Enviado el martes, 20 de junio de 2006 6:24
Los cambios tecnológicos y socioculturales inducidos por los procesos de globalización influyen sin duda en la naturaleza de las migraciones, dotándolas de un marcado carácter transnacional. De ahí que, como señala Bauböck (1998, 26), resulte ineludible “considerar la migración como un fenómeno genuinamente transnacional, no sólo en el momento de cruzar las fronteras, sino también con respecto a las filiaciones sociales resultantes”. A continuación se reproduce una interesante reflexión enviada por :
Una dimensión que me parece importante de las migraciones en el contexto de la globalización (porque claro, migraciones las hubo siempre) es la creciente importancia del transnacionalismo, un aspecto que han destacado autores como Alejandro Portes, Saskia Sassen o Rainer Bauböck. El progreso de los transportes y las comunicaciones permite la subsistencia de toda una serie de vínculos con el país de origen (contacto telefónico frecuente, Internet, remesas de dinero o inversiones, familias transnacionales que desarrollan diversas estrategias para adaptarse al contexto, etc.) que nos van dibujando un marco muy diferente al de las migraciones clásicas (por ejemplo las remesas llegadas a EEUU en su tiempo, que quedaban separadas de su contexto de partida).
Por ejemplo, los migrantes desarrollan identidades complejas que los vinculan (simbólicamente, pero también económica o políticamente) con más de un Estado. Esto empieza a poner en cuestión categorías jurídicas decimonónicas como la nacionalidad.
Por ejemplo, la regulación de los flujos migratorios sigue contemplando el fenómeno desde una perspectiva individualista y de "acción racional", considerando individuos aislados que maximizan beneficios, sin tener demasiado en cuenta la creciente importancia de las redes transnacionales salvo en lo que refiere a la invocación taumatúrgica de las "mafias". Las redes van mucho más allá: la decisión de migrar implica a menudo a diversos miembros de una familia dispersa en el espacio. Las familias y las redes de contactos, amigos, parientes e información operan de manera significativa en la gestión de los flujos migratorios, al margen del mundo formal. Incluso supone una adaptación estratégica de las personas a unas estructuras de posibilidad en principio restrictivas en lo que refiere a la burocracia estatal.
En mi opinión, las políticas migratorias pueden ser más eficaces si son capaces de percibir la incidencia de estas redes (antes de eso, claro está, tenemos que preguntarnos por qué es lo que deben pretender estas políticas), así como si son sensibles a los efectos del proceso migratorio también en el país de origen.