Por Carmen Doménech
A
primeros de marzo se presentaron los resultados preliminares del estudio ILSEG
para Madrid: La
Segunda Generación en Madrid: Un Estudio Longitudinal, un trabajo de
investigación sociológica dirigido por Alejandro Portes (Universidad de
Princeton) y Rosa Aparicio (Universidad P. Comillas).
Los
datos presentados proceden de la primera fase de la investigación que se
realizó sobre una muestra representativa de estudiantes hijos de inmigrantes en
colegios de las áreas metropolitanas de Madrid y Barcelona, tanto públicos como
concertados. El objetivo del estudio es volver a encuestar a los componentes de
esta muestra dentro de unos años, para saber cómo han evolucionado sus vidas y
sus expectativas de integración en la sociedad española.
Entre
los resultados más interesantes y comentados se encuentran los siguientes:
·
La segunda generación en España es aún muy joven, los hijos de
inmigrantes nacidos en España sólo representan el 13% del total. El 87%
restante pertenecen a lo que se conoce como generación “1.5”, nacidos en el extranjero
y llegados a España durante la niñez.
·
Los descendientes de inmigrantes no perciben gran rechazo por parte de
la población autóctona y creen en la existencia de igualdad de oportunidades
·
Más de la mitad de los adolescentes nunca se ha sentido discriminado en
España y sólo un 5% declara haberlo sido “muchas veces”
·
Sólo un tercio aproximado de estos chicos se considera español, el
resto se identifica con sus nacionalidades de origen. Lo que, sin duda, está
relacionado con que la gran mayoría no ha nacido en España.
·
Más de un 40% de los nuevos españoles no tendría interés en quedarse en
el país, y prefieren trasladarse a otra nación del mundo desarrollado
Los hijos de
inmigrantes, la llamada segunda generación, no percibe, al menos en Madrid, un
gran rechazo por parte de la población autóctona y tiene fe en la existencia de
oportunidades de movilidad ascendente para todos. Sin embargo, hay una clara
brecha entre sus aspiraciones y expectativas. El 53 por ciento aspira a la
universidad, pero menos de la mitad -un 23 por ciento-, confía realmente en
acceder a ella. Para muchos estudiosos del tema migratorio, esta brecha
entre aspiraciones y expectativas ha sido el origen de los conflictos ocurridos
en otros países europeos, como Francia y Gran Bretaña, con las segundas
generaciones.
El dominio del idioma, otra de las preocupaciones clásicas en relación
a los hijos de inmigrantes, es en este estudio muy positivo. La abrumadora
mayoría de los hijos de inmigrantes domina el castellano. El estudio concluye
que la integración lingüística ha ocurrido rápidamente en la segunda
generación, lo que sin duda tiene que ver con que aproximadamente el 70% de los
mismos procede de países latinoamericanos.
Los
orígenes nacionales de los nuevos españoles son extremadamente variados. Más de
60 diferentes nacionalidades aparecen en la muestra. El país de origen
predominante es Ecuador, seguido de Colombia, Rumania, Perú, Marruecos,
Republica Dominicana, Bolivia y Bulgaria.
Para estos jóvenes la identidad nacional es mucho más importante que
la religiosa. Más del 85% de los mismos así lo declara. Un dato significativo
es que sólo un tercio aproximado de esta población se considera español. El
resto se identifica con su nacionalidad de origen, siendo ecuatoriana,
colombiana y rumana las más numerosas.
Las conclusiones preliminares nos sitúan frente a un complejo, no
negativo, panorama con respecto a las identidades y planes de futuro de la
segunda generación. La relativa escasez de la auto-imagen española y la fuerza
de identidades y redes sociales étnicas refleja fundamentalmente el carácter
reciente de la migración, lo que conlleva que la mayoría de los hijos de
inmigrantes actuales son, ellos también, extranjeros. Resta por ver si, con el
paso del tiempo, progresa el proceso de incorporación cultural, disminuyendo el
número de aquellos que sueñan en vivir en Norteamérica u otros países de Europa
y aumentando la proporción con una opinión favorable de su país de adopción.
Una nota positiva es que,
pese a los muchos rumores y artículos periodísticos sobre la discriminación en
contra de los extranjeros, la segunda generación, al menos en Madrid, no
percibe gran rechazo en su contra por parte de la población autóctona y tiene
fe en la existencia de oportunidades de movilidad ascendente para todos. De
resultar esto cierto, es mucho más probable que la sociedad española logre
integrar exitosamente a sus nuevos miembros. El rápido crecimiento de la
población compuesta por estos jóvenes y su concentración geográfica en
determinadas áreas hace de esta cuestión un tema de importancia vital hacia el
futuro.