autor:
Miguel Vicente
Alexander Fleming decía que descubrir la penicilina, hace ahora 80 años, no ocurrió porque el moho que la produce le gritase que sintetizaba este antibiótico. Si el moho pudiera hablar probablemente nos diría que tampoco su objetivo en la vida es producir penicilina, pero para nosotros el Penicillium, además de estropear frutas y pan, sirve exactamente para eso. Esta semana se ha publicado en internet la secuencia de su genoma y la comparación de la actividad de sus genes en dos estirpes, siendo una de ellas productora de penicilina en cantidad mucho mayor de lo normal. Podríamos decir que el trabajo cuenta cómo se ha domesticado a un moho.

“El Tercer Hombre”, una historia de tráfico de penicilina. El
precio de una dosis de penicilina, que en 2004 se vendía a 0,75 €, en
los años cincuenta del pasado siglo era, en valor relativo, de 290 €.
La película “El Tercer Hombre” contiene en su trama policíaca crímenes
que giran alrededor del entonces lucrativo negocio de “cortar” la
penicilina inyectable con agua.
La estirpe de
Penicillium chrysogenum a partir de la que se inició la producción de penicilina la suministró un ama de casa de
Peoria en 1943,
durante la Segunda Guerra Mundial, y la obtuvo de un melón enmohecido.
A lo largo de los años los laboratorios farmacéuticos han conseguido
derivar estirpes que producen por encima de mil veces más penicilina
que el hongo original aislado por Fleming (
Penicillium notatum).
Esto ha abaratado el coste de este antibiótico y ha permitido su uso
clínico para tratar y prevenir un sinfín de infecciones, algo que no
solo permite curar muchas enfermedades contagiosas, sino que impide que
después de una operación quirúrgica proliferen las bacterias.
Una docena de laboratorios, la mitad de ellos de los Países Bajos y
dos de
León, han unido sus esfuerzos para averiguar la secuencia del genoma de la estirpe
Penicillium chrysogenum
Wisconsin54-1255, y para comparar su funcionamiento con el de otra
estirpe, DS17690, mejorada para producir más cantidad del antibiótico.
Sabemos así que este
Penicillium contiene casi 13000 genes funcionales, y unos quinientos que no son operativos. Casi un 30% de los genes son específicos de
Penicillium,
y lo más interesante es que los genes que intervienen en la producción
de penicilina parecen haber derivado de organismos procariotas, los que
como las bacterias y a diferencia de los hongos (y de nuestras células)
no tienen su material genético separado del citoplasma. Otra
característica de alguno de estos genes es que, al igual que ocurre con
los genes de las bacterias, no tienen intrones, los segmentos de ADN
que, intercalados dentro de los genes, no contienen información
traducible en proteína y que son excluidos por las células eucariotas
(las que tienen el ADN en un núcleo separado) a la hora de expresar su
información genética.
El proceso de domesticaciónCuando
los investigadores han comparado las dos estirpes en condiciones de
producción y no producción de penicilina han encontrado que 2470 de sus
genes funcionan a diferente ritmo según el caso. Entre ellos se
encuentran bastantes de los genes que se sabe están directamente
implicados en la síntesis del antibiótico y de sus precursores. La
producción de altos niveles de penicilina no parece depender
exclusivamente de la capacidad de sintetizarla, sino también de
la eficacia de su transporte desde el citoplasma del moho hacia el
exterior, y precisamente se observa que un buen número de los genes que
codifican sistemas de transporte funcionan más en las dos estirpes
cuando están en las condiciones de producir el antibiótico. Sin
embargo, de entre todos los numerosos transportadores que codifica el
genoma, 51 de ellos del tipo del que se supone sirve para transportar
la penicilina, no se ha podido todavía identificar cuál de ellos es el
que lo hace. Los investigadores sospechan que quizás el transporte de
la penicilina puede, como ocurre con muchos procesos biológicos,
realizarse por más de una vía.
Abundancia de microcuerpos en la estirpe superproductora de penicilina.
Los peroxisomas son unas microestructuras en las que suceden las dos
últimas etapas de la síntesis de penicilina. En estas dos fotografías
de hifas de Pencillium los microcuerpos aparecen con
fluorescencia verde producida por una proteína recombinante que
contiene una señal que la integra a las membranas del peroxisoma y la
proteína fluorescente verde de una medusa. La hifa de la imagen “b” es
la que corresponde a la estirpe superproductora, DS17690.
Aparecen
algunas sorpresas, una se refiere a un grupo de genes que degrada el
ácido fenilacético, un compuesto necesario para producir la penicilina.
Lógicamente estos genes en todas las estirpes productoras de penicilina
tienen una importancia residual, pero en las dos estirpes estudiadas
todavía responden de la misma forma a las señales que inducen su
expresión en presencia de dicho compuesto. Aquí es donde si
Penicillium pudiese hablar probablemente nos diría que el objetivo de su vida no se centra en suministrarnos antibióticos.
No se puede ir en la procesión y estar repicando las campanasParece
que la intensificación del funcionamiento de genes dedicados a la
síntesis del antibiótico y de su transporte está acompañada por una
disminución de la actividad de otros genes cuyos productos dirigen los
procesos celulares de mantenimiento de la forma y de la diferenciación,
lo que casa con el aspecto diferente de las estirpes que más
antibiótico producen. Los investigadores piensan que todavía cabe la
posibilidad de aumentar más la eficiencia en la producción de
penicilina, por ejemplo inactivando por completo la inducción de la vía
que degrada al ácido fenilacético.
A mí me surgen dos
reflexiones, por un lado, de los resultados ahora publicados parece que
la adaptación a producir mayores cantidades de penicilina se ha
conseguido por medio de cambios, duplicaciones y deleciones que se han
ido compensando en el genoma a lo largo de las distintas fases de
mejora a que se han sometido las estirpes industriales de
Penicillium.
Queda por ver si los científicos serán capaces de diseñar no solo
cambios que sobre el papel supongan una eficacia mayor, sino si podrán
anticiparse a la respuesta del moho, al que lógicamente no se le puede
forzar a hacer milagros y por lo tanto reducirá la actividad de otros
procesos. Para que esto se consiga será necesario progresar mucho más
en el conocimiento que se tiene de la fisiología celular, no olvidemos
que la genómica nos suministra tan solo el texto y que por ahora somos
casi como un niño al que se le diese un ejemplar de Hamlet cuando acaba
de aprender a leer, ¿cuánto tardará en comprender lo que evoca el
monólogo ante la calavera de Yorik?
Por otra parte, como la misión del
Pencillium
queda claro que no es darnos penicilina a nosotros, me parece que
aprenderíamos mucho estudiando ahora el fenómeno inverso a la selección
de cepas superproductoras. Si ponemos a competir a una de ellas con una
estirpe silvestre posiblemente no prospere, pero ¿qué cambios le
permitirían hacerlo?, ¿cuántos cambios serían precisos?, ¿se
recuperaría el genotipo silvestre?, ¿o se conseguirían otras
combinaciones? quizás todo esto arrojaría alguna luz sobre las
incógnitas que aún tenemos sobre la fisiología de
Penicillium.
REFERENCIAvan den Berg
et al. Genome sequencing and analysis of the filamentous fungus
Penicillium chrysogenum.
Nature Biotechnology.
Published online: 28 September 2008 |
doi:10.1038/nbt.1498