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viernes, 14 de diciembre de 2007

Estuve ayer en un debate en Antena 3 TV, con personas inteligentes y otras que no lo parecían. Los contrarians se cubren de gloria con las opiniones que emiten.



En particular hay dos tipos de opiniones: Uno de ellos son aquellas que se ocupan tan solo del presente, rechazando cualquier interés por el futuro. Estos opinantes solo son capaces de hablar de lo que ha ocurrido hasta hoy. Rechazan cualquier interés por el futuro. Son el equivalente de los brokers, de los jugadores de bolsa, de aquellos que compran y venden al segundo, sin interesarse por la creación de riqueza, el único papel que realmente juegan las empresas en la sociedad. Como ya he dicho en otros blogs, es la vida animal llevada al extremo. Es vivir como los pollos o las gallinas: Si hay grano, como, si no, muero. ¡Qué pena de formas externas humanas sin la inteligencia humana!

La segunda es la incapacidad sistémica para entender la economía: Uno de los contrarians se despachó a gusto diciendo que el Protocolo de Kyoto había “costado” miles de millones de euros. Dejando aparte que esas cantidades de dinero no se han intercambiado por ninguna parte, si lo hubieran hecho lo único que habría ocurrido hubiera sido que habría pasado de unas manos a otras, de unos bancos a otros, de unas empresas a otras. De ninguna manera habría desaparecido como desaparece un trozo de carbón, un litro de petróleo, un metro cúbico de gas quemados.

Es inmensamente urgente que los economistas definan de una vez por todas el significado de “coste”. Hasta ahora solo interpretan “coste” como coste de oportunidad. Es decir: el empleo del dinero en una actividad o en otra. Si la única definición de “coste” es el coste de oportunidad, pierde completamente todo su significado, pues si es así, coste para unos significa ganancia para otros. Si emplear dinero en la feria es “coste”, recibirlo por los feriantes es “ganancia”.

Antes de hablar, estos economistas deberían de ser capaces, como buenos científicos que son, de definir con precisión (limitada, pero con cierta precisión al menos) los términos que utilizan.

Si nos fijamos bien y, en vez de “coste”, utilizamos los términos -ganancia- y -pérdida-, veremos que el dinero, como medida de la energía, ni se crea ni se destruye, pero la riqueza si se degrada, como la energía en una máquina térmica. Capturar energía de los tres únicos sitios de donde viene: El sol (el 99.xxxx%), el uranio (0.xxx%) y las reacciones nucleares en la corteza terrestre, es decir, la energía geotérmica (0.00xxxx%), significa incrementar la riqueza, introducir ganancia en la sociedad. Utilizar dicha energía significa, como en cualquier proceso físico, degradarla, aumentar la entropía, perder la capacidad de utilizarla: es la pérdida. Quemar combustibles, fisionar el uranio, es degradar su energía. Utilizar la solar es, al menos, utilizar algo que de otra forma se reemite de nuevo hacia el espacio: Es utilizar algo que si no se utiliza, se pierde.

¿Podríamos hablar alguna vez con precisión?

3:18 | gestionado por Antonio Ruiz de Elvira | Enviar comentario (13)