallas de una perversa Nínive, asociada a la leyenda bíblica de Jonás y la ballena. Pero la exposición mostraba cosas mucho más reales y profundas: esculturas y relieves de belleza notable, bronces magníficos, marfiles justamente famosos, cerámicas, arreos, sellos cilíndricos tallados y documentos escritos, muchos documentos oficiales y privados de tipo jurídico o contable, listas de dioses, leyendas literarias, bilingües temáticos, léxicos para eruditos, textos médicos, matemáticos o de observaciones astronómicas, cartas privadas ... De la disposición y variedad del material resultaba evidente una cosa: que Asiria fue bastante más que la forjada por los tópicos: una amplia y profunda realidad histórica y cultural, primera potencia entre los siglos IX y fines del VI a. C.

Los museos de Berlín, París y Londres guardan excelentes colecciones asirias, porque de aquellos países partieron los grandes descubridores de Nínive, Jorsabad y Assur como P. E. Botta, V. Place, A. H. Layard o W. Andrae. Lo sabemos. Lo suponíamos incluso. Pero tal vez pocos sepan que Madrid atesora algunos restos testimoniales –es verdad-, pero extremadamente valiosos para españoles e iberoamericanos, en el Museo Arqueológico Nacional y la Real Academia de la Historia. La fortuna quiso que al tiempo que se redescubría el mundo asirio a mediados del siglo XIX, un par de españoles por demás singulares, el embajador en Estambul don Antonio López Córdoba, y el cónsul, viajero y estudioso Adolfo Rivadeneyra, unieran sus nombres a la historia de la ciencia en Oriente3. En 1851, el primero obtuvo de su amigo A. H. Layard, fragmentos de relieves asirios hoy conservados en la Academia de la Historia. Pocos años después, el segundo nos legó quizás algo más valioso: la imagen de las ruinas asirias visitadas en el curso de su viaje por la región en 1869, recogidas en un relato fascinante y lleno de sutiles observaciones de todo tipo, su Viaje de Ceylán a Damasco, Golfo Pérsico, Mesopotamia, Ruinas de Babilonia, Nínive y Palmira, en 1871 publicado en Madrid, y del que disponemos hoy de una excelente edición moderna4.

La exposición organizada en Alicante era, por así decirlo, una muestra “llave en mano”. Tenía que ser así pues, sin tradición en Oriente, los museos españoles no habrían podido llenar una sala con colecciones asirias ligadas a nuestro patrimonio. Pero la integración en ella de las referencias precisas a las personas de nuestros viajeros a Oriente, y en especial de estos dos prototipos singulares, como Antonio López Córdoba y Adolfo Rivadeneyra, habría permitido que los visitantes supieran de sus aventuras y aportaciones en el mejor marco: una magna colección sobre Asiria en España. En la sección que J. E. Curtis y J. E. Reade dedicaron a los descubrimientos británicos, dotada con libros, acuarelas, dibujos y dos magníficos retratos al óleo -uno A. H. Layard y otro de su esposa, pintado éste en 1870 y en Madrid, por nuestro Vicente Palmaroli-, los dos españoles habrían recuperado el puesto que merecen en la historia y en nuestra estima. Pero en todo caso, la exposición de Alicante ha marcado un hito en España. Que ella nos sirva como estímulo para recuperar la historia de las aventuras más dignas de nuestro siglo XIX.


Para saber más:



1.- J. E. Curtis, J. Read
Arte e Imperio. Tesoros asirios del British Museum
MARQ-Museo Arqueológico de Alicante, Alicante 2007


2.- Políptico distribuido entre los visitantes de la exposición en el Museo Arqueológico de Alicante.


3.- J. Mª Córdoba, Mª C. Pérez Díe
“La aventura arqueológica española en Oriente. Nacimiento y desarrollo de una ciencia nueva”
En J. Mª Córdoba y Mª C. Pérez Díe (Eds.)
La arqueología española en Oriente
Ministerio de Cultura, Madrid 2006
160 pp. Vid. pp. 11-24.


4.- Adolfo Rivadeneyra
Viaje de Ceilán a Damasco
Edición de Fernando Escribano
Miraguano Ediciones, Madrid 2006
334 pp.

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lunes, 21 de abril de 2008

Algunas dudas remitidas a este blog sobre conceptos determinados expresados en el mismo, nos animan a iniciar una nueva categoría: "Datos de interés". En ella se incluirán entradas preferentemente cortas, referidas a aclaraciones y datos concretos que disipen las dudas remitidas. Si la brevedad impone concisión extrema, en todo caso se hará con rigor y claridad. De modo que se abre hoy esta categoría solventando las interrogantes relacionados con la ubicación actual de la antigua Mesopotamia.


La cuestión de la localización de Mesopotamia podría quizás satisfacerse en una enciclopedia general. Pero acaso también ahí se deslice un error de interpretación muy frecuente en la cultura occidental no especializada. "Mesopotamia" (="entre ríos") es el nombre que los griegos dieron a un territorio muy preciso -y sólo a ése-, comprendido entre los ríos Tigris y Éufrates de NE a SW, y entre la región de la actual Bagdad (donde los cursos de ambos se acercan mucho entre sí) y su desembocadura en el Golfo Pérsico de NW a SE. Todo ese territorio formado por una enorme y llana planicie de aluvión, estaba en la Antigüedad surcado no sólo por las corrientes de los dos ríos y sus muchas derivaciones, sino también por una compleja red de canales mayores y menores, a más de millones de acequias. La íntima asociación entre agua y tierra cultivable, ciudades y aldeas inspiró a los griegos ese concepto: Mesopotamia. Por lo tanto, todo el antiguo territorio de la milenaria Mesopotamia se encuentra hoy dentro de los límites de la República de Iraq, y se corresponde en parte con sus provincias más meridionales.


Mapa de la ubicación de Mesopotamia

Pero en modo alguno puede denominarse "Mesopotamia", sin embargo, al mucho mayor territorio septentrional, más allá de la región de Bagdad, comprendido también entre el Éufrates y el Tigris, las montañas septentrionales por el norte y la citada región de Bagdad por el sur (hoy repartido entre Siria, Iraq y Turquía), una inmensa y alta meseta de características muy precisas. No es correcto llamarla Mesopotamia o Alta Mesopotamia, pues sería impropio (aunque a veces se diga así en libros, enciclopedias, etc.), dado que se trata de un mundo completamente distinto al de la verdadera Mesopotamia. Los antiguos lo sabían bien y los distinguían. La región septentrional era y es una unidad de paisaje, naturaleza, cultura e historia distinta, que los árabes percibieron en su carácter peculiar, por lo que la llamaron al-Yazira ("la isla", como nuestra "Algeciras"). La diferencia más notable es la siguiente: la agricultura de al-Yazira ha sido, desde tiempo inmemorial, de secano. Es la región donde nació la primera agricultura, y fue el país de los hurritas, mitannios y asirios. En Mesopotamia nació más tarde la agricultura de regadío: allí sólo es posible cultivar con riego. Es la región donde nació la ciudad, país de sumerios, acadios y babilonios.


Obra recomendada
P. Sanlaville
Le Moyen-Orient arabe. Le milieu et l'homme
Armand Colin/HER, Paris 2000

Firmado por el mejor especialista en geografía de Oriente antiguo y moderno, el librito resume los resultados de toda una vida dedicada a desentrañar la naturaleza y las modificaciones sobrevenidas en Oriente. Como no podía ser menos, la descripción geográfica de ambas regiones es tan minuciosa como precisa.

17:20 | gestionado por Joaquín Mª Córdoba

lunes, 10 de diciembre de 2007

El pasado día 7 de diciembre, diarios españoles de difusión nacional como La Razón o ABC, daban cuenta de una operación de venta llevada a cabo en la Sala Sotheby’s de Nueva York. Una pequeña escultura “mesopotámica”, de apenas 8 cm de altura, propiedad de la familia Martin y depositada temporalmente en el Brooklyn Museum of Art, había sido vendida por 57,16 millones de dólares. En el segundo de los diarios citados, N. Pulido añadía interesantes comentarios a la sorprendente noticia y los más sorprendentes aún beneficios –porque sí, el dato es correcto, 57,61 millones de dólares por una escultura de 8 cm-, señalando además las características de la puja y algunos datos de la “historia” de tan singular pieza, que en 1948 había sido adquirida por el coleccionista Alastair Bradley Martin y su esposa Edith. Y aunque el periodista añadía que el dinero recaudado iba a ser ingresado en un fondo benéfico creado por la familia Martin, el hecho en sí y sus circunstancias me llevan a escribir asombrado por la tranquilidad de Shoteby’s, la buena conciencia de los Martin y la indiferencia con la que asistimos al espectáculo de cierto comercio de antigüedades. Una situación de la que cuando menos cabe afirmar, como bien sugieren los italianos en situaciones semejantes, su agudo manca finezza!


El año 2003, poco después de acabado el asalto estadounidense y británico a Iraq –que produjo incontables pérdidas en los museos, la destrucción de las bibliotecas fundamentales y los archivos del país, así como la apertura de su patrimonio a toda suerte de traficantes y saqueadores-, Philippe de Montebello, director del Metropolitan Museum de Nueva York, inauguraba una gigantesca exposición que bajo el título Art of the First Cities. The Third Millennium B. C. from the Mediterranean to the Indus sacaba a la luz 314 piezas selectas procedentes de museos de todo el mundo y coleccionistas particulares. Sin entrar en la cuestión de la oportunidad de la muestra –cuando aún se contabilizaban las consecuencias del saqueo del Iraq Museum de Bagdad-, cualquiera podría haberse hecho en parte entonces y desde luego hoy, las mismas consideraciones que yo me hago ahora, al ver en el catálogo de la exposición editado por Joan Aruz, en las páginas 44 y 45, varias fotografías magníficas y una ficha escrita por Holly Pittman, sobre la pieza vendida y objeto de esta reflexión: “Standing lioness demon. Magnesite or crystalline limestone. H. 8.8 cm; W. 6.2 cm. Iran. Proto-Elamite, ca. 3000-2800 B. C. On loan to the Brooklyn Museum of Art L. 48.7.9, Collection of Robin B. Martin”. Y es que entonces y ahora, todo es asombrosamente legal y de acuerdo con los sistemas de valores dominantes. Pero a mí al menos, mucho de todo esto me resulta irritante.

La pieza debió ser adquirida legalmente en el comercio de antigüedades de EEUU el año 1948. En la prensa española, la figurita viene señalada como “mesopotámica” -aunque la bibliografía técnica sugiere su procedencia iraní-; pero en aquellos años, la Ley de Antigüedades nº 59 de 1936, vigente en Iraq, mantenía la ilegalidad de la compra y venta de objetos arqueológicos dentro del país y hacia fuera del mismo. El patrimonio arqueológico se consideraba propiedad pública y de la nación iraquí, por lo que una pieza de tal procedencia y salida al mercado habría sido de curso ilegal y por tanto, de necesario escamoteo oscureciendo su origen. Pero si el origen iraní fuera cierto como parece, los datos introducidos en la ficha permiten suponer igualmente su ilegal condición última: es de Irán, está fechada, pero no se indica el sitio exacto de procedencia porque no cabría indicarlo, dado que en Irán sólo podían emprenderse entonces excavaciones bajo una reglamentación protectora de su patrimonio. Así que de acuerdo con la práctica del comercio de antigüedades, un experto occidental tuvo que asegurar su autenticidad y su datación, con lo que la pieza adquirió un valor de mercado. Y vaya si lo adquirió, dada su calidad y su rareza. Pero claro está, como la venta se realizó en el marco legal de un país, en el que su comercio estaba legalizado, la propiedad adquirida resultaba por tanto legal y legítima.

La curiosa sensibilidad de la alta burguesía estadounidense hizo que la pequeña leona fuera cedida en préstamo al Museo de Brooklyn, y que allí fuera adquiriendo fama a los ojos de la ciudadanía del país, sus visitantes y los estudiosos de los países más importantes que la incluyeron en sus libros, repitiéndose por el mundo la ilustración de tan pequeña escultura. De este modo, el bien adquirido venía a ser de dominio público, lo que era algo, ciertamente, pero… La verdadera propiedad era privada. Y como tal, cuando los herederos del primer propietario lo han decidido, la pequeña leona ha sido otra vez vendida en el mercado de antigüedades de una sala de subastas y la pieza ha sido nuevamente adquirida, esta vez por “un comprador inglés que estaba en la sala y que ha preferido mantener su anonimato”. Y ahora a esperar a que vuelva a salir a la luz, puesto que ha sido legalmente vendida en un mercado legal de antigüedades, en un país y una sociedad repleta de derechos, leyes, despachos de abogados y tribunales justos, pero ...

En la época que estamos viviendo, marcada por el escándalo del saqueo y destrucción del patrimonio cultural y arqueológico de Iraq –y de Afganistán, no lo olvidemos-, la ineficacia absoluta de los organismos internacionales y la medrosa conducta de los gobiernos democráticos, la venta de una pieza tal por 57,16 millones de dólares (¡!) es un escándalo. Por mucho que su producto termine en un fondo benéfico. Y la historia toda es un buen ejemplo de los mecanismos que hacen posible la vitalidad del comercio de antigüedades arqueológicas procedentes de Oriente, validando una vez más la presunción, tantas veces señalada y puesta en cuestión, de que el comercio ilegal de antigüedades arroja beneficios superiores al tráfico de drogas. Irónicamente, una operación legal viene a refrendarla. Desde luego, y como tan sutilmente señalaría un italiano, en todo esto manca finezza!




Nota de prensa publicada en el diario La Razón de 7 de diciembre de 2007



Artículo de N. Pulido publicado en el diario ABC de 7 de diciembre de 2007



Joan Aruz (ed.).- Art of the First Cities.
The Third Millennium B. C. from the Mediterranean to the Indus
.
The Metropolitan Museum of Art, New York 2003




Reproducción de la leona vendida en Sotheby’s, Nueva York,
publicada en J. Aruz (ed.), op. cit., p. 44.



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martes, 13 de noviembre de 2007

El robo de los mapamundis de la Biblioteca Nacional ha estallado en la prensa española como un hecho increíble, inaudito. Craso error. El relato de los periódicos revela la impunidad del movimiento ilegal de obras de arte y su fácil comercialización en los mercados, en los que hay salida incluso a bienes de propiedad declarada. Pero como el escándalo internacional se ha hecho tan insistente, y afecta a la Biblioteca Nacional de un estado miembro de la Unión Europea y la OTAN, los mecanismos de recuperación y devolución han tenido que moverse -ahora al menos-, con cierta rapidez. Sin embargo, pocos habrán reparado en que la posesión de buena fe –acreditada por una compra legal y en una casa comercial legal de subastas legales (“porque Bruto es un hombre honrado”)-, requerirá compensación económica. Y si no ahora, lo es en la mayoría de los casos, convirtiéndose la recuperación de un bien ilícitamente exportado y comercializado, en un costoso e inacabable calvario judicial. Porque la propiedad adquirida en el mercado es legítima, y... “Bruto es un hombre honrado”.
Leyendo pues de las peripecias sufridas por nuestros mapamundis, que circunstancialmente han unido las ciudades de Madrid, Londres, Nueva York o Buenos Aires en la siempre lozana red del tráfico ilegal de obras de arte, otra noticia me llama la atención: la exposición “Nínive. El palacio sin igual de Senaquerib”. Organizada por la Universidad y el Centro de Excavaciones de Turín, la exposición ha recogido en sus salas y en un interesante libro de ciento sesenta y siete páginas (C. Lippolis, 2007), la historia del descubrimiento del palacio de Senaquerib,  rey de Asiria, la inmisericorde degradación y el saqueo paulatino que sufrió durante los doce años de bloqueo de Iraq, la práctica  liquidación de sus restos visibles tras la ocupación en el 2003 -gracias a los buenos oficios de furtivos proveedores del mercado occidental y oriental- y, en fin, los trabajos de restauración seguidos contra viento y marea por los científicos de Turín.

En la época del bloqueo y durante la actual ocupación de Iraq también, las instituciones científicas italianas, respaldadas por los sucesivos ejecutivos de Roma, se han destacado en la lucha por la protección del patrimonio cultural de Iraq y su restauración, incluso en las peores condiciones. Estudios detenidos del problema (M. Fales, 2004), una cooperación decidida con el Museo de Iraq y sus especialistas (P. Bianco, 2004), respaldo al control del tráfico con catalogación y salvaguarda de lo decomisado en fronteras (R. Menegazzi, 2005) y reiteración por vía de exposiciones y publicaciones en los esfuerzos por salvar este patrimonio de la Humanidad, honran a la ciencia italiana y a quienes han apoyado este empeño. Pero el saqueo de Iraq, sus sitios arqueológicos y monumentos continúa hoy sin tasa ni medida. El prestigioso periodista Robert Fisk publica datos de todo punto estremecedores, corroborados por la también periodista y arqueóloga libanesa Joanne Farchakh y el Dr. John Curtis, Conservador del Museo Británico. Con la pérdida de los marcos culturales vigentes desde la creación del mismo Iraq, los yacimientos arqueológicos son pasto del saqueo: por un simple sello cilíndrico, los traficantes pagan a los campesinos hasta 50 dólares. ¿Quién va a perseguir el tráfico de unas antigüedades hasta ahora desconocidas, porque proceden de excavaciones ilegales?

Pero como un objeto antiguo sólo adquiere valor económico real –de mercado, para entendernos hoy-, cuando un experto garantiza su autenticidad y su época, la presencia en el comercio de piezas arqueológicas de Oriente Próximo sin indicación de lugar preciso de procedencia –un escueto “III milenio, Mesopotamia”, basta para otorgar precio en el mercado- es por sí misma sospechosa. La publicación en español de la Lista Roja (2006) –documento de referencia de la UNESCO para ayudar en la identificación de piezas arqueológicas en tránsito ilegal- no es un esfuerzo excesivo para un país como España. Se deberían hacer muchas más cosas. Se podrían hacer. Pero la historia de los mapamundis de la Biblioteca Nacional tendría al menos que hacernos reflexionar. Porque el Patrimonio de la Humanidad es uno, y todos estamos comprometidos con su custodia y su estudio. Exigimos que se nos restituyan nuestros mapas, y eso está bien. Pero deberíamos trabajar también por la devolución de los bienes robados a los yacimientos arqueológicos y a los museos de Iraq, cooperando todos a fuer de ciudadanos y estudiosos. Y hasta que prevalezca la justicia en ese país, como gentes solidarias que los españoles somos, como científicos comprometidos, mirémonos en el espejo italiano: la voluntad de unos pocos ha hecho más por la justicia que INTERPOL, ICOM, UNESCO y tantas organizaciones llamadas a defender el patrimonio y la ley. La exposición de Turín es un recuerdo de que la tragedia continúa. Pero también un ejemplo del honor del pueblo italiano. Y aunque sólo sea en estas notas y en la reflexión de quienes pudieran leerlas, resulta que la casualidad hace que hoy se hayan unido, aún simbólicamente, las ciudades de Madrid, Turín y Bagdad, en obligado recuerdo del saqueo inclemente de la historia de un pueblo, y en honor de los que luchan contra la cobardía y el silencio.

Para saber más




C. Lippolis (ed.).- Ninive. Il palazzo senza eguali di Sennacherib. Torino 2007


M. Fales.- Sacchegio in Mesopotamia. Udine 2004 (2ª edición, 2006)


P. Bianco (ed.).- Iraq prima e dopo la guerra. Roma 2004


R. Menegazzi (dir.).- En Endangered Cultural Heritage. Iraqi Antiquities Recovered in Jordan. Firenze 2005


Lista Roja de antigüedades iraquíes en peligro. Madrid 2006




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miércoles, 11 de julio de 2007

En su número 141 correspondiente al mes de julio de 2007, publica Le Monde Diplomatique un largo artículo de Bernard Müller, que bajo la cabecera A Debate. Patrimonios saqueados y con el título “¿Hay que devolver los botines de las guerras coloniales?” (pp. 26-27) trata el asunto de los bienes culturales expoliados en el curso de las guerras coloniales del siglo XIX y comienzos del XX en África y Asia especialmente. El tema no deja de ser interesante, sin duda, pero su lectura me ha producido –aunque por inducción indirecta- no poca perplejidad, ante el hecho de que sucesos más o menos relevantes del pasado ocupen tan sesudos comentarios y actos de contrición, mientras que la tragedia presente de la cultura y el patrimonio en Iraq o el escándalo del tráfico de bienes culturales –casi en su 99,9% hacia manos privadas- permanezca en un vergonzoso silencio que ya es cómplice. La misma perplejidad que me produce, tras meses de lectura de los comentarios recibidos, la indiferencia que la sociedad española muestra ante dicha tragedia. Y todo eso, en una semana en la que los medios de información han desatado una verdadera pasión por la nueva lista de las “Siete maravillas de la Humanidad”.
Ni la UNESCO, ni los estados signatarios de las convenciones internacionales ni, por supuesto, las tropas de ocupación responsables en última instancia o el agónico “gobierno iraquí”, han querido ni sabido aplicar las leyes y las prevenciones para frenar el saqueo de los yacimientos arqueológicos, la degradación del patrimonio artístico y el tráfico incesante de los bienes culturales. Leo atentamente las revistas de subastas de obras de arte, y me asombra la cuidadosa desaparición de objetos mesopotámicos, cuando es un secreto a voces que el tráfico es tan alto, que los precios han tenido que bajar. La prensa árabe en papel e internet (http://www.azzaman.com) dedica a veces comentarios sobre el tema. Menos ya la occidental. Pero la tragedia continúa, aunque la información escasee entre otras cosas, porque una buena parte de los profesionales iraquíes han sido asesinados o han tenido que emigrar, y los que quedan se ven sin medios y continuamente amenazados.

¿Qué podemos hacer? El artículo de B. Müller me sugiere lo que no debemos: distraernos con sucesos pasados. Bueno es que recordemos la historia para no repetirla. Pero está fuera de lugar reescribirla. Es absurdo pedir perdón por la Guerra de los Treinta Años. Pasó porque su tiempo era así. Lo que hemos de evitar hoy es comportarnos de forma parecida. Y con las antigüedades igual. Los directores de los museos más importantes han firmado una declaración que señala lo improcedente de las restituciones –salvo casos muy especiales y de auténtico latrocinio, claro está (http://icom.museum)-; pero, ¿devolver los relieves de Jorsabad y Nínive hoy en París o Londres? Cuando el gobierno turco desarrolló leyes sobre excavaciones (1869, 1874, 1884 y 1906) las exportaciones masivas cesaron. Y hace mucho que los arqueólogos occidentales son los primeros defensores del patrimonio de los pueblos estudiados. Pero sí debemos, sí podemos hoy luchar contra el tráfico ilegal que lleva la cultura de la Humanidad a las colecciones privadas de magnates egoístas o coleccionistas maniáticos. Entonces, ¿qué podemos hacer? No cejar, defender la propiedad de los pueblos sobre sus bienes, denunciar el comercio ilegal y no favorecer el legal. La cultura y el arte deben ser públicos y abiertos a todos. Y hay que defender en Iraq el derecho y el patrimonio de la Humanidad.

Y en lo concerniente a nuestra sociedad, me asombra la indiferencia sobre la desgracia ajena, al tiempo que señalamos como una injusticia que la Alhambra no haya sido escogida entre las supuestas “Maravillas de la Humanidad”. Reflejo sin duda de una opinión condicionada y conducida es la indiferencia y la ignorancia que revelan la mayoría de los comentarios recogidos hasta ahora en el blog: casi todos pertenecen a estudiantes universitarios (!) que buscan material para sus trabajos con una intención manifiesta: seleccionar y pegar. Ninguna consulta, debate, aportación de ideas ... Y ninguno parece saber lo que es verdaderamente un blog, puesto que le pide aquello que un blog no debe ni tiene que dar. Tanta estolidez, ¿es fruto de la edad, o de un ambiente en el que se esta pervirtiendo lo que deberían ser la ilusión, la generosidad, los ideales de la juventud?. Mas como hablamos de la Humanidad y de sus valores más profundos, debemos continuar la empresa que nos marcamos.

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El pasado día 3 de julio, la prensa daba cuenta del asesinato en Yemen de varios turistas españoles y de algunos de sus conductores y escoltas yemeníes. La tragedia sufrida por nuestros compatriotas, sus acompañantes yemeníes y las familias de unos y otros ha sido ya reiteradamente tratada en los medios, y creo que no es el caso continuar glosando un dolor sin posible consuelo. Pero quisiera recordar por lo menos, en homenaje y memoria de nuestros viajeros asesinados, que su enamorada contemplación de las ruinas de Marib y su repentina e injusta muerte sucedió en el mismo sitio en el que hace ya varios siglos, otros dos viajeros españoles vieron extasiados y por vez primera respecto a sus contemporáneos y antepasados europeos, los imponentes restos de la ciudad que la leyenda atribuía a la reina de Saba’, supuesta señora de una Arabia que los clásicos llamarían Arabia felix.



Cuando hace ya un año se celebró en el Museo Arqueológico Nacional una exposición sobre “La aventura española en Oriente (1166-2006). Viajeros, museos y estudiosos en la historia del redescubrimiento del Oriente Próximo antiguo”, los recuerdos, libros y rostros de muchos viajeros y estudiosos españoles hasta entonces sólo conocidos por los especialistas se restituyeron a la conciencia de nuestro pasado y nuestra cultura. Desde entonces, cualquier mención a los paisajes, ruinas o modernas ciudades de Oriente casi a diario citados en periódicos, radio o televisión pueden ser asociados con alguno de nuestros compatriotas pasados, que desde el Medievo a los inicios del siglo XX demostraron con sus viajes, libros o pinturas un especial amor por Oriente. Un amor para el que estaban –y nosotros estamos- mejor preparados que otros europeos por una larga historia de convivencia y guerras en nuestra Edad Media, y que como cualquier gran amor cuesta a veces hasta el sacrificio de la vida.

En 1589, dos sabios sacerdotes jesuitas, el madrileño Pedro Páez y el barcelonés de Vich Antonio de Montserrat, fueron capturados en Dhofar de Omán, cuando viajaban hacia Etiopía. El jefe de la ciudad resolvió enviarlos a su rey, y tras corto viaje de cinco días por mar y desembarco en as-Shihr, comenzó un tremendo trayecto forzado por el desierto y los montes del Hadramawt, en el curso del cual conocieron ciudades y gentes, siendo estimados a veces, maltratados otras, pero curiosos siempre de paisajes, costumbres y personas: un hermano del rey les ofreció una bebida desconocida –el café-, de la que Páez escribiría después. Y un día, casi doscientos kilómetros antes de alcanzar la capital del reino en Sana’, ambos jesuitas llegaron a un sitio llamado Melquis “donde había ruinas de grandes edificios y muchas piedras con letras antiguas, que los naturales no sabían leer ni dar razón de ellas”. Era Marib de Saba’. Luego, tras años de aventuras y sufrimientos, ambos sacerdotes serían rescatados por orden de Felipe II. Mayor de edad y muy afectado por las penalidades, Montserrat moriría pronto en Goa, si bien antes pudo acabar de escribir su anterior aventura en Asia Central y el Gran Mogol. Más joven que él, Páez se recuperó y alcanzó al fin Etiopía, descubrió las fuentes del Nilo Azul y escribió sus aventuras en Arabia y la historia del país que adoptó y donde murió en 1622.

A finales del siglo XVI, dos españoles contemplaban admirados las ruinas de Marib. Hace poco, otros españoles enamorados también de las ruinas antiguas, más viajeros que turistas, han muerto en el mismo sitio de esa Arabia felix. Aquellos y éstos, hermanos de nación, espíritu y sentimientos, más allá del tiempo y el espacio entrelazan ya sus manos en la gran cadena de los que sin miedo amaron el saber y a los otros al precio de su vida. Que descansen en paz.


Para saber más

Montserrat Mañé Rodríguez
“El padre Pedro Páez. El primer viajero europeo conocido que cruzó el sur de Arabia”
ARBOR, 711-712 (2005), pp. 595-616.


Pedro García Martín
“Colores de Occidente y perfumes de Oriente: los viajeros hispanos de los Siglos de Oro”
En J. Mª Córdoba y Mª C. Pérez Díe (eds.).- La aventura española en Oriente (1166-2006). Viajeros, museos y estudiosos en la historia del redescubrimiento del Oriente Próximo antiguo. Ministerio de Cultura, Madrid 2006, pp. 73-88.


Josep L. Alay (ed.)
Antoni de Montserrat. Embajador en la corte del Gran Mogol.
Editorial Milenio, Lérida 2006.

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lunes, 16 de octubre de 2006

Algún corresponsal se queja de la escasez de datos disponibles en nuestro blog sobre el tema del patrimonio saqueado en Iraq. Aunque sugerimos enlaces en los que recabar mayor información, la verdad es que el tono de un blog no permite ser demasiado exhaustivo. Porque lo que queremos es debatir sobre el asunto, preguntarnos, reflexionar. Pero algunas noticias nos pueden dar pie a replantear el tema. Recientemente, el Dr. Donny George, Director de la Organización Estatal de Antigüedades y Patrimonio de Iraq, ha marchado al exilio en Siria con su familia. La partida de un hombre de tan gran prestigio y general estima, tanto dentro como fuera de las fronteras de Iraq, supone una de las más graves pérdidas de la acosada intelectualidad en el interior de Iraq y, desde luego, una irreparable pérdida para quienes llevan a cabo una lucha heroica y consecuente en defensa del patrimonio arqueológico y cultural de la humanidad en el suelo iraquí.
Desde años antes pero sobre todo, desde la I Guerra del Golfo, Donny George fue uno de los principales pilares de la lucha contra el saqueo del patrimonio, los yacimientos arqueológicos y el tráfico ilegal de obras de arte. Bien conocido en los medios anglosajones a través de conferencias y entrevistas numerosas, estimadísimo personal y científicamente por todos los especialistas europeos y estadounidenses activos en Mesopotamia, tras el saqueo del Museo Nacional de Iraq en abril del 2003, Donny George fue el rostro y la voz de los técnicos iraquíes que apareció en noticiarios, fotografías e incluso en la famosa videoconferencia mantenida por el coronel M. Bogdanos desde Bagdad con las autoridades de EEUU. En 1999, sicarios de las mafias internacionales ya intentaron matarle. Ahora, las amenazas, el clima de opresión cultural y  la imposibilidad de ejercer la defensa del patrimonio al que ha entregado su vida le han llevado a marchar fuera del país.

Tras la I Guerra del Golfo, Iraq vio saqueados 11 museos –varios por completo- y miles de piezas desaparecieron por los canales del tráfico ilegal. El bloqueo negó la colaboración internacional obligada, y desde 1994, el hundimiento del estado y la creciente dureza del embargo abrio miles de yacimientos al saqueo furtivo. El comercio internacional en Inglaterra, Francia, Japón, EEUU y otros países se inundó de objetos mesopotámicos. Decenas de miles de piezas suponían el destrozo de centenares de yacimientos. Y además, por causa misma del embargo, los objetos almacenados en los museos empezaron a sufrir daños irreparables. La nueva Guerra del año 2003 supuso la reanudación de los saqueos, el escándalo internacional del asalto al Museo Nacional, el incendio de la Biblioteca Nacional y la de muchas otras bibliotecas y centros de investigación. Y luego, con la ocupación, el ascenso de organizaciones integristas y la crisis del esquema laico que Iraq había adoptado desde sus comienzos como nación, en época del rey Faysal, vendría la quiebra de la sociedad moderna iraquí. Al tiempo que la resistencia nacional y grupos violentos de extremistas se enfrentaban entre sí y con las fuerzas de los EEUU/Gran Bretaña o el actual gobierno iraquí, se inició una caza de pensadores y técnicos que ha supuesto el asesinato de centenares de profesores de universidad, científicos y reputados intelectuales. La eliminación violenta de la intelectualidad iraquí es otro de los escándalos apenas conocido fuera del mismo Iraq o las organizaciones comprometidas con los derechos humanos. Centenares, miles de profesionales del mayor prestigio han tenido que emigrar para salvar su vida y la de sus familias, lo mismo que antes, durante el embargo, otros centenares lo hicieron para poder vivir con dignidad. Iraq se desangra. Iraq es desangrado. La salida obligada de Donny George es un símbolo de la tragedia a la que el pueblo iraquí se ha visto abocado. Con su partida, la vieja Mesopotamia queda un poco más indefensa. Pero nosotros, ¿qué podemos hacer?   

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domingo, 10 de septiembre de 2006

Oriente antiguo, la arqueología y sus grandes hallazgos desde el siglo XIX hasta hoy en Niníve, Babilonia o Ebla, la riqueza de los museos de París, Londres o Berlín, los nombres de grandes descubridores como Botta, Layard, Rawlinson, Koldewey, Andrae, Woolley, Parrot o Matthiae forman parte ya de la cultura europea. La singular coincidencia de eventos acaecidos en 2006 en Madrid -un importante Congreso Internacional, una exposición y distintas publicaciones-, nos ha desvelado la ignorada participación española en la aventura europea en Oriente.
Relacionado todo con un espacio tan inmenso como convulso, el Oriente Próximo -desde las costas del Mediterráneo Oriental a las estepas de Asia Central, el valle del Indo y las costas meridionales de Arabia-, pasado y presente resultan hoy especialmente interesantes. Parece llegado el momento de discutir entre nosotros, de reflexionar sobre temas tales como los grandes hallazgos antiguos y modernos, los museos sobre Oriente Antiguo y su función, la aventura viajera española y nuestra ciencia en Oriente, o la infame ignominia del expolio de Iraq y el tráfico ilegal e impune de antigüedades.
Entre los días 3 y 8 de abril de este año, se ha celebrado en la Universidad Autónoma de Madrid, el 5th International Congress on the Archaeology of the Ancient Near East. La realización de dicho encuentro en España y en nuestra ciudad supone un reconocimiento al esfuerzo hecho por la ciencia española en Oriente Próximo durante las pasadas décadas. Unos quinientos cincuenta especialistas procedentes de la mayor parte de los países de Oriente y Europa, además de EEUU, Japón o Australia, presentaron durante los cinco días del congreso otras tantas comunicaciones en las cuatro áreas temáticas y en los distintos Talleres de trabajo. La historia de la investigación, la arqueología y el entorno de las aldeas y ciudades antiguas, la artesanía y el arte, y los resultados más novedosos fruto de recientes investigaciones ocuparon la atención y los debates. Por su misma realización en nuestro país, con este V Congreso Internacional el trabajo de los científicos españoles dedicados a Oriente Próximo ha quedado definitivamente integrado en el marco general de la investigación avanzada. Unos resultados que nos han de llenar de satisfacción a todos sin distinción, porque es consecuencia del esfuerzo de todos durante largos años.

La coincidencia en Madrid y por vez primera, de la comunidad científica internacional dedicada a esta ciencia, animó la organización de una exposición en el Museo Arqueológico Nacional, que bajo el título de “La aventura española en Oriente (1166-2006). Viajeros, museos y estudiosos en la historia del redescubrimiento del Oriente Próximo antiguo”, ha dado a conocer a dicha comunidad y a la sociedad española en general, la historia ignorada de nuestros viajeros a Oriente, desde el Medievo a comienzos del siglo XX: ha sacado a la luz la existencia casi desconocida de colecciones arqueológicas y epigráficas de gran utilidad didáctica. Y ha reunido información sobre la mayor parte de las excavaciones españolas, desde las primeras en Dalal hasta las actuales, reartidas por todo Oriente. La exposición [anverso y reverso del tríptico] sacó a la luz libros, manuscritos, óleos y objetos, material arqueológico, fotografías y mapas que han ayudado también a situar en la historia de la investigación europea en Oriente, la aportación española [galería]. España ha sentido por Oriente la misma curiosidad que otras naciones europeas, pero al igual que sucede en Rusia, una larga historia compartida en paz y guerras nos permite acercanos a Oriente de un modo especial. Los libros editados con ocasión de esta exposición [sobre los viajeros, las excavaciones y en inglés], los relatos de los viajeros y la misma reflexión a que esta exposicion nos ha obligado, nos ha permitido también reencontrarnos con nuestro singular papel en la historia del redescubrimiento europeo de Oriente.

La celebración de un congreso de tal entidad sobre la Arqueologia de Oriente Próximo en Madrid por fuerza nos ha acercado también al problema del saqueo del patrimonio arqueológico y cultural de Iraq y, por extensión, al expolio y tráfico ilícito de antigüedades procedentes de buena parte de los países de Oriente, desde Líbano a Irán o Afganistán. Un “taller de trabajo” del Congreso, propuesto por el Comité Organizador y coordinado por el Prof. McGuire Gibson, puso de relieve temas candentes. Pero la historia de la destrucción del patrimonio iraquí y la impunidad del tráfico internacional es ya larga [selección de obras editadas]. Países como Italia han dado un ejemplo magnífico de cooperación. Pero es algo que nos compromete a todo.

En resumen, con el congreso, las exposiciones y la actividad de nuestros estudiosos, la historia, la ciencia, los problemas actuales de una región tan atormentada pero tan apasionante ha quedado estrechamente vinculada a nuestros intereses culturales.

17:59 | gestionado por Joaquín Mª Córdoba | Enviar comentario (2)