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lunes, 04 de septiembre de 2006

En un mensaje anterior se planteaba la cuestión del difícil control de las fronteras ante los movimientos migratorios masivos, especialmente en el caso de España, un país situado en la orilla rica del mundo, esto es, en el lado norte de la frontera que marca el diferencial de bienestar más grande del planeta: entre la rica Europa y la paupérrima África. El control que los Estados ricos ejercen sobre sus fronteras deja un rastro de sospecha en un mundo en el que se deja paso libre al dinero, pero no a las personas.  En un comentario a dicho mensaje se profundiza en la misma cuestión y se plantea otros aspectos del problema:

Por Antonio Álvarez del Cuvillo

Yo, desde luego, aspiro a un mundo sin fronteras entre las personas. Se trata de una utopía, porque no existe, pero no es una utopía irrealizable (como podría ser la descripción de una comunidad humana imaginada en la que no hay egoísmo, envidia o relaciones de poder); las fronteras políticas son una una construcción socio-cultural humana: no han existido siempre y de lo que será en el futuro sabemos poco, como poco sabían nuestros antepasados de lo que sucede ahora. Fijémonos en la Unión Europea, donde las fronteras interiores casi no existen ya.


Ahora bien, eso no impide que nos podamos desprender fácilmente de nuestras construcciones socioculturales. Ciertamente, es posible en teoría que un Estado-nación suprimiera simple y unilateralmente todas sus fronteras (físicas o jurídicas) con todos los países del mundo. El problema es si sería deseable (para este país e incluso para los posibles emisores de migrantes), o si este acto avanza verdaderamente hacia un mundo sin fronteras. En un sistema las cosas están relacionadas entre sí, y este acto conllevaría determinadas consecuencias negativas que habría que valorar y no pueden obviarse.

Así pues, yo creo que es conveniente llevar una doble línea. Primero: pensar cuáles son las condiciones objetivas que tienen que darse para acabar con las fronteras y cómo debe llegarse hasta allí, y trabajar sinceramente porque se cumpla este proceso. Segundo: no olvidar el "mientras tanto". Dado que es muy previsible que a corto y medio plazo todos los Estados-nación modernos conserven las fronteras e impidan la libre circulación de personas (salvo en el seno de organizaciones transnacionales), debemos a la gente del presente una reflexión acerca de qué hacer en un mundo CON fronteras, que es el que, de momento, tenemos.

El control de acceso en las fronteras seguirá por muchos años; la cuestión es que, si ese control no elimina PARA NADA los "problemas" de los movimientos migratorios (que implican efectos positivos, pero también negativos, para los países receptores, pero también para los de origen) hay que asumir alguna otra estrategia, aunque sea una estrategia adaptada a un mundo con fronteras.

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8:27 | gestionado por Juan Carlos Velasco | Enviar comentario (4)