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lunes, 31 de diciembre de 2007

Entramos dentro de unas horas en un nuevo par de años en los que tenemos que convencer a los aún escépticos de la realidad del cambio climático  y de las herramientas  para combatirlo. Se dice en algunos foros que una de estas herramientas podría ser la energía nuclear.

¿Por que la nuclear? Se dice, con razón, que la nuclear no emite CO2. Es claro y evidente. Pero genera otros residuos que son tan molestos casi como este CO2: Los residuos radiactivos. Los defensores de la nuclear nos dicen que se pueden enterrar, que se pueden controlar. Este argumento es del mismo tipo del que dice que podemos seguir utilizando los combustibles fósiles capturando la polución que generan: El CO2, los óxidos de nitrógeno y los aerosoles.

Ambas estrategias son equivalentes a decir que es bueno hacerse una raja en el brazo con una cuchilla porque se puede uno poner una venda para cortar la hemorragia.

La energía nuclear, la gran panacea de los años 50 del siglo XX, ha quedado hoy anticuada. Es una tecnología típica de la mentalidad del siglo XIX: Calentar agua para producir vapor que mueve unos émbolos (las locomotoras de vapor, los motores Otto y Disel) o unas turbinas que luego pueden generar electricidad. En ese sentido son más racionales los molinos de viento, en los cuales la turbina la mueve el viento generando electricidad sin necesidad del paso intermedio del vapor de agua.

Cuando se descubrió que los enlaces entre protones y neutrones en el núcleo del átomo eran inmensamente más fuertes que los enlaces químicos entre átomos cargados, entre iones, se pensó, ¿como no? en utilizar esa inmensa energía para fines humanos. Pero hemos descubierto hoy que solo podemos utilizarla mediante los isótopos radiactivos de esos núcleos. Los isótopos "normales" están demassiado bien enlazados para ello. Sin embargo estos isótopos que podemos utilizar son radiactivos, y los productos de desecho de las reacciones nucleares, los que no se convierten en calor, hacen radiactivos, con sus impactos, los materiales de los contenedores de los reactores.

Adicionalmente a ésto, las fuentes de uranio en la Tierra son escasas, tan escasas que de llegar a aceptar la propuesta de los que favorecen la energía nuclear de que 1/3 de la energía en el planeta se obtenga del uranio, de que se moten 10.000 centrales nucleares, aquel se agotaría en una generación de las mismas: Habríamos invertido una inmensa cantidad de dinero en el equivalente de pisos o coches: En algo sin continuidad, sin sostenibilidad.

Por otro lado las centrales nucleares pueden sufrir accidentes, algo imposible en los molinos de viento a la escala de una central nuclear, o en cualquier tamaño de centrales fotovoltaicas o solares térmicas. Pero el seguro de accidentes no lo pagan los dueños de las centrales. No hay compañía de seguros que se arriesgue asegurando una central nuclear, de manera que el seguro de accidentes corre a cargo de los estados, es decir, de los ciudadanos, de los contribuyentes, de la misma manera que los contribuyentes tienen que pagar los Consejos de Seguridad Nucleares, y, como en España, 6.000 millones de euros para ver que se hace con los residuos radiactivos.

El argumento básico de los proponentes de la energía nuclear es que ésta es hoy "barata" (sin contar el seguro y los residuos). Hoy es barata porque durante casi 40 años, gracias a la guerra fría, los estados del mundo invirtieron el dinero de los contribuyentes, muchas veces tirado en proyectos locos, en abaratarla. Si se hubiese invertido un décimo de aquel dinero en las energías solares y el hidrógeno, éstas serían hoy mucho más baratas que los combustibles fósiles.

Aún estamos a tiempo de conseguir ésto. Un proyecto "Manhattan" para abaratar las celdas fotovoltaicas y para generar hidrógeno puede, sin lugar a dudas, lograr que aquellas sean dentro de 10 años más baratas que la gasolina, y que toda su energía pueda ser convertida en hidrógeno.

Si insistimos con fuerza y con rigor podemos conseguir ese "Proyecto Solar".

¿Lo hacemos?

15:27 | gestionado por Antonio Ruiz de Elvira | Enviar comentario (18)

Copiada de

http://www.mitosyfraudes.org/about.html

MIEMBROS DE FAEC

EDUARDO FERREYRA

Presidente

Cinco años de estudios secundarios en el Liceo Militar Gral. Paz de Córdoba, egresando como Subteniente de Infantería.

Cursó tres años de Ingeniería Mecánica Aeronáutica en la Universidad Nacional de Córdoba. Luego estudió Arte Publici-tario en el Art Students League, de New York y de regreso a su patria dedicó años a la actividad en el campo de la publi-cidad, la fotografía técnica y científica, y a la producción de filmes publicitarios y documentales para la TV.

Ello le llevó a realizar una larga expedición a la selva del Amazonas en 1970, donde descendió el Río Amazonas desde Iquitos, Perú, hasta Manaus, Brasil. Allí fue invitado por el gobierno del Brasil a participar y filmar un curso de Supervi-vencia en la Selva y Lucha Anti Guerrillera en las instalacio-nes del COSAC (Centro de Operaçoes na Selva e Açoes de Commando), del Ejército Brasileño.

Posteriormente se desempeñó como Director en Canteras Malagueño SAICF, la empresa de canteras y fábrica de cal de su familia, cubriendo diversas funciones relacionadas con las Relaciones Públicas, Publicidad, y Computación.

Al mismo tiempo colabaró con su hermano, el investigador científico en Neurofisiología y profesor de la Universidad Nacional de Córdoba, Dr. Horacio Ferreyra, en el Instituto de Investigaciones Médicas quot;Mercedes y Martín Ferreyraquot; de Córdoba, ayudando en las áreas de electrónica y fotogra-fía científica.

En Enero de 1980 realizó una expedición a una tribu de indios Jíbaros del Río Wichimi, en el Amazonas Ecuatoriano, sobre la frontera con Perú, en compañía de César Miranda, Profesor Emérito de la Uni-versidad Nacional de Córdoba, donde hicieron investigaciones que llevaron a la conclusión de que los Jívaros son oriundos de la isla de Okinawa, Japón. Esta teoría debería ser probada mediante el análi-sis genético de los cromosomas de Jíbaros y pobladores de Okinawa.

En 1983 cubrió el puesto de jefe del Departamento de Traducciones Técnicas de la compañía cana-diense AECL (Atomic Energy of Canada, Ltd.) durante la etapa de Puesta en Marcha del Reactor Nuclear de Embalse, en la Provincia de Córdoba, Argentina. En 1984 pasó a CONARCAN, Consorcio Argentino Canadiense encargado de la construcción del complejo hidroeléctrico Piedra del Águila, Michihuao, Pichi Picún Leufú, en la Patagonia, como traductor técnico.

En 1990 funda FAEC, Fundación Argentina de Ecología Cientfica, junto con un grupo de profesionales en los campos de las ciencias, del periodismo, la ingeniería, y la educación, preocupados por la pro-fusa desinformación existente en las ciencias relacionadas con el ambiente y riesgos para la salud.

En 1995 se radica en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, e inicia la construcción de una base de operaciones para turismo de Aventura y Ecológico en la región de Guarayos, plena selva del Amazonas Boliviano, contando con la inapreciable colaboración del Profesor César Miranda, otro miembro de FAEC, acompañando esporádicamente a personas que contratan expediciones de espe-cial complejidad, asesorando a los viajeros en temas de superviviencia, información etnológica y científica sobre especies animales y vegetales, como también sobre filmación y fotografía.

Entre otras actividades practicadas, se encuenrtan los deportes (golf, equitación y polo, tennis, natación, tiro al blanco [Campeón de los Juegos Interindustriales Argentinos 1969, carabina .22, 50 metros}, y paracaidsmo, actividad esta en la que obtuvo el 6º puesto en "Estilo" en el Campeonato Argentino de Paracaidismo de 1977). También es un reconocido coleccionista de armas y militaria. En 1998 inauguró el Restaurante y Pub inglés "Piccadilly" en la ciudad de Córdoba.

Requerido en varias oprtunidades para intervenir en política, prefirió mantenerse siempre en una línea de indepencia política, hallándose más cómodo, al igual que el resto de los miembros y colaboradores habituales de FAEC, en el papel de francotirador.

14:42 | gestionado por Antonio Ruiz de Elvira | Enviar comentario (9)