LoginRSS 2.0 Feed

domingo, 28 de mayo de 2006

El trato desigual de las personas, derivado de la distinción nacional/extranjero, una dicotomía ciertamente habitual en los ordenamientos jurídicos a lo largo de la historia, puede ser cuestionado en términos morales a la luz del principio general de igualdad de trato (o de interdicción de la discriminación) o del principio universal de la dignidad humana. Si la configuración de una justicia universal se considera difícilmente atendible en la práctica, tendría que respetarse al menos el venerable deber de hospitalidad universal, seguido por innumerables culturas a lo largo del planeta, preconizado por los estoicos y auspiciado y articulado, entre otros, por filósofos de la influencia histórica de Kant (véase el 'tercer artículo definitivo' de su opúsculo sobre La paz perpetua).


En lo que respecta a este asunto, el paso del tiempo en absoluto ha hecho perder vigencia a esas intuiciones básicas de un trato justo con los inmigrantes formuladas en múltiples textos sagrados, como aquella prescripción varias veces milenarias que recoge tanto el libro del Éxodo (22, 21) como el del Levítico (19, 33): "El extranjero que reside con vosotros será tratado como uno de vuestros compatriotas y lo amarás como a ti mismo, porque también vosotros fuisteis extranjeros en tierra de Egipto". Tampoco en este punto las exigencias igualitaristas y de universalización contenidas en los derechos humanos deberían ser echadas en saco roto.

17:43 | gestionado por Juan Carlos Velasco | Enviar comentario (1)