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viernes, 13 de junio de 2008

El otro día había una noticia en Yahoo:


 http://news.yahoo.com/s/nm/20080515/bs_nm/toyota_prius_dc

 sobre las ventas del Prius de Toyota. Mientras esta compañía ve sus ventas crecer sin parar, otras empresas apostaron hace unos años por los coches derrochadores de gasolina.

 Se llevaba años avisando que no hay más petróleo, y que el que queda, que es aun mucho, ya no puede ser barato. Pero se insistía y se insiste en que hay que seguir utilizándolo, con argumentos peregrinos que comentaré más abajo.

 Llevamos años anunciando que vamos hacia una catástrofe climática, pero se dan toda clase de argumentos peregrinos para demostrar que no es así, que tenemos que seguir por la senda del derroche y la quema de carbono fósil.

 Leía yo ayer, en la historia de Israel, en el reino del rey David, que este decidió matar a los hijos de su antecesor en el cargo, Saul. La peregrina razón que dio era una orden divina por una sequía que duraba ya tres años.

 Razones peregrinas para justificar lo que uno quiere hacer las hay a cientos, o a cientos de miles. Las empresas de coches se resisten a poner en marcha coches de otro tipo, aunque sencillamente pueden copiar la tecnología. Las empresas de petróleo se resisten a dejar su negocio y, con sus inmensas ganancias acumuladas, poner en marcha otro de las energías, no del pasado, no del futuro, sino del presente, las energías solares.

 ¿Cual es la razón que fuerza a la gente, sobre todo a los empresarios y a los políticos, a resistirse a aceptar la realidad?

 El mejor ejemplo lo tenemos en los Luditas (http://es.wikipedia.org/wiki/Luddismo): Artesanos que se resistían a aceptar la realidad de las máquinas. Hoy los camioneros y pescadores se resisten a aceptar la realidad de que su forma de vida ya no tiene sentido. Los empresarios del petróleo se resisten a aceptar que tienen que buscar otros negocios, los políticos socialistas a aceptar que para repartir la riqueza primero hay que crearla, y los del PP que para crear riqueza hay que generar innovación y apoyar la ciencia.

 Se puede cambiar, y no cuesta mucho trabajo. Pero la pereza para abrir la mente al cambio es tremenda. Camioneros y pescadores pueden buscar otros empleos. Los políticos pueden buscar otras teorías. pero es más cómodo seguir haciendo lo que siempre se ha hecho, seguir pensando lo que siempre se ha pensado.

 Parece que las personas, y los grupos sociales, una vez que han aprendido una cosa, son casi incapaces de desaprenderla y aprender otra. Como decía Max Planck, las revoluciones nunca triunfan, pero sus oponentes mueren pronto.

 Quizás uno de los mayores problemas para la adaptación continua a las condiciones cambiantes de la vida, que la propia evolución de ésta hace variar constantemente, es una educación basada en dogmas, en conocimientos cerrados, en datos, en vez de una educación basada en los métodos.

 Cuando me preguntan que cómo puede ser que los físicos estén trabajando en tantas profesiones distintas, contesto siempre que en la facultad de físicas no se enseñan “cosas”, ni “datos”. Se enseña un método de trabajo, una capacidad de abrir la mente al mundo, un ansia de mirar la realidad y adaptarse a ella, en vez de querer adaptar la realidad a las ideas aprendidas.

 Para sobrevivir en un mundo que cambiamos constantemente necesitamos esa capacidad de rechazar lo obsoleto y adaptarnos constantemente a las nuevas condiciones.

 ¿Lo hacemos?

5:18 | gestionado por Antonio Ruiz de Elvira | Enviar comentario (6)