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domingo, 29 de julio de 2007

                     

En el presente año la eficacia en el control de las fronteras en el Sur de España está siendo mayor, de modo que está disminuyendo la entrada de inmigrantes irregulares, al tiempo que se registra un significativo aumento del número de repatriaciones de irregulares a sus países de origen. No obstante, ya son muchos los miles de inmigrantes que han intentado llegar en cayucos a las costas de las Canarias durante los últimos años y que han perecido en el intento. Las constantes tragedias ponen de manifiesto los riesgos de la inmigración clandestina y el carácter criminal de las redes que trafican con los seres humanos. Con todo, la presión migratoria en el mundo seguirá mientras persistan las causas de fondo que la desencadenan: las desigualdades radicales entre unas zonas y otras del planeta.


La intensificación de las migraciones internacionales sería en gran parte efecto de la globalización, pese a que ésta, en su más reciente fase histórica, se caracteriza por la fluidez de las corrientes financieras y comerciales y simultáneamente – y de una forma enormemente paradójica – por las restricciones a la movilidad internacional de la mano de obra. La supresión de barreras y la liberalización de flujos que son consustanciales a la globalización no se han extendido a las migraciones internacionales. Dicho de otro modo: una libertad casi absoluta para los capitales coexiste con trabas continuas para la circulación de las personas. Sea como fuere, lo cierto es que esta flagrante contradicción de una globalización asimétrica, mutilada e imperfecta sirve de trasfondo a una serie de interrogantes e incertidumbres que afectan a los actuales flujos migratorios y que tienen su reflejo en las condiciones de irregularidad, discriminación y vulnerabilidad que en nuestros días padecen con harta frecuencia las personas migrantes.

Desde este lado oscuro de la globalización surgen los dramas y dramas no de carácter virtual, sino tremendamente reales. Es cierto que no todos son cayucos ni pateras, y que muchos inmigrantes entran de manera irregular por otras vías, pero ciertamente los que optan -aunque esta palabra en este contexto sea un sarcasmo- por la vía marítima toman el camino más arriesgado y es que, posiblemente, carezcan de alternativas reales.

A la hora de afrontar la llegada de lo cayucos, resulta muy curiosa ver la terminología que se utiliza, teniendo en cuenta además que el lenguaje escogido es siempre muy sintomático de las intenciones que uno alberga... Se habla de «ofensiva diplomática contra los cayucos», o de «parar la invasión», o «la avalancha». Y aunque es cierto que en los últimos meses el gobierno español ha cambiado de registro y de políticas, incidiendo más en el aspecto del codesarrollo, de hecho lo que primero se mandó a África desde Europa fueron patrulleras y militares, en lugar de mandar lanchas de salvamento que serían más necesarias. Este tipo de medidas, desde luego, son un error histórico porque no tiene en cuenta el verdadero origen de este asunto. Los problemas tienen unas causas y si, como en este caso, esas causas son el desequilibrio, la falta de expectativas de toda una generación, la miseria y el hambre, mientras no sea eso lo que se combata —por seguir con la terminología bélica—, el problema seguirá sin resolver; lo otro son sólo paliativos.

Lectura recomendada: entrevista a José Naranjo, autor de Cayucos

8:24 | gestionado por Juan Carlos Velasco | Enviar comentario (8)