Muchos seres humanos no
están contentos con la realidad: Les parece fea, escasa, les
parece que falta algo. Buscan en la ciencia o en la religión
el misterio, lo desconocido. Cuando la gente viajaba, en el siglo
XIX, esperaba encontrar algo muy distinto, algo que .... ¿que
cambiase al ser humano? ¿que le diese ...?
¿Qué desea
el ser humano? Al fin y ala postre desea no morirse. Para una mayoría
de seres humanos la vida es fea porque se acaba. Y sin embargo, si
creamos deja de importar el que la vida sea finita. Vivimos entre
nuestros padres y nuestros hijos. La especie es esencialmente
infinita. Si dejamos algo para la especie, para la humanidad, si
recibimos algo de nuestros padres y dejamos algo a nuestros hijos, la
finitud de la vida, la muerte del individuo no importa: La vida cobra
de repente una belleza suma, mucho mayor que la imagen de una posible
vida eterna en el cielo, insegura e informe.
Se hacen telescopios
gigantes, se construye el LHC en el CERN, las iglesias
fundamentalistas se llenan, se compran todos los décimos
posibles de lotería, ...
La ciencia, en vez de ser
lo que es, la investigación de la realidad, se convietrte en
una búsqueda de lo irreal: Supercuerdas, espacios de 11
dimensiones, materia y energía obscuras.
La religión vuelve
a triunfar en el mundo: Se busca el cielo o el infierno, los ángeles,
la curación milagrosa del dolor, del cáncer, la vida
eterna.
Galileo fundó la
ciencia, y lo que fundó fue el estudio de la realidad, una
realidad que la teología, la astrología y la magia
rechazaban. Cuando vemos a un delfín o a un atún
nadando, a un águila planeando en el cielo, las piruetas de
las golondrinas, nos quedamos maravillados por sus movimientos. ¿Cómo
lo hacen, que leyes de la naturaleza, de la física, lo
permiten, lo favorecen? ¿Qué leyes de la física
permiten la formación de las maravillosas nubes de tormenta, y
de sus colores según va variando la altura del Sol? ¿Cómo
llega la influencia de la evaporación del agua en el Pacífico
hasta las costas españolas? ¿Cómo puede ser que
una ola generada en la Antártida llegue sin cambiar al
Ártico? La naturaleza real, la que vemos, está llena de
belleza que podemos explicar sin necesidad de llamar a seres
sobrenaturales, a piedras filosofales o a milagros. Para encontrar
la belleza, para vivir con estímulo, no necesitamos el
misterio, el big-bang, la materia obscura, las 11 dimensiones, ....
. La ciencia de lo real es mucho más bella que esa ciencia
del misterio, de lo ignoto, que es la que hoy día representa a
la “ciencia”.
En vez de trabajar duro,
la gente gasta su dinero en loterías, bingos, primitivas, para
ver si consigue dinero jugando en vez de trabajando. Las chicas
jóvenes quieren ser modelos, estrellas de cine, de TV, los
muchachos, Alonsos, Nadales: Triunfos rápidos sin dar ni
clavo. Triunfos efímeros, sin creación.
Cuando la belleza está
en esa creación, en el trabajo duro, en la investigación
de la realidad, una cierta mayoría de seres humanos quiere lo
que no hay, busca el espejismo en la macro-ciencia, en la
pseudo-ciencia, en las religiones. Religiones y ciencia misteriosa
llaman ambas a la huida de la realidad. ¿Qué quiere el
americano del “middle west”, el árabe de la Península
arábiga, el clérigo de las planicies de Persia? Todos
ellos quieren otro mundo en éste. En vez de aceptar la
realidad y trabajar en ella, quieren otra realidad. En vez de aceptar
la belleza real, quieren imponer una belleza inexistente.