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Durante el año pasado (2006) se han celebrado en España 22.294 matrimonios entre un español y un cónyuge extranjero, de acuerdo con el Instituto de Política Familiar (IPF). Esto supone el 14.2% de los matrimonios en España, una tendencia al alza, puesto que en el año 2002 sólo se producían la mitad de uniones mixtas, el 8.5% del total. Se sigue percibiendo una mayor proporción de hombres extranjeros, mayoritariamente latinos, casados con mujeres españolas (un 61 %).

 

En los últimos diez años España ha dado ciertamente un gran salto hacia la configuración de una sociedad mestiza, y no sólo por el número de matrimonios mixos. También se nota la misma tendencia en los recién nacidos: el 17,6% de los nacidos en 2005, el último año con los datos cerrados del Instituto Nacional de Estadística, tiene al menos uno de los progenitores extranjero. El porcentaje se ha multiplicado por cuatro desde 1996, y en seis comunidades autónomas —Baleares, Cataluña, Madrid, Murcia, La Rioja y Comunidad Valenciana— los recién nacidos con al menos un progenitor extranjero suponen más del 20%. Más representativo del grado de mestizaje es el siguiente dato: si bien el 17,6% de los nacidos en España en 2005 tiene al menos uno de los progenitores extranjero, el 11,51% tiene fue de parejas mixtas, es decir, tiene un progenitor español y otro extranjero. En 1996 este mismo dato era tan sólo del 1,81%.

 

El aumento de los matrimonios mixtos –como muestra representativa del nivel de relaciones entre españoles e inmigrantes– es, sin duda, un indicio de la inclusividad de la sociedad receptora y, en definitiva, del grado de integración social. Poco a poco la frontera entre los inmigrantes y los españoles se va agrietando. Lo importante es que el extranjero está dejando de ser un extraño, una persona discordante con el paisaje de las calles, un hombre o una mujer de un color, de un atuendo o de un peinado exótico.

 

Queda, no obstante, mucho que hacer a todos los niveles: en las escuelas, en el trabajo, en la vida de los barrios, a nivel local, en las asociaciones civiles, en los partidos políticos, etc.  Todo ello es necesario para evitar una sociedad dual con realidades segregadas en función de la procedencia de las personas. Aunque resulta preciso actuar en todos esos niveles, el ámbito escolar es en donde la acción resulta más necesaria y urgente: la escuela representa el espacio más natural donde aprender a valorar y a consolidar el mestizaje y evitar que ello degenere en un futuro con efectos desintegradores.


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