Un genial Sr. llamado
Ferreyra, Presidente de una asociación de Ecología
Argentina, FAEC, me devuelve un email que yo le había enviado,
insitiendo en que soy un “adoquín con o sin pelos”. A mí,
en vez de llamar a las personas adoquines, me gusta llamarlas genios.
La inania mental de algunos “contrarians”
Este Sr. me dice que
conoce bastante de economía, pues hizo un curso de la misma en
1960. No me dice si ha seguido leyendo economía, por lo que
me temo que su conocimiento de la misma esté algo anticuado,
pero acepto que quizás esté yo equivocado y haya él
leido mucho de la economía moderna.
En el mismo párrafo
habla de “sinvergüenzas con patente de científico”
que emiten “dogmas totalitarios”. Hay un dicho popular español,
y me imagino que argentino también, que dice “Cree el ladrón
que todos son de su condición”.
Continúa
mencionando que los físicos que modelamos el clima utilizamos
una sensiblidad (las centésimas de grado de aumento de la
Temperatura Media Global, TMG, ante un aumento de una ppm de CO2) que
hemos sacado de la nada. Desconoce este científico los
trabajos de Tyndall, en 1850, de Arrhenius, en 1898, y del resto de
investigadores: Ramanathan (1981), Schlesinger and Mitchell (1985),
Broecker, Manabe, Wetherald, y otros muchísimos. Recomiendo
leer el libro “Climate System Modeling”, editado por Kevin
Trennberth (CUP, 1989).
Cita el trabajo de un tal
Sherwood Idso. Este señor es licenciado en Física, con
un Master en Ciencias del Suelo y un doctorado, de nuevo en Ciencias
del Suelo. Este trabajo se publicó en “ Theoretical and
Applied Climatology“, con el título “Greenhouse Warming
or Little Ice Age Demise: A Critical Problem for Climatology”,
y por lo que he podido ver, no ha tenido continuación ni ha
sido citado en otros trabajos científicos, pero puedo estar
equivocado en mi revisión de la bibliografía. Este
Sherwood Idso es un personaje curioso. Preside un “Center for
the Study of Carbon Dioxide and Global Change“, del cual son
director y vicepresidente dos de sus hijos, algo muy extraño
en el mundo de la ciencia. Este instituto parece (pero puedo estar
equivocado) estar pagado por Exxon Mobil.
Parece ser que el Dr. en
Ciencias del Suelo, Sr. Idso, hizo una serie de experimentos en su laboratorio agronómico para determinar la sensibilidad
“directa” del sistema climático al aumento de la
concentración de CO2, según el genial Sr. Ferreyra (he
pedido el artículo, del que haré una recensión
en un par de semanas). Aunque no tengo ese artículo en la mano
estoy en un mar de dudas sobre como pudo determinar la sensibilidad
del sistema climático al CO2 en un laboratorio. El sistema
climático es un sistema complejo muy grande. El subsistema
esencial para conocer su sensibilidad al aumento de CO2 es el océano,
y no solo una pequeña capa de agua, sino todo el océano,
incluyendo las corrientes que se hunden hacia el fondo y la dinámica
de las olas. Esto no puede reproducirse en un laboratorio, por lo que
si el Dr. Idso fue capaz de determinar esa sensibilidad estamos ante
uno de los mayores genios de la física que en el mundo ha
habido.
Sigue el genial Sr.
Ferreyra diciendo que “mejor que los físicos, acerca de las
variaciones climáticas pasadas saben más los
paleoclimatólogos, los geólogos, los oceanógrafos,
los astrónomos, los astrofísicos, los biólogos,
y otros”. No entiendo por qué lo pueden saber mejor. En
todo caso igual, puesto que un físico puede haber estudiado
las variaciones climáticas pasadas exactamente igual que
cualquiera de estas otras especialidades, y añade a eso una
visión amplia de la ciencia de la naturaleza (física es
naturaleza en griego) que le permite relacionar unas cosas con otras,
unas especialidades con otras. Por cierto, que físicos son los
oceanógrafos, los astrónomos y los astrofísicos,
que son especialidades de la carrera de Ciencias Físicas.
Habla del gran mito de
los “contrarians”, el Palo de Hockey de Mann, sin haberse
enterado de que el propio Hans v. Storch corrigió sus
primeras críticas y que hoy día toda la comunidad
científica en activo en el campo del clima lo acepta sin más,
aparte de que se le han añadido las siguientes confirmaciones
por: Jones et al, Crowley and Lowery, Esper et al., Briffa et al. .
Afirma después que
“Ruiz de Elvira pretende revivir una tecnología solar que
sigue siendo la más cara e ineficiente hasta la fecha”.
Vayamos por partes:
Las celdas solares
de concentración diseñadas en el equipo del Prof.
Luque, de la Universidad Politécnica de Madrid, tienen hoy un
rendimiento del 33%. Si consideramos que el petróleo deriva
del metabolismo de animalillos que comieron vegetales que
sintetizaron hidrocarbonos hace 300 millones de años con una
eficiencia del 6%, y que de esos animalillos se ha perdido la mayor
parte, la eficiencia del petróleo es casi nula, y en
cualquier caso menor del 0.1%.
En cuanto a ser una
tecnología cara: ¿Cual es la definición de
“caro”? La he buscado en 10 libros de texto de economía,
y en al menos un centenar de artículos de la misma ciencia,
y no la he encontrado. Una cosa “cara” hoy puede ser muy barata
mañana. Un ejemplo: En los años 80 los ordenadores
eran “muy caros”, tan caros que IBM decidió que no le
valía la pena invertir en ese negocio. Entró en
bancarrota, y nunca ha vuelto a poder vender los ordena-dores que
ella misma inventó. Hoy día hay pocas cosas tan
baratas como un ordenador. Los coches eran tan “caros” a
principios del siglo XX que eran objetos de lujo, y hoy son
herramientas de trabajo. Las cosas son caras o baratas dependiendo
de la demanda de las mismas y de las ganas de los gobiernos de
ponerlas caras o baratas. Por ejemplo, la tecnología nuclear
es hoy relativamente barata porque los gobiernos del mundo pusieron
tanto dinero de los contribuyentes para hacerla barata que hoy lo
es. Pero puede hacerse inmensamente cara en el momento en que los
gobiernos decidan exigir a las compañías eléctricas
el seguro de accidentes que hoy pagan esos gobiernos. Si una
tecnología es necesaria, en ese mismo momento se hace barata,
y cara si es innecesaria.
Escribe, a continuación,
el genial Sr. Ferreyra, que “como físico debería
usted saber de la concentración y de la difusion de la
energía”. Pues no, no lo se. En física, en la
ciencia de la naturaleza, no se estudia esa concentración, no
tiene medida ni concepto, no hay una unidad que mida watios/(metro
cuadrado), y además si la hubiese no serviría para
nada. Para mover una máquina solo necesitamos potencia
(watios), que, empleada un cierto número de segundos, genera
un trabajo, una energía. Es indiferente que esa potencia se
consiga en un litro o en un metro cúbico. La energía
solar se puede emplear directamente en las viviendas, si está
instalada en fachadas y tejados. Se puede acumular como agua u otros
líquidos calientes, o como calor en cerámicas de alta
densidad. Y se puede emplear para hidrolizar el agua y generar
hidrógeno, que es energía acumulada como la de la
gasolina, pero que al recombi-narse con el oxígeno solo genera
vapor de agua. Para las necesidades industriales o de las ciudades
no necesitamos en absoluto la generación de potencia
concentrada, solo, en ciertos casos, su utilización, y en
esos casos podemos emplear el hidrógeno en cuanto esté
disponible. Si este genial Sr. Ferreyra me dice que hoy no lo está,
es claro y evidente. Pero en la civilización moderna lo que no
está disponible hoy lo está mañana. Solo en la
etapa pre-tecnológica, a la que querrían volver algunos
contrarians, lo que no había hoy, no lo había “nunca”.
Sigue escribiendo este
genio que es el Sr. Ferreyra que la energía nuclear no ha
recibido subvenciones. Yo empecé mi actividad professional
como físico trabajando en una empresa de diseño de
centrales nucleares. Esta empresa era estatal, y vivía del
dinero de los contribuyentes. Todas las centrales nucleares
españolas, y que yo sepa, argentinas, y francesas, se han
construido con dinero estatal. La empresa de electricidad francesa,
EDF es una empresa estatal, que se paga con el dinero de los
impuestos, y con enormes ventajas fiscales en su país. Me
gustaría ver si una empresa totalmente privada, que se hiciera
cargo del seguro de accidentes, montaría una central nuclear
hoy en cualquier país de Europa, o en cualquier estado de
EEUU. Insisto en el seguro de accidentes, porque hoy ese seguro
corre a cargo de los contribuyentes de los estados donde hay
centrales nucleares.
Sigue el genio del Sr.
Ferreyra rechazando los biocombustibles, ¡Porque hoy
cultivarlos no es rentable! Estamos de nuevo en lo caro y lo barato.
Este Sr., que estudió economía en 1960, no se ha
enterado de que los conceptos de caro y barato cambian con la rapidez
de las nubes, y lo que hoy es “caro”, mañana está
tirado, y lo que ayer era gratis (el agua, el aire) mañana
sera cada vez mas dificil de gestionar. Puesto que contaminar el
aire está generando problemas, pronto cultivar biomasa en los
barbechos resultará interesante para la economía de
cualquier país.
Necesitamos considerar
una economía dinámica, en evolución, en la que
no nos fijemos en los precios de hoy, sino en la evolución
de los precios, de los costes, de las ventajas e inconvenientes no
solo cada día, cada año, sino a lo largo de décadas
y siglos. Es ésta la economía que propongo, no el
decidir las políticas que afectan a los seres humanos a lo
largo de cientos de años mirando solo los “precios” (casi
siempre artificiales) de hoy.
Luego el genial Sr.
Ferreyra rechaza la idea de plantar árboles. No se que
propone el Sr. Ferreyra, quizá seguir deforestando el planeta.
No conozco personalmente Argentina, pero en España podríamos
plantar 10 millones de hectáreas de árboles en la
laderas de las colinas y montañas (por cierto, como me escribe
algo sobre los millones de hectáreas, para su conocimiento,
España tiene 50 millones de hectáreas. 10 millones de
hectáreas es lo que tienen las laderas de las colinas y
montañas españolas). Estos árboles generan
lluvia, fijan el suelo y capturan CO2. ¿Por qué tener
laderas desnudas si las podemos llenar de algo tan bello como los
árboles?
Acaba el genio, Sr.
Ferreyra, rechazando la inversión en nuevas tecnologías
para combatir el cambio climático. De nuevo demuestra este
hombre genial que se entera de poco de como funciona el mundo.
Pongamos algunos ejemplos.
1.- Tras unas decenas de
miles de años por las sabanas africanas y otros pagos, los
seres humanos descubrieron como capturar la energía solar
mediante fotosíntesis controlada, la agricultura: El
incremento de riqueza y bienestar fue espectacular. Tras otros
cuantos de miles de años, el ser humano descubrió la
energía solar fotosintética, pero ahora almacenada en
minas de carbón y pozos: De nuevo el incremento de riqueza fue
espectacular. No sabemos si hubo resistencia a la implantación
de la agricultura por los cazadores-recolectores. Sabemos de la
resistencia de los luditas, de los artesanos del siglo XIX a la
implantación de las nuevas tecnologías. Algunos seres
humanos se resisten siempre al cambio, se agarran a tecnologías
e ideas antiguas y obsoletas por miedo a lo nuevo.
2.- Pensemos en las minas
de carbon en Asturias y León. Para combatir el cambio
climático deben cerrarse. Las minas pierden dinero todos los
años, un dinero que pagamos todos los españoles
directamente en los Presupuestos del Estado. Es inmensamene más
útil, y mucho mas barato pagar a los mineros por no trabajar
que pagarlos para que bajen a la mina. Instalar una fábrica de
molinos de viento, o de energía de olas en Asturias y colocar
allí a los hijos de los mineros genera un trabajo rentable y
de futuro, completamente distinto del trabajo del minero.
3.- Pensemos en las
fábricas de coches. Si se introducen los coches de hidrógeno,
es preciso contratar ingenieros nuevos, que sepan de eso, construir
nuevas líneas de montaje, nuevas máquinas para las
nuevas líneas de montaje, nuevos talleres de reparación,
gasoductos para el hidrógeno, nuevas gasolineras, etc. Esto
exige inversiones. Pero hoy hay dinero más que sobra para
nuevas inversiones. El “gasto” en esas invesiones es trasladar
el dinero hacia los investigadores, los montadores, los reparadores,
los comerciales, etc., etc. Ese dinero vuelve al cabo de un muy
pequeño tiempo a las arcas de los bancos que lo han prestado
en el primer momento. El dinero solo desaparece cuando no se puede
utilizar en pagar sueldos o en vender unidades: En las guerras, en
los incendios, en los tsunamis, terremotos, ... Si el dinero se
emplea para pagar sueldos y para construir y fabricar bienes que se
venden y los que los venden compran otros bienes y pagan otros
sueldos, el dinero no desaparece. Las depresiones económicas
se han debido siempre a especulaciones imaginarias, a no dar trabajo
a los seres humanos. Nunca se ha perdido dinero generando bienes,
pagando sueldos.
Dice el genial Sr.
Ferreyra: “Fábricas de automóviles y camiones que
deberán encarecer sus productos por las nuevas normas
anti-CO2”. Si los productos son más caros, la gente pagará
más y ese más significará más dinero en
circulación que volverá en forma de sueldos más
altos de nuevo al circuito. Imaginemos el gasóleo en España
llega a 2 o más euros el litro. Se empezará a vender el
aceite de girasol para mover los coches. Eso generará mas
trabajo en los campos que producirá sueldos más altos
de manera que los campesinos comprarán más productos de
forma que los trabajadores que los produzcan los podrán vender
mejor. Los teóricos de la economía se aterrorizan de
las subidas de precios, pero no ha habido ninguna subida de precios
que haya empobrecido a ninguna población: Esto es pura
empiria. Es la falta de estímulo, es la falta de producción
lo que genera las depresiones.
Si a mí me llaman
“agorero” del cambio climático, ¿Cómo llamar
a los que predican el desastre si entramos en una era de una energía
muchísimo más abundante que la actual?
Los auténticos
profetas del desastre son aquellos que ven que viene la ola y dicen:
“No hagais nada: Si correis será peor” Los que hablamos
sobre el cambio climático no predicamos desastres: Solo
decimos que vemos la posibilidad de los mismos y que sabemos que
actuando adecuadamente esa posibilidad desaparece. A mí me
cuesta muchísimo trabajo ver que aumentando nuestra
disponibilidad de energía lo vayamos a pasar mal. Veo que mi
país se está desertizando. Veo que las costas han
desaparecido bajo millones de toneladas de hormigón,
esencialmente para nada. Veo que, como en el siglo XVII, la gran masa
de dinero que llega, hoy no de América, sino del norte de
Europa gracias al turismo, se invierte en actividades que no producen
de manera continua, sino que una vez invertido en ellas ya no vuelven
a producir: En edificios. Veo que cada vez llueve menos y se evapora
más agua. Y veo que la solución no solo no genera paro,
sino que al estimular nuevas empresas productivas, que generan
energía hora a hora, minuto a minuto, se generan nuevos
puestos de trabajo, que no desaparecen como desaparecen los puestos
de la construcción cuando ya no se pueden hacer más
casas.
Los autenticos profetas
del desastre son aquellos que dicen: “No pasa nada. No os
preocupeis. No tomeis precauciones”.
Seamos racionales: Sin
empobrecernos, busquemos nuevas fuentes de riqueza y combatamos
simultaneamente el cambio climático que es real y puede
producir problemas muy graves.