S
in ir más lejos, la tuberculosis produce más de
4000 muertes al día, y bastan diez bacilos de Koch para contagiarla, pero no es noticia ni produce pánico. Por contra, las amenazas de epidemias presentan muchas características de pánicos infundados que son amplificados por la poca cultura biológica del público, y lo que es más grave, de los profesionales de la información no especializada. Dar una información correcta es importante, pero ante la inminencia del suceso la información no basta, es más importante haber recibido una formación adecuada que permita al profesional de la información, y sobre todo al público, evaluarla de forma realista.
Como ejemplo reciente de lo que la adecuada formación científica podría evitar ocurrió al poco de difundirse la noticia de la detección de la gripe A (texmex la llamó alguien ocurrente). Ese día, de entre todos los sitios posibles a los que acudir, un popular programa de radio matutino envió a una de sus reporteras a un mercado a pulsar el ánimo de un carnicero. La entrevista, emitida precediendo a la opinión técnica sanitaria, al menos nos ilustró sobre la calidad del cerdo ibérico, y nunca sabremos si ayudó ese día a vender más o menos salchichas. En entredicho quedó la formación científica de los redactores de la cadena, pues el caso es como si para averiguar algo de los fichajes del Real Madrid, enviasen un reportero a entrevistar a Michael Schumacher.
La exposición “Infeccioso” sumerge al visitante en varios escenarios que suceden en el caso de una infección, desde el contagio y la propagación de una epidemia, hasta las precauciones que se toman en los laboratorios de alto riesgo. Los visitantes pueden obtener su propio ADN, y analizar alguna de sus secuencias para identificar las pequeñas diferencias individuales que contiene. También obtienen información sobre el funcionamiento de los agentes infecciosos, virus y bacterias, y de los mecanismos que el organismo utiliza para defenderse mediante el sistema inmunitario.

Virus de cristal. Los modelos de cristal, además de ser más cercanos a lo que veríamos si el ojo alcanzase a ver un virus, quieren desdramatizar las imágenes que popularmente se publican y que pueden insidiosamente aumentar el pánico.
Formar al ciudadano es en general un ejercicio que se practica poco y en tiempos de escasez es de
lo primero que desaparece. El problema de la formación científica es todavía mayor, ya que al poco interés se suma la dudosa noción de que carecer de una formación científica básica no es un signo de incultura. Una exposición como la que se presenta en el
Trinity College de Dublín, por su dimensión de espectáculo y su proximidad al visitante, puede ser de mayor efecto que varias campañas convencionales de información, al menos en Irlanda lo han entendido así.
Algo parecido a la exposición comentada presentamos en la VI Feria Madrid por la Ciencia en 2005. En tal ocasión el stand del CNB mostró la exposición “
El ataque de los microclones”.