El riesgo siempre latente de que
los inmigrantes se vean excluidos de los beneficios del sistema social se agranda,
sin duda, en época de crisis económica. El riesgo lo corren ciertamente también
los autóctonos: para (casi) todos el paro representa la gran amenaza. Pero los
inmigrantes deben cargar además con un sambenito permanente: son cabezas de turco siempre disponibles para cargar sobre ellos la responsabilidad de
los problemas que afectan al conjunto de la sociedad.
No es cuestión baladí que en
estos tiempos de zozobra los inmigrantes encuentren mayores trabas para alquilar
viviendas, para ubicar sus lugares de culto - bien sean mezquitas bien sean templos de
confesiones cristianas no católicas -, para ser contratados o para ser
escolarizados si es que están en edad para ello.
Con todo, de todas las dificultades a las que se enfrentan hoy un inmigrante en
España – y, general, en Europa – la más grave es, sin duda, la de
quedarse desempleado. Es cierto que este riesgo lo comparte con el autóctono,
pero hay una diferencia abismal. En tiempos de crisis aprieta la presión para
ilegalizar y expulsar a los inmingrantes legales que hayan perdido su puesto de trabajo. Si
esto sucediera, esto es, si la administración pública se dedicara a fabricar
irregulares denegándoles la renovación del permiso de trabajo, entonces se atentaría directamente contra el contenido básico de los derechos humanos sobre los que se asienta
nuestro sistema político: el derecho de toda persona a recibir un igual trato.
Si a un inmigrante se le arroja a la irregularidad porque carece de trabajo se está echando por la borda toda la labor efectuada a favor de la integración
social. en los últimos años. El inmigrante irregular se quedará en el país – pues no hay medios para
echarlos a todos, ni tienen medios propios para irse – y de este modo se consolidará una
clase marginal que, para empezar, carecerá del mínimo reconocimiento legal. Se habrá avanzado así en la exclusión social de una parte de los residentes en el país y, por tanto, en la desestructuración de la sociedad. ¿Cómo construir entonces una sociedad integrada?