autor:
Miguel Vicente
El ejercicio suele ser saludable, pero
cuando se convierte en competición puede a veces no serlo al cien por cien. El
número de agosto de la revista Microbiology Today, el órgano de expresión de
la Sociedad de Microbiología del Reino Unido, repasa algunos aspectos en los que la microbiología e inmunología entran a veces en colisión con el deporte. Nuestra ya conocida bacteria CAMRSA (Staphylococcus aureus resistente a meticilina adquirida en el ámbito comunitario), un virus herpes (Herpex Gladiatorum) y la disminución de las defensas inmunitarias por estrés, son los protagonistas de esta competición entre salud y deporte.
Final trágico de la primera carrera de Maratón. Si
bien no parece históricamente probado, la primera carrera de Maratón culminó, según la leyenda, con la muerte de su ganador y único corredor tras el esfuerzo realizado. Cuadro del pintor francés Luc-Olivier Merson.
ADVERTENCIA DEL MODERADOR: El contenido de este foro es estrictamente científico y docente, no es un consultorio de salud. Por ello ni estamos capacitados ni autorizados para responder a consultas de carácter médico-sanitario que expongan casos personales. En caso de necesitar consejo médico recomendamos consultar al médico de cabecera o especialista habitual.
Las cepas de Staphylococcus resistentes a meticilina son
especialmente peligrosas cuando atacan a las personas que antes estaban sanas y
son mas contagiosas entre los grupos que tienen estrechos vínculos sociales,
las cárceles, cuarteles, colegios, colectivos homosexuales y los equipos de
atletas. Contribuye a su peligrosidad el que de entrada presentan síntomas poco
definidos, sarpullidos que se intentan tratar con antibióticos que si bien son
eficaces para combatir a los estafilococos normales, lo que hacen es retrasar
el diagnóstico de los CAMRSA. En 2003 se produjo un caso bien estudiado de
infección por CAMRSA en el equipo de fútbol americano (rugby) de los Carneros
de San Luis (St. Louis Rams). Cinco de sus jugadores se vieron infectados tras haber sufrido
rozaduras con el césped durante el juego y los cinco lo fueron por una estirpe
de estafilococo portadora de un segmento de ADN con el gen de la toxina PVL
(leucocidina Panton-Valentine), una proteína que perfora poros en las membranas
de los neutrófilos, unos elementos de nuestro sistema inmunitario que
normalmente nos defienden de las bacterias patógenas. Como suele ser frecuente,
el segmento que contiene la toxina contiene además los genes de resistencia a
los antibióticos, en este caso una beta-lactamasa que inutiliza a los
antibióticos del tipo de la penicilina entre los que se encuentra la
meticilina. Además estos segmentos de ADN tienen la peligrosa propiedad de ser
muy transmisibles de una a otra cepa de estafilococo.
Según una estadística realizada en los Institutos de
Enseñanza Superior del estado de Nebraska estas infecciones se presentan en el
0,6% de los luchadores y en el 0,25% de los jugadores de rugby, y también
aparecen en equipos de baloncesto, voleibol, esgrima, remo, levantamiento de
peso y gimnasia. Ni que decir tiene que el descuido en la higiene, el compartir
toallas o cuchillas de afeitar y la poca limpieza de las instalaciones y del
equipo aumentan el riesgo. En el Reino Unido no parece detectarse por ahora un
peligro grave de infecciones por CAMRSA asociadas a la práctica deportiva, pero
la internacionalización del deporte puede ser un factor creciente de riesgo.
Frente a ello es aconsejable extremar las medidas de higiene en la práctica
deportiva. En caso de infección, además del drenaje quirúrgico de los abscesos
cabe el uso de antibióticos frente a los que los CAMRSA son todavía sensibles.
Estos antibióticos han de ser utilizados tan solo por prescripción médica, ya
que, dependiendo de los lugares geográficos en donde se produzca la infección,
los estafilococos allí presentes tienen distintas propiedades de resistencia frente a ellos.
Un deporte de riesgo, la lucha. Las lesiones por herpes se
localizan en los luchadores a uno u otro lado del cuerpo según sean zurdos o diestros.
Herpex
Gladiatorum (HG) es otro de los enemigos que acechan a los
practicantes de lucha, rugby y artes marciales, es un virus cuya infección también se manifiesta por sarpullidos
inespecíficos. Como los demás herpes, una vez que desaparecen las lesiones de
la infección primaria, el HG suele quedarse aletargado en el enfermo para
reactivarse más tarde coincidiendo con situaciones de estrés, disminución de
las defensas e incluso de la menstruación. No está claro si el HG está
exactamente relacionado con el herpes labial. Datos asimismo de Norteamérica
indican que desde 1964 se han producido varias infecciones bien documentadas.
Al parecer el contagio ha de ser directo de una a otra persona pero también se
han producido contagios por personas en las que el HG debía estar latente al no
presentar ellas mismas síntomas externos. Como tratamiento se utilizan
antivirales, alguno de los cuales sirve también, según los datos de un estudio
realizado en un torneo de lucha, como profiláctico.
Quedarse en casa sin moverse tampoco es la
solución. La mayoría de las afecciones de las vías respiratorias superiores
(todo lo que a partir de la boca y la nariz lleva a la tráquea, bronquios y
pulmones) que padecemos, producidas por varios virus con una frecuencia media
de tres cada año en un adulto sano, son superadas gracias a las defensas que
despliega nuestro sistema inmunitario. El ejercicio moderado se considera,
según las estadísticas de un
estudio publicado en 2003,
que ayuda a reducir un 29% el número de esas afecciones. Por el contrario el
exceso de esfuerzo, como puede ser una carrera de maratón parece que aumenta el
riesgo de padecer una de estas afecciones en como mínimo un 100%. Se puede
representar la probabilidad de tener un problema respiratorio con respecto a la
cantidad de ejercicio que se hace como una curva con forma de Jota mayúscula
inclinada, en la que tanto la falta como el exceso de ejercicio ocupan las dos
ramas de la letra, con el mínimo de riesgo situado en los niveles de ejercicio
moderado.
El sillonbol. Ya la moral religiosa estigmatizó los
efectos perniciosos de la falta de actividad física. La pereza según la retrata
El Bosco en La mesa de los Pecados Capitales. Museo del Prado.
De acuerdo con resultados recientes se puede
decir que el ejercicio modifica al sistema inmunitario. Uno de los efectos tiene
lugar por la activación de las células encargadas de destruir a las que han
sido infectadas por virus, las llamadas Asesinas Naturales (
Natural Killer en
inglés, o en abreviatura NK). Uno de los efectos de las células NK es inducir la
muerte celular programada (la llamada
apoptosis)
de las células infectadas. Al contrario de la lisis, que es el simple estallido celular, la
apoptosis recicla en gran medida los componentes de la célula que muere, al
igual que ocurre con las hojas que se marchitan y caen, de ahí que ambos
fenómenos se conozcan con el mismo nombre. La apoptosis impide que los virus
contenidos en las células infectadas se viertan al medio e infecten nuevas
células sanas. El ejercicio moderado aumenta los niveles de citoquinas como el
interferón e interleuquina, sustancias del cuerpo que activan a las células NK.
Por el contrario un exceso de esfuerzo, y la presión psicológica producida por
la competición, actúan aumentando los niveles de varias hormonas, adrenalina y
prostaglandinas, que se sabe disminuyen su actividad, por lo que el resultado
es una mayor susceptibilidad a la infección.
En resumen podríamos decir que si bien nadie
cuestiona los efectos beneficiosos del ejercicio moderado, el deporte, en
especial el de competición, es una actividad que no está al alcance de
cualquiera y que debe ser practicado bajo la adecuada supervisión técnica y
sanitaria.