El Ejército no hace más que reflejar lo que ocurre en la sociedad española, en donde la presencia de inmigrantes resulta cada vez más visible en todas las esferas y sectores. El Ejército español se las ve y se las desea para cumplir las previsiones de plantillas aprobadas para sus diversas unidades. La profesión de militar, por motivos diversos, es una de las muchas profesiones que los españoles ya no desean seguir y cuyos puestos han de ser ocupados por ciudadanos extranjeros. Aunque este dato ya era conocido desde hace unos años, se ha tornado mucho más evidente al conocerse la nacionalidad peruana del soldado español trágicamente asesinado en Afganistán. El periodista Fernando Onega ha visto así la noticia:
“Se llamaba Jorge Arnaldo Hernández. Soldado peruano del Ejército español. Lo vimos regresar en una caja de madera, procedente de Afganistán. En torno a sus restos y a su viuda se congregaron los mandos militares, el jefe del Gobierno y el jefe de la oposición. Después regresó a Perú, para ser enterrado con los suyos. Cuesta trabajo hacerse a la idea de que un defensor de la patria sea natural de otro país, pero ésa es la realidad actual. No hay vocaciones militares en la España rica, y tienen que ser buscadas entre los inmigrantes. Su lugar de nacimiento sólo importa a efectos de darles tierra. Esto también es la globalización: no hay fronteras para reclutar soldados” (Fernando Onega, La Voz de Galicia, 12-07-2006).