autor:
Miguel VicenteEl primer premio de Honor de la Sociedad Española de Microbiología (SEM) le ha sido otorgado al Centro de Investigaciones Biológicas (CIB). La SEM
quiere distinguir con estos premios a instituciones que han destacado por su
apoyo a la Microbiología. El CIB, uno de los centros del CSIC de mayor solera,
se estableció en 1953 y albergó varios institutos en los que a lo largo de los
años se ha cultivado el estudio de los microbios. En su historia el CIB ha
proyectado al exterior excelentes grupos de investigación que han extendido la
investigación en diversas áreas de la Biología por la geografía española.

Lisis, escultura en bronce para el premio
de Honor de la SEM. “Lisis” recrea el momento en el que un investigador observó una escena
que cambiaría para siempre la historia de la humanidad. El investigador era un
médico escocés, Alexander Fleming, el escenario una placa de cultivo, los
actores un moho y una bacteria, se representaba el descubrimiento de la
penicilina. Copia de autor. Foto: VERNE, ciencia y diseño.
El CIB se ubicó, hasta hace
pocos años (2004),
en un edificio con recio carácter, inaugurado en 1958 y situado en el barrio de
Salamanca. Se
encontraba en la esquina
de las calles Velázquez y Joaquín Costa enfrentada en diagonal al edificio del
Nodo. No era un edificio muy confortable, siendo
proverbial en los meses de verano la infernal temperatura de sus pasillos,
atestados de aparatos eléctricos que no cabían en los laboratorios. Una
explosión de gas en el alcantarillado de la zona, ocurrida el 25 de junio
de1973,
y un
atentado terrorista ocurrido veinte años después, el 21 de junio de 1993,
en la esquina de la glorieta de López de Hoyos con Joaquín Costa,
si bien no produjeron víctimas en el CIB, dañaron parcialmente al edificio y su
instrumental. A ello se unían un par de experimentos del arquitecto, uno obligó
a cambiar todas las ventanas, formadas por un sándwich de dos vidrios entre los
que se encontraban persianas venecianas y cuyo conjunto, una trampa para el
polvo, era imposible de limpiar. El otro era un extraño diseño de ladrillo que
a la intemperie se descomponía paulatinamente causando desprendimientos súbitos
con grave riesgo para los transeúntes. El edificio, tras el traslado del CIB a
una nueva sede en la Ciudad Universitaria de la Complutense, está siendo
reconstruido y recuperado para otros usos.
Pese al austero entorno, desde allí
emergieron grupos que se establecieron en las Universidades de Salamanca y
Sevilla y se gestaron centros completos del CSIC como el
Instituto de
Investigaciones Biomédicas,
el
Centro de Biología Molecular
y el
Instituto Cajal.
Muchos de los investigadores biólogos españoles que hoy se aproximan a la edad de jubilarse,
coincidieron en algún momento de las décadas de los sesenta y setenta en el CIB.

Diploma del primer Premio de Honor
otorgado por la SEM.Partiendo del diseño del proyecto (original del
autor) se realizó entre los meses de mayo de 2007 y marzo de 2008 el ejemplar
en arcilla. Tras la cocción, esmaltado y montaje, la fundición y aplicación de
pátinas se hizo en los meses de abril a junio de 2008. La dirección escultórica
la realizó Berta García Coterelo directora del Taller Zagros y la fundición y
aplicación de pátinas se hizo en los talleres MAGISA. Foto: Mónica Fontela, CIB. Photoshop: VERNE ciencia y diseño.
Algunos de ellos eran en ese tiempo becarios
realizando su tesis doctoral (con becas mensuales de diez mil pesetas, unos 60
Euros) y se unieron al movimiento de otros muchos becarios del CSIC para
demandar que se estableciese una carrera profesional investigadora definida y
regulada por contrato. Como medio de expresión nació un periódico mural, “El Contestatario”. Por su naturaleza efímera, se escribía en parte con los rotuladores de marcar los frascos sobre el alicatado del cuarto de autoclaves de la
torre de la cuarta planta, no se conservan sus textos que eran entre otras cosas bastante divertidos. En el otoño de 1971, junto con becarios de otros centros, y ante la
falta de respuesta de los responsables del CSIC se organizó un encierro en los
centros de trabajo. Se inició el jueves 21 de octubre y la policía desalojó el
edificio del CIB a la noche siguiente.
Tras la salida del grupo de Enzimología para
formar Biomédicas, en el CIB quedaban varios institutos, Cajal, Gregorio
Marañón, Jaime Ferrán, Genética y Biología Celular. Esta división
administrativa acabó siendo un corsé con el que era difícil administrar el
edificio, y en los años ochenta los diferentes institutos (a los que se había
añadido el de Bioquímica de Membranas) se refundieron en dos, el Cajal, al que
luego se dotó de edificio propio, y el actual CIB. El empuje final para esta
fusión surgió de los comentarios de Lennart Philipson tras darse un coscorrón
con los conductos de aire acondicionado de los servicios técnicos alojados en
el sótano (por entonces única área refrigerada del edificio). Philipson, director
general del
EMBL
estaba visitando el CIB en una de sus gestiones para el laboratorio de EMBO.
Obviamente esos latones no estaban colocados para la altura de un europeo del
norte.
Si bien formalmente la Microbiología era el
tema de trabajo del Instituto Jaime Ferrán, varios grupos de los otros
institutos del CIB (Biología Celular, Gregorio Marañón y Bioquímica de Membranas)
investigaron teniendo los microbios en su campo de mira. Incluso la
Colección Española de
Cultivos Tipo
tuvo su primer acomodo en el CIB.

El premio de Honor de la SEM le fue
entregado al director del CIB el 26 de junio de 2009. No siempre los meses de junio
han de ser aciagos para el centro. En la imagen el director del CIB, Vicente Larraga, recibe el premio entregado por Ricardo Guerrero, presidente de SEM. Foto: Mónica Fontela, CIB.