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miércoles, 06 de septiembre de 2006

La inmigración masiva ha modificado en muy poco tiempo la estructura demográfica de España y la distribución de la población en el territorio. Los algo más de cuatro millones de inmigrantes extranjeros que han arribado a España en la última década ha transformado la vida cotidiana de muchos municipios, haciéndose notar especialmente en los más pequeños. La inmigración no se distribuye por igual en todo el territorio, sino que está muy concentrada: aunque en el conjunto del país la población extranjera roza el 9%, en algunos municipios supera el 30 %. Este es el caso, por ejemplo, de Talayuela, en el norte fértil de la provincia de Cáceres.


Nada más entrar en Talayuela se advierte la realidad que se esconde tras los siempre fríos datos: en torno al 33% de sus vecinos son extranjeros (3.480 sobre una población de 10.249). La palma se la llevan los marroquíes: 3.292, más del 90% de todos los extranjeros residentes en el pueblo. A bastante distancia les siguen ecuatorianos, argelinos, senegaleses, portugueses y rumanos.

Esos datos, sin embargo, ya no constituyen una novedad, al menos en Extremadura, en donde se sabe que es el municipio de la región que más ha crecido en toda la región y uno en donde mayor riqueza se ha generado en los últimos años. Sin embargo, Talayuela ha sido noticia recientemente por otro asunto relacionado también con el fenómeno migratorio: las tensiones detectadas en el municipio por la construcción de un nuevo Centro Cultural Islámico que atienda a las necesidades de la extensa y creciente comunidad que práctica esta religión.

Pues, bien: el sábado pasado, un grupo de unos 500 vecinos se manifestaron delante del Ayuntamiento contra la decisión de permitir la edificación de dicho establecimiento en el centro del pueblo. Tales vecinos afirman que no tienen nada contra la comunidad islámica ni que tengan un lugar para reunirse, pero sostienen que en el centro del pueblo podría constituir una fuente de molestias y que mejor sería que se erigiese en las afueras. ¿Cuándo se ha visto una movilización similar por la construcción de una iglesia católica? ¿La libertad religiosa no resguarda a cristianos y musulmanes por igual? ¿Es más agradable el toque de campanas de una iglesia que la voz del almuecín llamando a la oración?

Como en otros casos, como el de Zaidín (Huesca), ya comentado en este blog, determinadas iniciativas, lejos de promover la convivencia entre los vecinos, con independencia de su procedencia, lo que hacen más bien es dinamitarla. A diferencia del caso de Zaidín, en Talayuela las trabas a la convivencia no las ponen las autoridades locales, sino un grupo de vecinos. Aunque no se descarta que haya intereses electorales de cara a los próximos comicios, la manifestación pone una vez más de manifiesto que el esfuerzo por la integración lo tienen que hacer no sólo los que llegan, sino también los que están asentados desde hace tiempo. Si el colectivo musulmán, asentado en el pueblo desde hace más de un lustro, solicitó y obtuvo legalmente permiso para la construcción de su centro, que incluye también una mezquita, el tratar ahora de impedirlo por razones sobrevenidas no hacen sino aumentar la desconfianza mutua. Lo extraño del asunto es que se trata de un pueblo, en donde posiblemente no pueda hablarse de una perfecta integración, ni siquiera de convivencia real, pero sí de coexistencia pacífica, algo en lo que coinciden la mayoría de los vecinos. Hasta el momento, después de muchos años de coexistencia, no se había registrado ningún incidente digno de mención.

El alcalde, Javier Moreno, defensor de la convivencia pacífica entre todos los vecinos del pueblo, ha sido objeto de graves amenazas recibidas en su teléfono móvil y por internet. Si esto es ya más que inquietante, lo es también el que existan personas que consideren que pueden negarse a vecinos de otra religión la construcción de un lugar de culto. Del mismo modo que nadie puede poner reparos a que se instale una cafetería allí donde su dueño quiera si cumple la ley, tampoco nadie puede impedir que se abra una mezquita si también se ajusta a la ley. Porque de lo contrario se corre el riesgo de estar dando aliento a actitudes xenófobas, como ya ha ocurrido en Talayuela, donde aparecieron grupos de extrema derecha aprovechando la concentración del sábado. En concreto, varios jóvenes llegados de Madrid que repartían propaganda del Movimiento Católico Español y de Acción Juvenil Española.

Juan Carlos Velasco (Cáceres, 1963)

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