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viernes, 07 de diciembre de 2007

He estado leyendo hoy sobre los problemas que tenía Boltzmann con los que le rodeaban, incluso con los científicos de su tiempo, que no conseguían entender sus ideas acerca de la entropía. El problema era, entonces como ahora, que hay quienes piden demasiado a la ciencia. El ser humano ansía seguridad. Los amantes se dicen ”¿Me quieres realmente?¿Me querrás siempre?”, los empleos deben de ser para siempre, las ideas no pueden cambiarse. El triunfo de las religiones es que ofrecen dogmas fijos, “verdades” eternas. La ciencia, por otro lado, solo ofrece un método de trabajo, una progresión hacia la realidad, pero no ofrece nunca seguridad. Esto, que es la inmensa belleza de la ciencia, es su mayor desventaja ante los ojos de quienes quieren otra cosa.

En un sistema de muchas partículas (por ejemplo, de 10**20 partículas (**20 indica “elevado a 20”)) el número de posibilidades de que la energía esté repartida casi por igual entre ellas es de 10**(10**20): un número mayor que cualquier otro en el universo, mayor que su tamaño en picometros, mayor que su edad en picosegundos, mayor que el número de quarks que pueda tener. Pero no es infinito. Es posible que en una fracción de picosegundo toda la energía se concentre en una única partícula y que las demás queden, durante ese picosegundo, paradas. Es una posibilidad, altísimamente improbable, pero es una posibilidad y no podemos rechazarla. La ciencia no habla de seguridades como la religión, solo puede darnos probabilidades.

Pero al hacer ésto, hace mucho más que cualquier otro esquema posible de pensamiento: nos ofrece una seguridad máxima, no infinita, pero si máxima, acerca del mundo que somos nosotros y que nos rodea. Es máxima porque cualquier otro esquema de pensamiento no hace más que engañarnos: Al postular seguridad y verdades eternas está, de manera evidente, produciendo un error en nuestras mentes, puesto que es claro que ni seguridad ni eternidad existen.

La ciencia, con todas sus limitaciones, es el único esquema, con el arte, que nos dice algo real, inseguro pero real, acerca del mundo.

El problema de los escépticos sobre el cambio climático, de los escépticos convencidos, no de aquellos que lo niegan por intereses económicos, es que ansían una nueva religión, una seguridad que la ciencia no puede dar. Niegan la realidad que se abre ante sus ojos sencillamente porque en vez de seguridad solo ofrece probabilidad.

Pero ¡qué mundo tan aburrido sería ese que ofreciera seguridad sobre todo lo que hay en el! El mundo real ofrece aventura, búsqueda, investigación. Ofrece inseguridad.

¡Estudiémoslo!


5:13 | gestionado por Antonio Ruiz de Elvira | Enviar comentario (4)