Estuve ayer en un debate
en Antena 3 TV, con personas inteligentes y otras que no lo parecían.
Los contrarians se cubren de gloria con las opiniones que emiten.
En particular hay dos
tipos de opiniones: Uno de ellos son aquellas que se ocupan tan solo del
presente, rechazando cualquier interés por el futuro. Estos opinantes solo son
capaces de hablar de lo que ha ocurrido hasta hoy. Rechazan cualquier
interés por el futuro. Son el equivalente de los brokers, de
los jugadores de bolsa, de aquellos que compran y venden al segundo,
sin interesarse por la creación de riqueza, el único
papel que realmente juegan las empresas en la sociedad. Como ya he
dicho en otros blogs, es la vida animal llevada al extremo. Es vivir
como los pollos o las gallinas: Si hay grano, como, si no, muero.
¡Qué pena de formas externas humanas sin la inteligencia
humana!
La segunda es la
incapacidad sistémica para entender la economía: Uno de
los contrarians se despachó a gusto diciendo que el Protocolo
de Kyoto había “costado” miles de millones de euros.
Dejando aparte que esas cantidades de dinero no se han intercambiado
por ninguna parte, si lo hubieran hecho lo único que habría
ocurrido hubiera sido que habría pasado de unas manos a otras,
de unos bancos a otros, de unas empresas a otras. De ninguna manera
habría desaparecido como desaparece un trozo de carbón,
un litro de petróleo, un metro cúbico de gas quemados.
Es inmensamente urgente
que los economistas definan de una vez por todas el significado de
“coste”. Hasta ahora solo interpretan “coste” como coste de
oportunidad. Es decir: el empleo del dinero en una actividad o en
otra. Si la única definición de “coste” es el
coste de oportunidad, pierde completamente todo su significado, pues
si es así, coste para unos significa ganancia para otros. Si
emplear dinero en la feria es “coste”, recibirlo por los
feriantes es “ganancia”.
Antes de hablar, estos
economistas deberían de ser capaces, como buenos científicos
que son, de definir con precisión (limitada, pero con cierta
precisión al menos) los términos que utilizan.
Si nos fijamos bien y, en
vez de “coste”, utilizamos los términos -ganancia- y
-pérdida-, veremos que el dinero, como medida de la energía,
ni se crea ni se destruye, pero la riqueza si se degrada, como la
energía en una máquina térmica. Capturar energía
de los tres únicos sitios de donde viene: El sol (el
99.xxxx%), el uranio (0.xxx%) y las reacciones nucleares en la
corteza terrestre, es decir, la energía geotérmica
(0.00xxxx%), significa incrementar la riqueza, introducir ganancia en la sociedad. Utilizar dicha energía
significa, como en cualquier proceso físico, degradarla,
aumentar la entropía, perder la capacidad de utilizarla: es la pérdida.
Quemar combustibles, fisionar el uranio, es degradar su energía.
Utilizar la solar es, al menos, utilizar algo que de otra forma se
reemite de nuevo hacia el espacio: Es utilizar algo que si no se
utiliza, se pierde.
¿Podríamos
hablar alguna vez con precisión?