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El discurso sobre la inmigración y el ‘efecto llamada’

Enviado el miércoles, 16 de agosto de 2006 7:29

Tras analizar las palabras que se usan habitualmente para referirse a la inmigración, resulta sumamente aleccionador examinar también los efectos que dicho discurso puede acarrear sobre el fenómeno migratorio. Las palabras son las herramientas que disponemos para entender la realidad, para explicarnos qué es lo que sucede. Las palabras crean el mundo y, sobre todo, condicionan la forma de percibirlo. Esto también vale, por supuesto, para el mundo de la inmigración y las leyes que lo regulan. Las leyes también son artefactos verbales que pretender configurar el mundo de una determinada manera. Al respecto, cabe afirmar que, en realidad, el "efecto llamada" de las leyes de emigración, generalmente denominadas leyes de extranjería, sea el siguiente: una llamada subliminar a los miedos atávicos y desordenados, y, con ella, a la discriminación entre los nacionales o autóctonos y los inmigrantes pobres; una llamada a los instintos xenófobos, incluso en muchas personas que han sido inmigrantes, hijos o nietos de inmigrantes, pero que han dejado de considerarse extranjeros en el país en que viven.

El efecto, de producirse, sería realmente paradójico, pues la palabra inmigrante debería tener connotaciones relativamente positivas para la mayoría de la población de este país. Muchos de nosotros, seguramente la mayoría de las personas en nuestra sociedad actual, hemos sido inmigrantes o hijos de inmigrantes o hijos de matrimonios mixtos. Millones de personas, españoles, portugueses, italianos, griegos, podrían reconocerse todavía en las experiencias recientes que esa palabra evoca.

Cuando uno es interpelado por la singularidad de la cultura que porta, no resulta fácil explicarse. La pregunta, sin embargo, es común en la experiencia intercultural de la emigración, en la vivencia del encuentro cultural realizado. Quien pregunta eso está buscando con frecuencia dar con la diferencia radical y puede sentirse decepcionado con la respuesta: en el fondo, ellos son "exactamente como nosotros" en la mayor parte de las cosas que importan para una vida humana sensible y digna. A pesar de ello, para muchos resulta más fácil mecerse en la selva de los tópicos y de los estereotipos, de las palabras mil veces repetidas y nunca pensadas.

Por mucho que el discurso público sobre la inmigración se revista en ocasiones de una capa de humanitarismo solidario, lo cierto es que responde cada vez más a criterios de seguridad nacional y de interdependencia negativa. Esto es, los criterios justificativos de la cooperación con los países de donde proceden los inmigrantes son criterios de autointerés, de protección frente a los crecientes riesgos provenientes del mundo pobre y que cada vez tienen una mayor visibilidad social negativa. En consecuencia, el discurso público, incluso también el bienintencionado, sigue transmitiendo con mucha más frecuencia de la deseable una concepción negativa del fenómeno migratorio.


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Comentarios

# re: El discurso sobre la inmigración y el ‘efecto llamada’

23/08/2006 9:07 por Josep Maria Deop
Resulta irónico que en una sociedad en la que sus empresas declaran beneficios multimillonarios, las urbanizaciones, los campos de golf y los chalés de lujo se multiplican por doquier, y se gastan auténticas fortunas en espectáculos deportivos de masas (esa cosa llamada fútbol), sus responsables políticos se declaren desbordados y alarmados por la llegada de unos miles de personas que sólo buscan un futuro más digno. Ni siquiera creo que valga la pena recordar cuál es el origen de esa miseria que tanto nos asusta. Pero lo que sí me deja pasmado es la falta de misericordia de una sociedad opulenta y engreída que cree ver una "amenaza" en lo que son, simple y llanamente, hombres y mujeres desesperados. En Canarias, sus políticos piden la intervención de la ONU mientras en los hoteles de cinco estrellas los spas, las saunas y las piscinas bullen de actividad. Y nuestro Gobierno, en paralelo, anuncia en Senegal que "frenará" a los "sin papeles" manu militari, con más patrulleras y helicópteros. Quizás sí. Quizás logremos frenarles, pero ¿quién nos frenará a nosotros?, ¿quién nos protegerá de nuestra propia locura.

# re: El discurso sobre la inmigración y el ‘efecto llamada’

23/08/2006 10:45 por Maria (Berlin)
En el artículo escribes que la palabra inmigrante debería tener connotaciones positivas. Me sorprende esta apreciación que creo que muestra sólo la mitad de la verdad. El inmigrante es, en efecto, una persona que se atreve a dar un paso activo para cambiar su situación, que hace suyo un mundo nuevo (para él), etc. pero el ser inmigrante también implica dificultades, empezar "por abajo" haciendo trabajos que los miembros del pais de acogida no harían, quizá también rechazo social, la consciencia de las malas circunstancias del pais que se ha dejado atrás, el propio, y posiblemente algo de desarraigo.
Puede que el rechazo al inmigrante venga, en parte, del rechazo a esa parte de uno mismo, o de la propia historia, que se quiere borrar.

# re: El discurso sobre la inmigración y el ‘efecto llamada’

23/08/2006 11:12 por Juan Carlos
Las connotaciones positivas del término 'inmigrante' a las que me refería en el texto serían aquellas que la mayoría de los españoles y europeos del sur deberíamos albergar. Me refiero, pues, a la simpatía que debería brotar espontáneamente ante una situación que nos debería resultar sumamente familiar, bien por experiencia directa o bien por allegados. En definitiva, la condición de 'inmigrante' no es algo que le ocurre a unos cuantos, sino que, me atrevo a decir, resulta consustancial con la condición humana.
Dicho esto, no pretendo afirmar, por supuesto, que la precariedad, la transitoriedad, el desarraigo, etc., y todas las sensaciones vinculadas con la inmigración sean vivencias agradables. No me refiero tanto al punto de vista del inmigrante, sino a la perspectiva que debería tener el habitante del país receptor.

# re: El discurso sobre la inmigración y el ‘efecto llamada’

07/09/2006 7:08 por Luis Pasamar
La regularización llevada a cabo por el Gobierno socialista ha supuesto, efectivamente, un efecto llamada, pero una llamada al crecimiento económico, al aumento de personas que cotizan a la Hacienda pública y al aumento de las cotizaciones a la Seguridad Social, que ha triplicado el Fondo de Reserva.

¿Pero todo ha aumentado gracias al efecto llamada? Sería injusta tal afirmación, ha bajado la economía sumergida, ha bajado el empleo marginal y ha bajado, evidentemente, la injusticia que todo esto provoca.

Todo esto provoca otro tipo de llamada, la llamada a desconfiar de quienes afirman que aquello que está escondido no existe y por lo tanto vivimos en un mundo maravilloso en el que todo "va bien".

# re: El discurso sobre la inmigración y el ‘efecto llamada’

09/09/2006 2:40 por alexc
Pena de carcel de dos a tres meses a los empresarios que contraten a sin papeles, que no valga e librarse de la pena por la fianza.

# re: El discurso sobre la inmigración y el ‘efecto llamada’

13/09/2006 9:49 por Manuel Vilasero
¿Quién no ha sentido la tentación de hacer trampas jugando al solitario? Es tan fácil que hasta los gobiernos pueden caer en la debilidad de engañarse a sí mismos. Un buen ejemplo es lo ocurrido con las sucesivas reformas de la ley de extranjería. Los ejecutivos del PP respondieron a cada crisis migratoria con reformas cuyos resultados han sido siempre irrelevantes. Hasta cuatro veces cambiaron la ley de extranjería, mientras las avalanchas de pateras seguían su propia lógica y cada año entraban 600.000 irregulares por tierra, mar y aire. Zapatero parece tener ahora la tentación de entrar en el mismo juego. Ante la oleada de cayucos, reforma legal. Habrá que ver qué cartas pone sobre la mesa.
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