En su número 141 correspondiente al mes de julio de
2007, publica
Le Monde Diplomatique un largo artículo de Bernard
Müller, que bajo la cabecera
A Debate. Patrimonios saqueados y con el
título
“¿Hay que devolver los botines de las guerras coloniales?” (pp.
26-27) trata el asunto de los bienes culturales expoliados en el curso de las guerras
coloniales del siglo XIX y comienzos del XX en África y Asia especialmente. El
tema no deja de ser interesante, sin duda, pero su lectura me ha producido
–aunque por inducción indirecta- no poca perplejidad, ante el hecho de que sucesos
más o menos relevantes del pasado ocupen tan sesudos comentarios y actos de
contrición, mientras que la tragedia presente de la cultura y el patrimonio en
Iraq o el escándalo del tráfico de bienes culturales –casi en su 99,9% hacia
manos privadas- permanezca en un vergonzoso silencio que ya es cómplice. La
misma perplejidad que me produce, tras meses de lectura de los comentarios
recibidos, la indiferencia que la sociedad española muestra ante dicha
tragedia. Y todo eso, en una semana en la que los medios de información han
desatado una verdadera pasión por la nueva lista de las “
Siete maravillas de
la Humanidad”.Ni la UNESCO, ni los estados signatarios de las
convenciones internacionales ni, por supuesto, las tropas de ocupación
responsables en última instancia o el agónico “gobierno iraquí”, han querido ni
sabido aplicar las leyes y las prevenciones para frenar el saqueo de los yacimientos
arqueológicos, la degradación del patrimonio artístico y el tráfico incesante
de los bienes culturales. Leo atentamente las revistas de subastas de obras de
arte, y me asombra la cuidadosa desaparición de objetos mesopotámicos, cuando
es un secreto a voces que el tráfico es tan alto, que los precios han tenido
que bajar. La prensa árabe en papel e internet (
http://www.azzaman.com)
dedica a veces comentarios sobre el tema. Menos ya la occidental. Pero la
tragedia continúa, aunque la información escasee entre otras cosas, porque una
buena parte de los profesionales iraquíes han sido asesinados o han tenido que
emigrar, y los que quedan se ven sin medios y continuamente amenazados.
¿Qué podemos hacer? El artículo de B. Müller me
sugiere lo que no debemos: distraernos con sucesos pasados. Bueno es que
recordemos la historia para no repetirla. Pero está fuera de lugar
reescribirla. Es absurdo pedir perdón por la
Guerra de los Treinta Años.
Pasó porque su tiempo era así. Lo que hemos de evitar hoy es comportarnos de
forma parecida. Y con las antigüedades igual. Los directores de los museos más
importantes han firmado una declaración que señala lo improcedente de las
restituciones –salvo casos muy especiales y de auténtico latrocinio, claro está
(
http://icom.museum)-;
pero, ¿devolver los relieves de Jorsabad y Nínive hoy en París o Londres?
Cuando el gobierno turco desarrolló leyes sobre excavaciones (1869, 1874, 1884
y 1906) las exportaciones masivas cesaron. Y hace mucho que los arqueólogos
occidentales son los primeros defensores del patrimonio de los pueblos
estudiados. Pero sí debemos, sí podemos hoy luchar contra el tráfico ilegal que
lleva la cultura de la Humanidad a las colecciones privadas de magnates
egoístas o coleccionistas maniáticos. Entonces, ¿qué podemos hacer? No cejar,
defender la propiedad de los pueblos sobre sus bienes, denunciar el comercio
ilegal y no favorecer el legal. La cultura y el arte deben ser públicos y
abiertos a todos. Y hay que defender en Iraq el derecho y el patrimonio de la
Humanidad.
Y en lo concerniente a nuestra sociedad, me asombra
la indiferencia sobre la desgracia ajena, al tiempo que señalamos como una
injusticia que la Alhambra no haya sido escogida entre las supuestas
“Maravillas
de la Humanidad”. Reflejo sin duda de una opinión condicionada y conducida
es la indiferencia y la ignorancia que revelan la mayoría de los comentarios
recogidos hasta ahora en el blog: casi todos pertenecen a estudiantes
universitarios (!) que buscan material para sus trabajos con una intención
manifiesta: seleccionar y pegar. Ninguna consulta, debate, aportación de ideas
... Y ninguno parece saber lo que es verdaderamente un blog, puesto que le pide
aquello que un blog no debe ni tiene que dar. Tanta estolidez, ¿es fruto de la
edad, o de un ambiente en el que se esta pervirtiendo lo que deberían ser la
ilusión, la generosidad, los ideales de la juventud?. Mas como hablamos de la
Humanidad y de sus valores más profundos, debemos continuar la empresa que nos
marcamos.