Enviado el sábado, 04 de marzo de 2006 12:12
Hubo un tiempo no muy lejano en que las escuelas argentinas estaban llenas de niños españoles e italianos cuyos padres emigrantes jamás habían pisado una, lo que no impidió el desarrollo del país. Antes al contrario, esos padres -y después sus descendientes- contribuyeron al enriquecimiento de una de las sociedades intelectualmente mejor formadas de toda América Latina.
El mestizaje nunca fue una rémora para el progreso, cuyo avance sólo se ve impedido por el egoísmo grupal, la desconfianza, la incomprensión y la carencia o insuficiencia de políticas sociales y educativas que garanticen la integración de los niños inmigrantes en las aulas, sin perjuicios para los que no lo son. Curiosamente, las polémicas acerca de estas cuestiones, casi siempre artificiales, no las crean los niños. Pero no hay que ignorar que si crecen las necesidades en los centros escolares por la llegada de más niños, también tendrán que aumentar los recursos públicos destinados a satisfacerlas. Posiblemente no haya otra inversión más rentable.
Las aportaciones económicas que se hagan han de servir para mejorar la calidad y la equidad en la educación. Ya va siendo hora de acabar con las reticencias de tantas familias que creen que el principal criterio de calidad consiste en la ausencia de inmigrantes en las aulas de sus hijos.
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DATOS BÁSICOS DE LA INMIGRACIÓN EN EL SISTEMA EDUCATIVO ESPAÑOL. Alrededor de 500.000 chicos y chicas de origen extranjero están escolarizados en alguno de los distintos niveles del sistema educativo español. Una cifra que continuamente se revisa al alza. La escuela pública acoge a más del 80% de los mismos. El compromiso de la escuela concertada -financiada con el erario público- con la población inmigrante no está a la altura de su peso en el sistema educativo.
MIGRACIÓN Y NIVEL EDUCATIVO. Según datos extraídos del Informe España 2006. Una interpretación de su realidad social, elaborado por la Fundación Encuentro, la población inmigrante muestra unos niveles educativos muy similares al de los españoles, aunque "las altas características formativas no están, ni mucho menos, de acuerdo con la calidad de los puestos de trabajo que estas personas ocupan", ya que la mayor parte de ellos declara desempeñar trabajos no cualificados. Por sectores, en el caso de los hombres la construcción y la agricultura se erigen como las actividades con más extranjeros empleados, papel que en el de las mujeres desempeñan la hostelería y el servicio doméstico.
Para profundizar sobre el tema, véase Javier Blázquez: Inmigración, educación, integración. Este artículo incide en la función de mediación que puede ejercer la escuela como lugar de encuentro entre la identidad cultural de los inmigrantes y la identidad del país de acogida (tan sólo habría que objetar que en uno y otro caso la identidad no es una referencia monolítica, sino múltiple y cambiante).