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jueves, 23 de marzo de 2006

Se reproducen a continuación dos comentarios emitidos por sendos lectores al mensaje El derecho de voto de los inmigrantes que, por las visiones diversas que ofrecen, pero en gran parte complementarias, nos permiten seguir reflexionando sobre la posible relación entre la extensión de los derechos de participación política a los inmigrantes y la profundización de la integración social.

1º) He aquí el comentario de José Luis López de Lizaga (23-03-2006):

Quienes estamos de acuerdo con el último proceso de regularización, también debemos estarlo con la extensión de los derechos de participación política a los inmigrantes. Pero quizás esta ampliación de derechos debería acompañarse de otras medidas, que favorezcan una integración real de estas personas en la cultura (y en la cultura política) del país.

Esta cuestión suscita desde hace tiempo muchas discusiones en Alemania, porque quienes defienden la integración cultural de los inmigrantes parecen hacerlo en nombre de una "cultura predominante" o "cultura conductora" (Leitkultur, la llaman allí) que sería la alemana, y que deja fuera otras tradiciones y formas de vida (y, en particular, aquellas que traen consigo los inmigrantes). Y así, se oculta bastante chauvinismo bajo la aparente preocupación por un acceso real de los inmigrantes a la cultura del país de acogida. Por otro lado, ¿no podrían producirse muchas manipulaciones políticas, si obtuviesen derechos de participación política grupos de población que en muchos casos encuentran barreras que les impiden formar parte realmente de la sociedad civil?

Breve glosa: En primer lugar, hay buenas razones para apoyar la regularización de los inmigrantes indocumentados, pues lejos de ser una amnistía encubierta o una medida incentivadora, trata de reducir la ilegalidad, fomentar el pago de impuestos y contribuciones a la seguridad social, así como evitar -y esto quizás sea lo más importante- una subcultura de marginados como la de los guetos argelinos en Francia. En segundo lugar, y yendo al núcleo del comentario de José Luis López, la participación en la deliberación política -esencial en cualquier democracia digna de ese nombre- resulta factible en la práctica tan sólo si los participantes se entienden y tienen un mínimo de confianza mutua. Para ello no es imprescindible que se comparta una misma religión, un mismo estilo de vida o una misma ideología política, pero, sin duda, ese entendimiento mínimo se promueve y se facilita enormemente cuando todos comparten una lengua común. En caso contrario, la exclusión social y la manipulación serán práctica corriente (JCV).

 

2º) A continuación, el comentario remitido por Enrique Gómez (23-03-2006):

No he conseguido llegar a ninguna conclusión. O mejor dicho he conseguido llegar a varias conclusiones contradictorias entre sí dependiendo del lugar en que me posiciono.
Creo que hay que dejar un poco aparte el tema de la integración a la hora de plantearse el del derecho al voto de los inmigrantes. En Europa la integración que preocupa no es exactamente la de los inmigrantes sino la de aquellos que en propia persona o por ser segunda o tercera generación de un inicial inmigrante han conseguido la ciudadanía y tienen por tanto reconocido el derecho a la participación política. Por lo tanto se deduce que la integración no viene de la participación pero si pienso que ésta es necesaria para que aquella se produzca.
A pesar de que en general hay muchos aspectos por los que opino deberían poder votar, hay otros que me inquietan. Distinguiría entre dos tipos de inmigrantes. Aquellos cuyo objetivo es la permanencia estable en el país y aquellos que son ciudadanos coyunturales pero que piensan en breve volver a sus países de origen.
Los primeros, que yo identificaría con los nacionalizados o con aquellos, que no queriendo cambiar de nacionalidad, tienen un permiso de residencia permanente, tendrían para mi un derecho incuestionable a la participación política en todos los ámbitos, municipal, autonómico y estatal e incluso comunitario (UE). ¿Existe objetivamente diferencia entre un derecho y otro?
Los segundos, aquellos con permiso de residencia temporal (esta distinción sería solo por razones prácticas, ¿cómo saber quién tiene verdadera vocación de permanencia?), deberían tener limitados sus derechos por cuanto su interés temporal por el país podría, no solo manipularse, (¿quién no está manipulado?), sino llevar a conclusiones contrarias a la supervivencia futura del país, recogiendo propuestas interesantes por su inmediatez pero posiblemente peligrosas para el futuro.
Ya se que es el miedo y no la certeza de tener razón el que ha destilado esta idea, pero ¿Qué sería de nosotros sin nuestros miedos? o mejor ¿Qué seríamos sin nuestros miedos?


12:26 | gestionado por Juan Carlos Velasco | Enviar comentario (1)