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martes, 25 de diciembre de 2007

He estado viendo hoy la película “Tierra”, el último documental de la BBC. La película tiene varias lecturas. La primera es su tremenda belleza. Aunque hay “gente pa tó”, críticos de arte que ya no saben que decir, filósofos que trabajan la estética que buscan no repetir lo que otros han dicho, el arte es, en lo más profundo, la búsqueda de la belleza en la naturaleza, como lo es la ciencia. En ese sentido “Tierra” es una obra de arte, y una obra de arte bellísima. Vale la pena verla por su belleza.



La segunda lectura es que, evidentemente, los directores eligen, para la película, unas escenas y no otras: Esto es el arte. Eligen la naturaleza. Es evidente que los seres humanos, como cualquier otra especie invasora, estamos cambiando el planeta. Lo podemos cambiar en una dirección agradable, o en otra desagradable. Hay una corriente de opinión entre los seres humanos, representada en España por “Libertad Digital”, y de la que me dieron cuenta unos muchachos de un colegio de pijos de La Moraleja, que considera a la naturaleza exclusivamente como un lugar para sus caprichos, algo que ensuciar para que los criados lo limpien, que considera el mundo como propiedad privada. Es el pensamiento heredero de “Creced, multiplicaos, llenad la tierra y todo lo que hay en ella será de vuestro dominio”. Esta filosofía es la que ha llenado las costas del este y del sur de España de una ciudad interminable, en la que las únicas diversiones son beber, bailar y hacer ruido. (En mis veranos en un pueblo marinero del sur de España, nado con mi hijo 2 kilómetros diarios, en el mar, entre las olas. En 20 días de vacaciones nunca hemos visto a ninguna otra persona que nade más de 100 metros ni a más de 5 metros de la orilla: La diversión de miles de personas se queda entre esas mismas personas, en ese bailar, beber y hacer ruido). El ser humano disfruta de si mismo, ignorando olímpicamente no solo a sus compañeros de aventura vital, sino incluso al paisaje en donde se mueve.

En Libertad Digital, el núcleo de los que rechazan cuidar la Tierra, desconocen que en este mundo nos necesitamos todos a todos. No solo cada ser humano necesita a todos los demás, sino que los seres humanos necesitamos al resto de los seres vivos del planeta, y los necesitamos simplemente para sobrevivir.

Por otro lado, ¿es tan horrible lo que sugiero una y otra vez, el cuidar el planeta y el cambiar de fuente de energía? En el debate de Antena 3, en el que estuvo el Director de la Fundación Juan de Mariana (más o menos Libertad Digital) y el geógrafo Antón Uriarte, ambos a dos se despacharon a gusto sobre las bondades del carbón como fuente de energía. Yo, sencillamente, no las veo. Parece ser que para ellos la calidad de vida se centra en aumentar el número de indivíduos de la especie humana, y en darles energía mediante el sucio y maloliente carbón. Frente al carbón, al petróleo que al quemarse genera contaminación y óxidos de nitrógeno, a la carísima energía nuclear (hay que incluir el seguro de accidentes en el precio), ¿qué desventajas ve esta gente en las celdas solares, en los molinos de viento, en la fuerza de las olas, en los biocombustibles cultivados en tierras marginales, en las torres solares? A estas fuentes de energía solo pueden oponer que “son caras”. Pero el concepto de caro y barato es irreal y difícil de especificar. En los años '80 IBM entró en bancarrota porque, al considerar que los ordenadores siempre serían caros, dejó de la lado su fabricación. Los ordenadores que “eran caros” se hicieron tan baratos que hoy son casi como la peste. ¿De donde puede salir el rechazo frontal de la gente de Libertad Digital a la energía solar? No puede ser de las consideraciones de caro o barato, que no existen en la realidad más profunda. ¿De donde sale ese rechazo?

El medio ambiente es nuestra casa, y los seres vivos nos necesitamos todos unos a otros. Cooperar es siempre muchísimo más eficaz, da muchísimo más dinero para todos, que competir, que luchar, que guerrear.

¿Por qué no aceptamos al medio ambiente?

16:22 | gestionado por Antonio Ruiz de Elvira | Enviar comentario (4)

Muchos seres humanos no están contentos con la realidad: Les parece fea, escasa, les parece que falta algo. Buscan en la ciencia o en la religión el misterio, lo desconocido. Cuando la gente viajaba, en el siglo XIX, esperaba encontrar algo muy distinto, algo que .... ¿que cambiase al ser humano? ¿que le diese ...?

¿Qué desea el ser humano? Al fin y ala postre desea no morirse. Para una mayoría de seres humanos la vida es fea porque se acaba. Y sin embargo, si creamos deja de importar el que la vida sea finita. Vivimos entre nuestros padres y nuestros hijos. La especie es esencialmente infinita. Si dejamos algo para la especie, para la humanidad, si recibimos algo de nuestros padres y dejamos algo a nuestros hijos, la finitud de la vida, la muerte del individuo no importa: La vida cobra de repente una belleza suma, mucho mayor que la imagen de una posible vida eterna en el cielo, insegura e informe.

Se hacen telescopios gigantes, se construye el LHC en el CERN, las iglesias fundamentalistas se llenan, se compran todos los décimos posibles de lotería, ...


La ciencia, en vez de ser lo que es, la investigación de la realidad, se convietrte en una búsqueda de lo irreal: Supercuerdas, espacios de 11 dimensiones, materia y energía obscuras.

La religión vuelve a triunfar en el mundo: Se busca el cielo o el infierno, los ángeles, la curación milagrosa del dolor, del cáncer, la vida eterna.

Galileo fundó la ciencia, y lo que fundó fue el estudio de la realidad, una realidad que la teología, la astrología y la magia rechazaban. Cuando vemos a un delfín o a un atún nadando, a un águila planeando en el cielo, las piruetas de las golondrinas, nos quedamos maravillados por sus movimientos. ¿Cómo lo hacen, que leyes de la naturaleza, de la física, lo permiten, lo favorecen? ¿Qué leyes de la física permiten la formación de las maravillosas nubes de tormenta, y de sus colores según va variando la altura del Sol? ¿Cómo llega la influencia de la evaporación del agua en el Pacífico hasta las costas españolas? ¿Cómo puede ser que una ola generada en la Antártida llegue sin cambiar al Ártico? La naturaleza real, la que vemos, está llena de belleza que podemos explicar sin necesidad de llamar a seres sobrenaturales, a piedras filosofales o a milagros. Para encontrar la belleza, para vivir con estímulo, no necesitamos el misterio, el big-bang, la materia obscura, las 11 dimensiones, .... . La ciencia de lo real es mucho más bella que esa ciencia del misterio, de lo ignoto, que es la que hoy día representa a la “ciencia”.


En vez de trabajar duro, la gente gasta su dinero en loterías, bingos, primitivas, para ver si consigue dinero jugando en vez de trabajando. Las chicas jóvenes quieren ser modelos, estrellas de cine, de TV, los muchachos, Alonsos, Nadales: Triunfos rápidos sin dar ni clavo. Triunfos efímeros, sin creación.

Cuando la belleza está en esa creación, en el trabajo duro, en la investigación de la realidad, una cierta mayoría de seres humanos quiere lo que no hay, busca el espejismo en la macro-ciencia, en la pseudo-ciencia, en las religiones. Religiones y ciencia misteriosa llaman ambas a la huida de la realidad. ¿Qué quiere el americano del “middle west”, el árabe de la Península arábiga, el clérigo de las planicies de Persia? Todos ellos quieren otro mundo en éste. En vez de aceptar la realidad y trabajar en ella, quieren otra realidad. En vez de aceptar la belleza real, quieren imponer una belleza inexistente.

5:50 | gestionado por Antonio Ruiz de Elvira | Enviar comentario (11)